1Est1aDurante el segundo año del reinado de Artajerjes el Grande, el primer día del mes de Nisán, Mardoqueo, hijo de Yaír, hijo de Semeí, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, tuvo un sueño. 1bMardoqueo era un varón ilustre que prestaba servicio en la corte del rey.
1cÉste fue el sueño:
Entre gritos, tumulto, truenos, terremotos y confusión en la tierra, 1davanzaron dos dragones enormes prestos a la lucha 1ey entablaron un gran combate por imponerse. Todas las naciones se reunieron 1fen un día de tinieblas y oscuridad, y hubo una enorme agitación entre los habitantes de la tierra; 1gy temiendo su propia ruina 1hclamaron a Dios. Al sonido de su clamor surgió una pequeña fuente que creció hasta convertirse en un gran río cuyo enorme caudal se desbordó. 1iDespuntaron la luz y el sol. Los humildes se alzaron y devoraron a los soberbios.
1kDespués de tener ese sueño Mardoqueo se levantó pensando qué querría Dios hacer; y su mente estuvo ocupada con este pensamiento hasta que le fue revelado.
1En tiempos del rey Asuero, que reinó en ciento veintisiete provincias desde la India hasta Etiopía, sucedió (2)que en aquellos días el rey Asuero, 2sentado sobre el trono de su reino en la ciudadela de Susa, 3el año tercero de su reinado, organizó un banquete presidido por él para todos sus príncipes y servidores, para los más fuertes de los persas y de los medos, para los nobles y los príncipes de las provincias, 4con el fin de mostrarles durante mucho tiempo —ciento ochenta días— la riqueza gloriosa de su monarquía y así enaltecer el esplendor de su grandeza.
5En los últimos días de aquellas fiestas el rey organizó en el patio del jardín del palacio real un banquete de siete días para todo el pueblo de la ciudadela de Susa, desde el más grande hasta el más pequeño. 6Colgaduras de lino blancas y violáceas que pendían de cordones de seda y púrpura estaban sostenidas por aros de plata en columnas de mármol. Sobre un pavimento de alabastro, mármol, nácar y mosaico habían colocado lechos de oro y plata. 7La bebida se ofrecía en diferentes recipientes de oro, y el vino del reino era tan abundante como la generosidad del soberano. 8Se bebía sin control, pues el rey había dispuesto que todos los mayordomos de su palacio sirvieran a cada uno lo que quisiera.
9Por su parte, la reina Vasti también organizó un banquete para mujeres en el palacio real del rey Asuero.
10El día séptimo, el rey, que tenía el corazón alegre por el vino, ordenó a Mehumán, a Biztá, a Jarboná, a Bigtá, a Abagtá, a Zetar y a Carcás, los siete eunucos que servían en la presencia del rey Asuero, 11que condujeran ante él a la reina Vasti engalanada con la diadema real, para así mostrar su belleza al pueblo y a los príncipes, pues era muy hermosa.
12Pero la reina Vasti declinó la llamada que el rey le hizo por medio de los eunucos. Entonces el rey se enfureció, se encendió en cólera, 13y consultó a los sabios conocedores de los tiempos, pues así se hacía con los asuntos reales: se consultaban a los conocedores de las disposiciones y de la jurisprudencia. 14Los más allegados a él, que ocupaban los primeros puestos en el reino, los únicos a los que estaba permitido contemplar el rostro del rey, eran Carsená, Séter, Admatá, Tarsis, Meres, Marsená y Memucán, los siete príncipes de Persia y de Media:
15—Según la ley, ¿qué debo hacer con la reina Vasti por no haber obedecido la orden que por medio de los eunucos le ha hecho el rey Asuero?
16Memucán respondió ante el rey y los príncipes:
—La reina Vasti no sólo ha faltado al rey, sino también a todos los príncipes y a todas las gentes que hay en las provincias del rey Asuero, 17pues la actitud de la reina se difundirá entre todas las mujeres, que se reirán de sus maridos diciéndoles: «El rey Asuero ha mandado a la reina Vasti acudir a su presencia y ella no ha ido». 18Además, hoy mismo, las mujeres de los príncipes persas y medos que hayan oído lo de la reina dirán lo mismo a todos los príncipes del rey, causándoles desprecio e irritación. 19Así pues, si le parece bien al rey, que se promulgue de su parte un edicto real de acuerdo con las disposiciones de los persas y de los medos, y con carácter inderogable, en el que se disponga que Vasti no vuelva a comparecer en la presencia del rey Asuero, y que el rey entregue su realeza a otra que sea mejor que ella. 20De este modo el decreto que el rey promulgue será conocido en todo su vastísimo reino y todas las mujeres honrarán a sus maridos, desde el más grande hasta el más pequeño.
21Esta propuesta agradó al rey y a los príncipes. Así que el rey hizo lo que Memucán había sugerido. 22Envió documentos a todas las provincias del reino, a cada provincia con su propia escritura y a cada pueblo en su lengua, para que todo varón fuera el que dominara en su casa y tuviera sometidas a todas las mujeres que estuvieran con él.
2Est1Después de estos sucesos, cuando se apaciguó la cólera del rey Asuero, éste se acordó de Vasti, de todo lo que le había hecho y de su decreto. 2Entonces los ministros del rey que estaban a su servicio dijeron:
—Que se busquen muchachas vírgenes y hermosas para el rey. 3Que se designen funcionarios en todas las provincias de su reino para que reúnan a todas las muchachas vírgenes y hermosas en la casa de las mujeres de la ciudadela de Susa, bajo el mando de Hegué, eunuco del rey, guardián de las mujeres; y que les ofrezcan lo necesario para el adorno. 4La muchacha que parezca más hermosa a los ojos del rey, reinará en lugar de Vasti.
