COMENTARIO

 Esd 6,16-18 

A pesar de ser un momento culminante en la trama del libro, la Dedicación del Templo es descrita de manera sucinta, sobre todo si se compara con la Dedicación hecha por Salomón según 2 Cro 5,1-7,22. Probablemente se quiere así poner de manifiesto que no se trata de un nuevo Templo, sino que es continuación del que ya existía. En cambio, para legitimar la novedad del altar y aun del Templo, en 2 M 1,18-36, atribuyendo su construcción a Nehemías, se recuerda una tradición distinta.

El texto de Esdras evoca con gusto la generosidad de las ofrendas de los israelitas. En la tradición cristiana, la ceremonia de la Dedicación ha quedado presente en la Dedicación de las Iglesias, y los pastores no han dejado de alentar a los fieles para que presentaran ofrendas espirituales adecuadas: «Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella. ¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos» (S. Cesáreo de Arlés, Sermones 229,3).

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