COMENTARIO
Las genealogías en la Biblia tienen entre otras funciones la de mostrar la importancia de un personaje. A veces se incluyen al hablar de su nacimiento (Gn 11,10-32; Mt 1,1-17) o al inicio de su misión (Ex 6,14-27; Jdt 8,1; Lc 3,23-28), como en este caso (vv. 1-5), donde se indica que Esdras es del linaje de Aarón y, por tanto, sacerdote. Así lo llamará el texto en numerosas ocasiones (cfr 10,10.16; Ne 8,2.9, etc.). Pero de él también se dice que era «escriba experto en la Ley de Moisés» (v. 6). De ahí que otras veces se le denomine simplemente como «Esdras, el escriba» (Ne 8,1.4.5.13, etc.), o sacerdote y escriba al mismo tiempo (7,11.12.19, etc.). Probablemente el título de escriba hace referencia a su papel de consejero y secretario del gobierno persa para asuntos judíos y también a que era especialista en los textos y tradiciones judaicas. Así pues, con Esdras comienza a tener enorme influencia en el pueblo judío la figura del sacerdote experto en la Ley, y a comprenderse ésta como un conjunto de prescripciones escritas en unos libros. Esta figura se había desarrollado en el destierro y ahora va a imponerse sobre todo el judaísmo. Por eso, la tradición posterior señalará a Esdras como el primer recopilador de los libros sagrados, el primero en hacer un canon bíblico.
Esdras se sintió movido por Dios a enseñar y hacer cumplir en Israel la Ley del Señor, y para ello comenzó por reunir en torno a sí un grupo de personas que lo acompañasen a Jerusalén, y por solicitar el permiso del rey persa para llevar a cabo su proyecto. Lo logró gracias a la protección de Dios: en dos ocasiones se dice que «la mano del Señor estaba con él» (vv. 6 y 9). Y Dios le prestó su ayuda porque vio la rectitud de su intención: «Esdras tenía bien dispuesto su corazón para buscar la Ley del Señor» (v. 10). La misma idea se repite más adelante: «La mano de nuestro Dios está sobre los que lo buscan para hacer el bien» (8,22). San Beda comenta que «uno se hace idóneo para acercar a otros a Dios mediante su doctrina, cuando primero él mismo se fortalece interiormente con su gracia para hacer frente a todo lo que se opone a esta santa tarea» (In Esdram et Nehemiam 1,10). En la tradición cristiana la figura de Esdras es contemplada en relación con Jesucristo: así como Esdras instruyó en la Ley de Moisés al pueblo de Dios, Jesús enseñó esa Ley y la llevó a la plenitud (cfr Mt 5,17).