Como esto pareció bien al rey, se hizo así.
5En la ciudadela de Susa se encontraba un hombre judío llamado Mardoqueo, hijo de Yaír, hijo de Semeí, hijo de Quis, varón benjaminita, 6que había sido deportado desde Jerusalén en el destierro en el que también marchaba Jeconías, rey de Judá, al que expulsó Nabucodonosor, rey de Babilonia. 7Mardoqueo había criado a Hadasá, es decir a Ester, una muchacha guapa y hermosa, hija de un tío suyo, a la que había adoptado como su hija cuando al morir sus padres ya no tenía padre ni madre.
8Cuando se promulgó el edicto ordenado por el rey, Hegué, el guardián de las mujeres, reunió a muchas jóvenes en la ciudadela de Susa. También Ester fue llevada por Hegué, al palacio real. 9La muchacha pareció bien a sus ojos y alcanzó su favor, por lo que se apresuró a darle lo necesario para el adorno y sustento, poniendo a su disposición siete doncellas de las más selectas del palacio real. A continuación la trasladó junto con sus doncellas al mejor sitio de la casa de las mujeres. 10Ester nada había dicho aún de su pueblo ni de su patria porque Mardoqueo le había mandado que no lo hiciera. 11Todos los días Mardoqueo se paseaba por delante del patio de la casa de las mujeres para enterarse de cómo estaba Ester y de qué le sucedía.
12Cuando le llegaba a cada muchacha el turno de presentarse al rey Asuero —al cabo de doce meses según lo dispuesto para las mujeres, ya que debían de cumplir un periodo de tratamiento de seis meses con aceite de mirra y de otros seis meses con aromas y ungüentos para mujeres— 13la muchacha se presentaba ante el rey con todo lo que había pedido que se le diera para llevarlo con ella desde la casa de las mujeres al palacio real. 14Por la tarde se dirigía al rey y por la mañana del día siguiente abandonaba su presencia para dirigirse a la segunda casa de las mujeres, que estaba a cargo de Saasgaz, eunuco del rey, guardián de las concubinas; y ya no volvía ante el rey a no ser que el rey se interesara por ella y fuese llamada por su nombre.
15Pero cuando a Ester, hija de Abijail, tío de Mardoqueo, a la que éste había adoptado como hija, le llegó el turno de comparecer ante el rey no pidió nada, sólo lo que dispusiera Hegué, el eunuco del rey, guardián de las mujeres. Ester encontraba gracia a los ojos de todos los que la veían. 16Fue conducida ante el rey Asuero en su palacio real en el mes décimo, esto es el mes de Tébet, del año séptimo de su reinado. 17Y el rey amó a Ester más que a todas las mujeres, y alcanzó más gracia y favor ante él que todas las vírgenes; así que impuso sobre su cabeza la diadema real y la hizo reinar en lugar de Vasti. 18El rey organizó un gran banquete para todos sus príncipes y servidores, el banquete de Ester. Con este motivo concedió exención de impuestos a las provincias y ofreció regalos con magnificencia real.
19Mardoqueo permanecía a la puerta del rey 20porque Ester no había hablado de su patria ni de su pueblo, tal como se lo había mandado Mardoqueo, ya que ella le seguía obedeciendo como lo había hecho cuando vivía con él.
21En aquel tiempo en que Mardoqueo permanecía a la puerta del rey, Bigtán y Teres, dos de los eunucos del rey, guardianes de la entrada, se enfadaron y tramaron echarle mano al rey Asuero. 22Mardoqueo, que supo de esto, se lo contó a la reina Ester, y ella se lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo. 23El asunto se investigó y se descubrió, por lo que los dos fueron colgados de un árbol, y se consignó por escrito ante el rey en el libro de las crónicas.
3Est1Después de todo esto el rey Asuero engrandeció a Amán, hijo de Hamdatá, el agaguita, lo encumbró y puso su sitial por encima de todos los demás príncipes. 2Todos los servidores del rey que estaban a su puerta se arrodillaban y se postraban ante Amán porque así lo había mandado el rey. Sin embargo, Mardoqueo no se arrodillaba ni se postraba. 3Los servidores del rey que estaban a su puerta dijeron a Mardoqueo:
—¿Por qué no cumples el mandato del rey?
4Y, a pesar de decírselo todos los días, no les hacía caso; así que decidieron contárselo a Amán para ver si las razones de Mardoqueo tenían fundamento, pues les había contado que él era judío.
5Cuando Amán vio que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se postraba ante él, se llenó de ira. 6Pero como le parecía poco echar mano únicamente a Mardoqueo, y además le habían hablado del pueblo de Mardoqueo, Amán buscó cómo exterminar a este pueblo, a todos los judíos que hubiese en el reino de Asuero.
7El mes primero, esto es, el mes de Nisán, del año duodécimo del reinado de Asuero se echó a pur, es decir, a suerte, delante de Amán qué día y qué mes deberían ser matados los judíos; y salió el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar. 8Amán dijo al rey Asuero:
—Hay un pueblo que se encuentra disperso y diseminado entre los demás pueblos de todas las provincias de tu reino; sus disposiciones son distintas de las de todos los pueblos y además no cumplen las decisiones del rey, por lo que no es justo que el rey los deje tranquilos. 9Si le parece bien al rey, se redactará la orden de eliminarlos, y entregaré diez mil talentos de plata en manos de los intendentes para que los depositen en las arcas reales.
