COMENTARIO
Se acerca el momento de actuar. Holofernes organiza un banquete. Ella acude ataviada con sus mejores galas, pues la ocasión dispuesta por la providencia de Dios así lo aconseja. Al mismo tiempo mantiene interiormente una actitud de humildad y confianza en el Señor y se comporta en el festín con dominio y sobriedad. El texto da a entender que Holofernes y sus ministros acostumbraban a comer recostados sobre pequeños lechos o divanes cubiertos de pieles, según un uso reprobado por los profetas (cfr Am 6,4; Ez 23,41). En cambio Judit se recuesta sobre unas pieles extendidas directamente en el suelo. Es un detalle de austeridad en medio de un ambiente relajado y sensual. «¿Qué diré de la sobriedad? (…) Pues si Judit hubiese bebido, habría dormido con el adúltero, pero como no bebió, la sobriedad de una sola pudo, sin dificultad, vencer y ganar a los ejércitos ebrios» (S. Ambrosio, De viduis 7,40). En cambio, Holofernes bebió hasta perder el sentido. Se presentaba así ante Judit la ocasión providencial para resolver la difícil situación en que se encontraba su pueblo. Antes de ejecutar su propósito dirige a Dios una breve oración. No hay en ella ningún sentimiento de odio o de venganza, sino sólo la conciencia de actuar en defensa del pueblo elegido y por la glorificación de Jerusalén. Sus palabras recuerdan las de los Salmos de lamentación nacional (cfr Sal 79,6-7; 83,10-15). Una oración parecida, pero más extensa, se encuentra en Si 36,1-17.
Judit emplea para cortar la cabeza a Holofernes su «alfanje». El texto griego habla de akinake, espada de origen persa, corta, que llevaban a la cintura los arqueros y las tropas ligeras. El relato presenta un cierto paralelismo con los episodios de la muerte de Sísara (Jc 4,21) y de Goliat (1 S 17,49-51), en que los poderosos que confían en sus propias fuerzas caen derrotados ante los débiles que sólo cuentan con el apoyo de Dios.
Antes de que descubran lo sucedido, Judit regresa a Betulia llevando la cabeza de Holofernes. Las palabras de bendición pronunciadas por Ozías (vv. 18-20) en las que alude a que ha herido la cabeza del enemigo, contienen una cierta referencia al protoevangelio (Gn 3,15).
También por este motivo, en la tradición cristiana se han subrayado las analogías entre Judit y María Santísima. Nótese el paralelismo entre la bendición de Ozías —«Bendita tú, de parte del Dios altísimo, hija, por encima de todas las mujeres de la tierra, y bendito Dios, que creó los cielos y la tierra» (13,18)— y la bendición de Santa Isabel —«Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre» (Lc 1,42)—. Sobre el uso del libro de Judit en la liturgia de las fiestas de Nuestra Señora véase la nota a 9,1-14.