COMENTARIO
Amán es el paradigma del enemigo de los judíos, a los que aborrece y combate con saña irracional. El texto sagrado lo presenta altivo y soberbio: se goza en recibir la adoración de la gente y se enfurece contra Mardoqueo porque no se digna doblar la rodilla ante él.
La reacción de Mardoqueo es de exquisita fidelidad a Dios —porque sólo a Él puede tributarse adoración—, y a la Ley mosaica, que prohibía dar culto a ninguna criatura (Ex 20,4). Con esta actitud Mardoqueo arriesgaba su posición social y aun su propia vida, pero prefirió poner la lealtad a Dios por encima de cualquier valor humano. También hoy, en la realidad de su vida concreta en medio del mundo, los miembros del pueblo de Dios se ven obligados a asumir en conciencia decisiones que necesariamente llamarán la atención en el ambiente paganizado en que viven y que tal vez les traigan dificultades. Pero no por eso han de retraerse de tener un comportamiento cabal: «Cuando está en juego la defensa de la verdad, ¿cómo se puede desear no desagradar a Dios y, al mismo tiempo, no chocar con el ambiente? Son cosas antagónicas: ¡o lo uno o lo otro! Es preciso que el sacrificio sea holocausto: hay que quemarlo todo…, hasta el “qué dirán”, hasta eso que llaman reputación» (S. Josemaría Escrivá, Surco, n. 34).
Conforme a la trama general del libro anticipada en el sueño de Mardoqueo, una vez presentados los protagonistas de la contienda, comienza a vislumbrarse la persecución que se abate sobre los judíos: la lucha entre los «dragones enormes» (1,1d) ya está planteada. Frente a frente se encuentran Amán y Mardoqueo. Amán es llamado «el agaguita» (v. 1), esto es, de la estirpe de Agag, el amalecita. Por su parte, Mardoqueo es hijo de Quis, de la tribu de Benjamín (2,5), lo mismo que Saúl (1 S 9,1-2). En el trasfondo de la confrontación late la victoria de Saúl sobre Agag, rey de los amalecitas, narrada en el primer libro de Samuel (cfr 1 S 15,7-9). Se deja abierto así un atisbo de esperanza. La lucha entre israelitas y amalecitas alude, de acuerdo con el género apocalíptico del relato, a la confrontación entre el pueblo de Dios y los poderes de este mundo.