10El rey se quitó el anillo de su dedo y se lo entregó a Amán, hijo de Hamdatá, el agaguita, el enemigo de los judíos, 11diciéndole:
—Tuya es la plata, y también ese pueblo para hacer lo que parezca bien a tus ojos.
12El mes primero, el día trece, los escribas fueron convocados para redactar todo lo que Amán ordenaba de parte del rey Asuero a los sátrapas del rey y a los gobernadores de cada provincia, así como a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia en su escritura propia y a cada pueblo en su lengua. Se escribió y se selló con el anillo del rey. 13A continuación, los mensajeros enviaron los documentos a todas las provincias del rey, con la orden de que en un solo día, el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, se exterminara, matara y eliminara a todos los judíos: jóvenes y ancianos, niños de pecho y mujeres; también ordenó que se expoliasen sus posesiones.
13aÉsta es la copia de la carta:
«El rey Artajerjes el Grande, a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias desde la India hasta Etiopía y a los oficiales bajo sus órdenes les escribe lo siguiente: 13bYo, que me he puesto al frente de muchas naciones y gobierno en todo el mundo sin dejarme arrastrar por el orgullo del poder, pues siempre lo hago con moderación y prudencia, he decidido que mis súbditos disfruten de una paz duradera en un reino tranquilo y seguro dentro de sus fronteras haciendo que se renueve entre todos los hombres la ansiada paz. 13cDespués de haber preguntado a mis consejeros cómo llevar a cabo este empeño, Amán, que ante nosotros es reconocido por su prudencia y apreciado por su entrega e intachable fidelidad, y que ha sido elevado a la segunda dignidad del reino, 13dme ha informado de que en medio de todas las razas del mundo se encuentra diseminado un pueblo hostil, cuyas leyes son distintas de las de los demás pueblos y que siempre incumple los decretos reales con la finalidad de frenar el programa de gobierno que estamos desarrollando con considerable éxito. 13eAsí pues, teniendo en cuenta que este pueblo es el único que se opone constantemente a toda la humanidad, de la que se distingue por vivir conforme a leyes extrañas, y que es contrario a nuestros intereses, y que comete los peores crímenes y trata de impedir la estabilidad del reino, 13fordenamos que el día catorce del mes duodécimo, esto es de Adar, del presente año, todas las personas que se les han indicado en las cartas de Amán, encargado de nuestros intereses y como un segundo padre para nosotros, todas, junto con sus mujeres e hijos, sean exterminadas de raíz mediante la espada de sus enemigos, sin piedad ni perdón alguno, 13gpara que esos malhechores, de antes y de ahora, desciendan con violencia en un solo día a los infiernos, y en lo sucesivo nos permitan un gobierno completamente estable y seguro. 13hEl que esconda a alguien de esa raza no tendrá derecho a seguir viviendo entre los hombres, ni siquiera entre las aves, y será quemado con un fuego sagrado; sus posesiones se incorporarán a las del reino».
14Con el fin de que se prepararan para ese día, el contenido del escrito se dio a conocer a todos los pueblos y obligaba a todas las provincias. 15Los mensajeros salieron apresuradamente con el mandato del rey y con la disposición promulgada en la ciudadela de Susa. Por su parte, el rey y Amán se sentaron para beber. La ciudad de Susa estaba perpleja.
15aTodos los pueblos organizaron un festín. El rey, Amán, y sus amigos, se entregaban a excesos en el palacio real.
15bLos judíos de todos los lugares en los que se hacía público el contenido del escrito prorrumpían en llanto y se lamentaban. 15cLos judíos invocaban al Dios de sus padres diciendo:
15d—Señor, Dios, Tú eres el único Dios arriba en el cielo,
y no hay ningún otro Dios fuera de ti.
15eSi hubiésemos cumplido tu Ley y tus preceptos,
viviríamos con paz y seguridad
durante toda nuestra vida.
15fPero ahora, por no haber cumplido tus preceptos,
nos ha sobrevenido esta gran tribulación.
15gSeñor, Tú eres justo, clemente, excelso y grandioso,
y todos tus caminos son justos.
15hAsí que ahora, Señor,
no entregues a tus hijos a la cautividad
ni a nuestras mujeres a la profanación
ni a la perdición,
ya que te has mostrado propicio con nosotros
desde Egipto hasta ahora.
15iTen misericordia de lo que más aprecias
y no entregues tu heredad a la infamia,
de modo que nos dominen nuestros enemigos.
4Est1Cuando Mardoqueo se enteró de todo lo sucedido, rasgó sus vestiduras, se vistió de saco y de ceniza, y recorrió la ciudad profiriendo grandes y amargos gritos 2hasta llegar ante la puerta del rey, pues no podía franquearla vestido de saco. 3Los judíos de todas las provincias y lugares a las que llegaba el mandato del rey con sus instrucciones hacían un gran duelo, ayunaban, lloraban y se lamentaban; saco y ceniza fueron lecho para muchos.
4Cuando las doncellas y los eunucos de Ester se lo contaron, la reina quedó sumamente consternada y envió ropa para que Mardoqueo se quitara el saco y se vistiera, pero él no la aceptó. 5Entonces Ester llamó a Hatac, uno de los eunucos que el rey había puesto a su servicio, y lo envió a Mardoqueo para enterarse de qué era lo que pasaba y por qué. 6Hatac se encontró a Mardoqueo en la plaza de la ciudad que estaba frente a la puerta del rey. 7Mardoqueo le contó todo lo que le había pasado y la cantidad de plata que Amán había prometido aportar a las arcas reales por eliminar a los judíos. 8También le entregó un ejemplar del escrito promulgado en Susa en el que se ordenaba exterminarlos, con el fin de que Hatac se lo mostrara a Ester y la convenciera de que debía presentarse ante el rey, ganar su favor e interceder ante él por su pueblo:
8a—Acuérdate —dijo— de tus días humildes, cuando te alimentabas de mi mano, porque Amán, el segundo del reino en dignidad, ha hablado al rey pidiendo nuestra muerte. Invoca al Señor, háblale de nosotros al rey y líbranos de la muerte.
9Hatac regresó y transmitió a Ester las palabras de Mardoqueo. 10Ester le dijo a Hatac que le contestara a Mardoqueo:
11—Todos los servidores del rey y la gente de las provincias del rey saben que hay una disposición que manda dar muerte a todo hombre o mujer que se presente ante el rey en su patio privado sin haber sido llamado, a no ser que el rey le tienda el cetro de oro para que viva. Y yo desde hace treinta días no he sido llamada para comparecer ante el rey.
12Cuando Mardoqueo conoció las palabras de Ester, 13ordenó que le respondiera:
—No pienses que aunque eres judía salvarás tu vida por estar en el palacio real; 14pues si te callas en esta ocasión, el alivio y la salvación para los judíos se alzarán desde otro lugar, y tú y la casa de tu padre serán eliminados. Además, ¿quién sabe si precisamente has alcanzado la dignidad real para una ocasión como ésta?
15Ester respondió a Mardoqueo:
16—Vete y reúne a todos los judíos que se encuentran en Susa y ayunen por mí. No coman ni beban durante tres días y sus noches, que también yo y mis muchachas ayunaremos así. Después me presentaré al rey haciendo caso omiso de las disposiciones: si he de perecer, que así sea.
17Mardoqueo fue e hizo todo lo que Ester le había mandado.
17aMardoqueo rasgó sus vestiduras, se ciñó un cilicio y se postró rostro en tierra junto con los ancianos del pueblo desde la mañana hasta la tarde, 17by dijo:
— Bendito eres, Dios de Abrahán,
Dios de Isaac y Dios de Jacob.
17c¡Señor, Señor Rey todopoderoso!,
todas las cosas están bajo tu poder,
y no hay quien pueda resistirse a tu voluntad
si decretas salvar a Israel.
17dTú hiciste el cielo, la tierra
y todas las maravillas que hay bajo el firmamento;
17eTú eres el Señor de todas las cosas,
y no hay quien resista a tu majestad, Señor.
17fTú sabes, Señor, que de buena gana
me habría postrado en adoración
a las plantas de los pies de Amán por salvar a Israel;
17g pero no lo hice,
para no poner la gloria de un hombre
por encima de la gloria de mi Dios,
sino ante ti, Señor, Dios mío.
17hY no lo hago por soberbia
ni por deseo de fama, Señor.
¡Aparece, Señor! ¡Manifiéstate, Señor!
17iAhora, oh Señor Rey, Dios de Abrahán,
Dios de Isaac y Dios de Jacob,
¡perdona a tu pueblo!,
porque nuestros enemigos tratan de destruirnos
y arruinar tu heredad.
17kNo desprecies tu porción,
a la que Tú mismo liberaste de la tierra de Egipto.
y ten misericordia de tu heredad;
cambia nuestro luto en alegría,
para que siguiendo vivos podamos cantar himnos
a tu nombre, Señor,
y no cierres la boca de los que te alaban.
17mIsrael entero gritaba con toda su fuerza, porque veía la muerte ante sus propios ojos.
17nTambién la reina Ester, presa de angustia por el inminente peligro de muerte, buscó refugio junto al Señor. 17oSe cambió los vestidos de fiesta por una ropa pobre y de luto; en vez de perfumes delicados cubrió su cabeza con ceniza y debilitó mucho su cuerpo con ayunos. 17pDesde la mañana hasta la tarde se mantuvo postrada en tierra junto con sus sirvientas; y dijo:
17q— Bendito eres, Dios de Abrahán,
Dios de Isaac y Dios de Jacob.
Ven en mi ayuda, pues me encuentro sola
y no tengo otro auxilio fuera de ti, Señor,
17rporque me amenaza un gran peligro.
17sYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú protegiste a Noé de las aguas del diluvio.
17tYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú, con trescientos dieciocho hombres,
a Abrahán le entregaste nueve reyes.
17uYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú libraste a Jonás del vientre de la ballena.
17vYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú libraste a Ananías, Azarías y Misael
del horno de fuego.
17xYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú sacaste a Daniel del foso de los leones.
17yYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú, de Ezequías, rey de los judíos,
cuando estaba para morir y pidiéndote por su vida,
y le diste quince años de vida.
17zYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú, cuando Ana te lo pidió
con todas las fuerzas de su alma
le concediste engendrar un hijo.
17aaYo sé por los libros de mis antepasados, Señor,
que Tú libras a todos los que te complacen, Señor,
por siempre.
17bbAsí que ahora, ayúdame, que estoy sola
y no tengo a nadie sino a ti,
17ccTú sabes
que tu esclava aborrece el lecho de los incircuncisos.
17ddSeñor, Tú sabes
que no he comido de la mesa de las abominaciones
ni he bebido el vino de sus libaciones.
17eeTú sabes
que desde el día en que me trajeron
no he gozado de nada, Señor,
sino solo de ti.
17ffTú sabes, oh Dios,
que desde que este emblema de esplendor
ciñe mi cabeza
lo aborrezco como al paño menstrual,
y no lo llevo durante los días de tranquilidad.
17ggAyúdame, que soy huérfana,
y pon en mi boca una palabra apropiada
frente al león,
hazme grata ante él
y convierte su corazón en odio
contra el que nos hostiga,
para ruina suya y de los que piensan como él.
17hh Libéranos de la mano de nuestros enemigos;
convierte nuestro luto en gozo
y nuestros dolores en salud.
17iiQue a los que se alzan contra los que están
de tu parte, Señor,
les sirva de escarmiento.
17kk¡Aparece, Señor! ¡Manifiéstate, Señor!
5Est1Al tercer día Ester se vistió con sus galas reales y se presentó en el patio privado del palacio real, delante del pabellón del rey. El rey estaba sentado en su trono en el palacio real frente a la entrada. 2Cuando vio a la reina Ester de pie en el patio alcanzó gracia a sus ojos y el rey tendió a Ester el báculo de oro que tenía en su mano. Ester se acercó y él tocó su cabeza con el cetro.
2aRecuperada su espléndida belleza y, después de haber invocado al Dios que cuida de todos y los salva, tomó consigo dos doncellas 2by se apoyaba delicadamente en una 2cmientras que la otra caminaba detrás aligerando el vuelo del vestido. 2dIba reluciente en la plenitud de su belleza, con el rostro alegre como el de una enamorada, aunque su corazón estaba abrumado por el miedo. 2eFranqueadas todas las puertas, se encontró en presencia del rey. Éste se hallaba sentado en el trono real, vestido con lo adecuado para las ceremonias públicas, fastuoso, con oro y piedras preciosas; ciertamente presentaba un aspecto terrorífico, y en su mano sostenía el cetro de oro.
2fAlzó su solemne rostro, la miró como un toro enfurecido, y pensando en matarla gritó:
—¿Quién se ha atrevido a entrar en la sala sin haber sido llamado?
La reina sintió que se desvanecía, se demudó su semblante y apoyó la cabeza sobre la doncella que la acompañaba. 2gPero el Dios de los judíos y Señor de todas las criaturas mudó en dulzura el ánimo del rey, que preocupado descendió del trono, la tomó entre sus brazos, y mientras se reponía la animaba con palabras afectuosas:
2h—Ester, ¿qué te sucede, hermana mía y consorte del reino? Yo soy tu hermano, no tengas miedo. 2iNo morirás, porque esta ley no va contigo sino que es sólo para la gente vulgar. 2kAcércate.
2lAlzó el cetro de oro, lo puso sobre el cuello de Ester, la besó y le dijo:
—Háblame.
2mElla contestó:
—Te he visto, señor, como un ángel de Dios y mi corazón se ha turbado ante el espanto de tu gloria. 2nEres maravilloso, señor, y tu rostro está lleno de encanto.
2oPero mientras conversaba cayó desvanecida. 2pEl rey se alarmó, y con él todos sus ministros.
3El rey le dijo:
—¿Qué quieres, reina Ester? ¿Qué pides? Aunque pidas la mitad de mi reino se te entregará.
4Ester respondió:
—Si le parece bien al rey, suplico que el rey y Amán vengan hoy al banquete que les he preparado.
5El rey dijo:
—Llamen inmediatamente a Amán para que se cumpla el mandato de Ester.
Y el rey se presentó junto con Amán en el banquete que Ester había preparado. 6Después de probar el vino el rey dijo a Ester:
—¿Qué pides? Se te dará. ¿Qué buscas? Aunque sea la mitad del reino, lo tendrás.
7Ester contestó diciendo:
—Esto es lo que pido y busco: 8si he encontrado gracia a tus ojos, y si al rey le parece bien acceder a mi petición y concederme lo que busco, que venga el rey junto con Amán al banquete que les voy a preparar, y mañana contestaré las preguntas del rey.
9Aquel día Amán salió contento y con el corazón alegre, y cuando vio en la puerta del rey a Mardoqueo, que no se levantaba y ni siquiera se movía ante él, Amán se abrasó de ira contra Mardoqueo. 10No obstante Amán se contuvo y cuando llegó a su casa convocó a sus amigos y a Zeres, su mujer, 11y les habló del esplendor de su riqueza y de la multitud de hijos que tenía, de todo lo que le había engrandecido el rey y de cómo lo había ensalzado por encima de los príncipes y servidores del rey. 12Y añadió Amán:
—Además he sido el único al que la reina Ester ha invitado para estar junto con el rey en el banquete que ella ha preparado; y también me ha invitado para el de mañana. 13Pero cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey, la alegría me desaparece.
14Zeres, su mujer, y todos sus amigos le dijeron:
—Hagamos una horca de cincuenta codos de altura y por la mañana dile al rey que cuelguen en ella a Mardoqueo. Así irás alegre al banquete junto con el rey.
La propuesta pareció bien a Amán, e hicieron la horca.
6Est1Aquella noche el rey tenía insomnio y mandó que le trajeran el libro de los recuerdos, esto es, de las crónicas, y que lo leyesen en su presencia. 2Entonces encontró escrito cómo Mardoqueo había informado de Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, guardianes de la entrada, que quisieron echarle mano al rey Asuero. 3El rey preguntó:
—¿Qué honor o dignidad se ha concedido a Mardoqueo por esto?
Los ministros del rey que estaban a su servicio le respondieron:
—No se ha hecho nada con él.
4El rey preguntó:
—¿Quién está en el patio? —en ese momento Amán llegaba al patio exterior del palacio real para pedir al rey que colgara a Mardoqueo en el poste que le había preparado.
5Los ministros del rey le dijeron:
—Amán esta en el patio.
El rey ordenó:
—Que pase.
6Amán entró y el rey le dijo:
—¿Qué debería hacerse con el hombre a quien el rey ha decidido honrar?
Amán pensó en su corazón: «¿A quién puede haber decidido el rey tributar honor sino a mí?». 7Y Amán contestó al rey:
—El hombre a quien el rey ha decidido honrar 8debe ser revestido con indumentaria real, debe montar en el caballo en el que cabalga el rey, y le ha de ser impuesta sobre su cabeza la corona real. 9La indumentaria y el caballo le han de ser entregados por el más noble de los servidores del rey. Revestirán al hombre a quien el rey ha decidido honrar, lo harán cabalgar sobre el caballo por las calles de la ciudad, y proclamarán delante de él: «Así se hace con el hombre a quien el rey ha decidido honrar».
10El rey dijo a Amán:
—¡Date prisa! Toma las vestiduras y el caballo, y haz lo que has dicho con Mardoqueo, el judío que se sienta a la puerta del rey. No dejes de hacer nada de cuanto has dicho.
11Amán tomó las vestiduras y el caballo, las entregó para vestir a Mardoqueo y le hizo cabalgar por las calles de la ciudad mientras él le precedía gritando: «Así se hace con el hombre a quien el rey ha decidido honrar».
12Cuando Mardoqueo regresó a la puerta del rey, Amán se marchó corriendo a casa; estaba dolorido y avergonzado. 13Amán contó a Zeres su mujer y a todos sus amigos cuanto le había pasado, pero sus sabios y Zeres su mujer le respondieron:
—Si Mardoqueo, ante quien has comenzado a caer, es de la raza de los judíos, no le podrás. Caerás ante él.
14Todavía estaban hablando con él cuando llegaron los eunucos del rey que, apresuradamente, se llevaron a Amán al banquete que había preparado Ester.
7Est1El rey y Amán llegaron a beber junto con la reina Ester. 2También en este segundo día el rey, después de probar el vino, dijo a Ester:
—¿Cuál es tu petición, reina Ester? Te la concederé. ¿Qué es lo que buscas? Aunque sea la mitad del reino, te lo daré.
3La reina Ester respondió diciendo:
—Si he encontrado gracia a tus ojos, oh rey, y si le parece bien al rey, concédeme mi vida, porque es lo que te estoy pidiendo, y la de mi pueblo, porque es lo que busco. 4Pues mi pueblo y yo hemos sido vendidos al exterminio, a la muerte y a la eliminación. Ojalá hubiéramos sido vendidos como siervos y esclavas; en ese caso me callaría, pues esa angustia no me parecería suficiente como para molestar al rey.
5El rey Asuero dijo a la reina Ester:
—¿Quién es y dónde está aquel al que su corazón ha movido a actuar así?
6Ester replicó:
—El adversario y enemigo es este perverso Amán.
Amán se quedó aterrado delante del rey y de la reina.
7Así pues, el rey se levantó airado del banquete y se dirigió al jardín del palacio. Pero Amán se quedó allí para rogar por su vida a la reina Ester, pues veía que el rey estaba ideando algo malo contra él.
8Cuando el rey volvió del jardín del palacio al lugar del banquete, Amán se encontraba sobre el lecho en el que estaba Ester. Entonces dijo:
—¿Se atreverá incluso a violentar a la reina, mientras está conmigo en casa?
En cuanto salió esta frase de la boca de rey, Amán se llenó de vergüenza; 9y Jarboná, uno de los eunucos al servicio del rey, dijo:
—La horca que Amán ha preparado para Mardoqueo, el que ha hablado en beneficio del rey, está en la casa de Amán y tiene una altura de cincuenta codos.
Y el rey sentenció:
10Y colgaron a Amán en la horca que había preparado para Mardoqueo. Así se apaciguó la ira del rey.
8Est1Aquel día el rey Asuero entregó a la reina Ester la casa de Amán, el adversario de los judíos, y Mardoqueo compareció en presencia del rey, pues Ester ya le había explicado su parentesco con ella. 2Entonces el rey se despojó del anillo que había ordenado que quitaran a Amán y se lo entregó a Mardoqueo. Ester puso a Mardoqueo a cargo de la casa de Amán.
3Pero Ester quiso hablar otra vez ante el rey. Así que cayó a sus pies, y lloró hasta que alcanzó su favor para que pusiera fin a la maldad y a las maquinaciones que Amán, el agaguita, había tramado contra los judíos. 4El rey, siguiendo la costumbre, tendió a Ester el cetro de oro; entonces Ester se levantó y en presencia del rey 5dijo:
—Si le parece bien al rey y si he encontrado gracia en tu presencia, si al rey este asunto le parece justo y yo buena a sus ojos, que se ordene la derogación de los documentos que urdió Amán, hijo de Hamdatá, el agaguita, en los que decretó que se eliminara a los judíos de todas las provincias del rey. 6Pues ¿cómo podré resistir la visión del sufrimiento de mi pueblo y de la aniquilación de mi raza?
7Y respondió el rey Asuero a la reina Ester y al judío Mardoqueo:
—Miren, he entregado a Ester la casa de Amán, y a él mismo lo he colgado en la horca por haber atentado contra los judíos. 8Escriban de parte del rey lo que les parezca mejor en favor de los judíos y después séllenlo con el anillo real, pues el documento que se escriba de parte del rey y sea sellado con su anillo es irrevocable.
9En aquella ocasión, el día veintitrés del mes tercero, que es el mes de Siván, se convocó a los escribas reales que redactaron todo lo que Mardoqueo ordenaba para darlo a conocer a los judíos y a los sátrapas, a los gobernadores y a los príncipes de las ciento veintisiete provincias que hay desde la India hasta Etiopía, a cada provincia con su escritura y a cada pueblo en su lengua, y a los judíos con la escritura y en la lengua de ellos. 10Estos documentos se escribieron de parte del rey Asuero y se sellaron con el anillo del rey. Después fueron enviados por medio de mensajeros que montaban corceles de raza del servicio real. 11Por medio de ellos el rey autorizaba a los judíos de cualquier ciudad a reunirse y a defender su vida mediante el exterminio, la muerte y la eliminación de todos los hombres armados del pueblo y de la provincia que les estuviesen hostigando, incluidos los niños de pecho y las mujeres; también se autorizó el expolio de sus posesiones. 12Se fijó el mismo día en todas las provincias, el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar.
12aDe modo que les mandó que emplearan sus poderes en todas las ciudades y se sirvieran de ellos, y que hiciesen lo que quisieran con sus enemigos y adversarios el mismo día doce 12ben todo el reino de Artajerjes, el día catorce del mes duodécimo, que es el mes de Adar.
12cLo escrito a continuación es la copia de la carta:
12d«El rey Artajerjes, el Grande, saluda a los gobernadores de las ciento veintisiete provincias desde la India hasta Etiopía, y a quienes tienen en su corazón nuestros intereses. 12eMuchos hombres, cuantos más honores reciben por parte de la amplia generosidad de sus bienhechores, tanto más se enorgullecen, 12fy no sólo tratan de hacer el mal a nuestros súbditos, sino que, incapaces de dominar la insolencia, también urden insidias contra sus propios bienhechores. 12gNo sólo destruyen el agradecimiento humano, sino que envanecidos por la jactancia de los que desconocen el bien, se vanaglorian de huir de Dios, que lo ve todo, y de su justicia, que odia el mal. 12hDe igual manera sucede a muchos constituidos en autoridad que, por confiar a ciertos amigos la responsabilidad de los asuntos públicos y por haber incrementado su influencia, se hacen con ellos responsables de la sangre inocente y son llevados de forma irremediable a la desgracia. 12iAsí, con falsos razonamientos de naturaleza perversa, han arrastrado la honesta buena fe de los gobernantes. 12kEsto se puede ver no sólo en las historias más antiguas que les hemos transmitido, sino también, y sobre todo, al hablar de la iniquidad perpetrada entre ustedes por esa peste de los que ostentan el poder. 12lEn lo sucesivo procuraremos asegurar a todos los hombres un reino tranquilo y en paz, 12mllevando a cabo los cambios oportunos y juzgando siempre con la más equitativa seguridad los asuntos que lleguen hasta nosotros.
12n»Tal es el caso de Amán, hijo de Hamdatá, el macedonio, que fue recibido por nosotros como huésped, aunque era extraño a la raza persa y estaba muy lejos de nuestra bondad. 12oGozaba tanto de la amistad profesada por nosotros con cualquier pueblo, que llegamos al extremo de proclamarlo nuestro padre y honrarlo con la postración de todos, al ser constituido como la segunda dignidad del reino. 12pPero al no dominar su propia soberbia, intentó adueñarse de nuestro poder e incluso de la vida; 12qy con falsos y retorcidos argumentos tramó la pena de muerte de Mardoqueo, nuestro salvador y bienhechor en todo, y también la de la intachable consorte de nuestro reino, Ester, y la de todo su pueblo. 12rPensaba así sorprendernos desamparados y entregar el imperio de los persas a los macedonios.
12s»Además nosotros mismos hemos comprobado que los judíos, condenados al exterminio por aquel hombre tres veces criminal, no son unos malhechores, sino que se rigen con leyes muy justas; 12tson hijos del Dios altísimo, el más grande viviente, y que dirige en nuestro favor y el de nuestros antepasados el reino en la mejor prosperidad.
12u»Harán, pues, bien en no hacer caso de los escritos que ha mandado redactar Amán, hijo de Hamdatá; 12vpues el que ha establecido tal cosa ha sido colgado de un mástil, junto con toda su familia, a las puertas de Susa; justo castigo sin duda, enviado por Dios, que domina todos los acontecimientos.
12x»Una vez hayan expuesto una copia de la presente carta en todos los sitios, permitan a los judíos que se rijan con libertad mediante sus leyes; 12ypréstenles ayuda para que puedan rechazar a quienes intenten destruirles en el momento de la persecución, o sea, el día trece del duodécimo mes, llamado Adar. 12zEse día, en vez de conmemorar la ruina del pueblo elegido, Dios, Señor universal, lo ha convertido en día de alegría. 12aaTambién ustedes deben celebrar con toda alegría ese día tan señalado entre sus fiestas conmemorativas. 12bbAsí, de ahora en adelante, se recordará esta salvación para nosotros y para los persas de buena voluntad; en cambio, para los que se conjuran contra nosotros les servirá como recuerdo de su propia perdición.
12cc»Cualquier ciudad o provincia entera, que no actúe conforme a estas disposiciones, será inexorablemente pasada a hierro y fuego; no sólo será inhóspita para los hombres, sino que también será para siempre la más aborrecida por las fieras y las aves».
13Un ejemplar del decreto en el que se promulgaba la disposición en todas las provincias se hizo público a todos los pueblos, para que ese día los judíos estuviesen preparados para tomar venganza de sus enemigos. 14Los mensajeros, montando corceles del servicio real, salieron enseguida a toda velocidad con el mandato del rey y la disposición promulgada en la ciudadela de Susa.
15Mardoqueo salió del palacio real con vestiduras reales violáceas y blancas, una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura; toda la ciudad de Susa estaba exultante y jubilosa. 16Los judíos gozaron de gloria y alegría, de alborozo y honor. 17En cada una de las provincias, ciudades y lugares a las que llegó el mandato del rey y su disposición hubo gran alegría y alborozo para los judíos, banquetes y fiestas; y muchos de los pueblos de la tierra se les unieron, pues el temor a los judíos cayó sobre ellos.
9Est1El día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, cuando llegó el momento de cumplir el mandato del rey y su disposición, el mismo día en que los enemigos de los judíos pensaban exterminarlos, se cambiaron las tornas, y fueron los judíos quienes dominaron a sus adversarios. 2Los judíos se habían congregado en sus ciudades, en todas las provincias del rey Asuero, para echar mano de quienes habían buscado maltratarlos, y nadie se les pudo resistir, pues el temor a los judíos había invadido a todos los pueblos. 3Todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los embajadores del rey apoyaron a los judíos porque temían a Mardoqueo, 4ya que Mardoqueo era admirado en el palacio real, su fama había corrido por todas las provincias, y este hombre, Mardoqueo, seguía engrandeciéndose.
5Los judíos hirieron a sus enemigos a golpe de espada, los mataron y los eliminaron, e hicieron con sus adversarios lo que les vino en gana. 6En la ciudadela de Susa los judíos mataron y eliminaron a quinientas personas, además de a los diez hijos de Amán, hijo de Hamdatá, el enemigo de los judíos, cuyos nombres son: 7Parsandata, Dalfón, Aspatá, 8Porata, Adalías, Aridatá, 9Parmasta, Arisay, Ariday y Yezatá. 10Los mataron, pero no echaron mano a sus posesiones.
11Aquel día llegó al rey el número de los que habían matado en la ciudadela de Susa, 12y dijo el rey a la reina Ester:
—Si en la ciudadela de Susa los judíos han matado y eliminado a quinientas personas y a los diez hijos de Amán, ¿en el resto de las provincias del rey, qué habrán hecho? ¿Qué es lo que pides? Te lo concederé. ¿Qué buscas todavía? Se hará.
13Ester respondió:
—Si le parece bien al rey, que se permita a los judíos que están en Susa hacer mañana lo mismo que se había dispuesto para hoy, y colgar de una horca a los diez hijos de Amán.
14El rey accedió:
—Que así se haga.
La disposición se promulgó en Susa, y colgaron a los diez hijos de Amán. 15Los judíos que había en Susa se congregaron también el día catorce del mes de Adar y mataron en Susa a trescientas personas, pero no echaron mano de sus posesiones.
16El resto de los judíos que había en las provincias del rey se congregaron para defender sus vidas y librarse de los enemigos. Mataron a setenta y cinco mil de sus adversarios, pero no echaron mano de sus posesiones.
17Sucedió el día trece del mes de Adar. El día catorce fue un día de descanso con banquetes y alegría. 18Pero los judíos que estaban en Susa se congregaron el día trece y el día catorce, y descansaron el día quince declarándolo día de banquetes y alegría. 19Por eso, los judíos dispersos que habitan en las ciudades de la diáspora celebran con alegría, banquetes y fiestas el día catorce del mes de Adar; y cada uno intercambia regalos con su prójimo.
19aUna vez que el mandato se hizo público en todo el reino, los sátrapas de las provincias, los príncipes y los escribas del rey comenzaron a honrar a Dios, porque temían a Mardoqueo.
20Mardoqueo escribió todo esto, y envió cartas a todos los judíos de todas las provincias del rey Asuero, a las próximas y a las lejanas. 21Ordenaba que todos los años se celebrase el día catorce del mes de Adar y el día quince del mismo 22como conmemoración de la fecha en la que los judíos descansaron de sus enemigos tornando la aflicción en alegría, el duelo en fiesta, para transformarlos en días de banquetes, de alegría y de intercambio de regalos de cada uno con su prójimo, y también de obsequios a los pobres.
23Los judíos adoptaron como costumbre todo lo que ya habían comenzado a hacer y lo que Mardoqueo les había escrito, 24pues Amán, hijo de Hamdatá, el agaguita, el enemigo de todos los judíos había tramado eliminar a los judíos y había echado a pur, es decir, a suerte, el destruirlos y eliminarlos. 25Pero, cuando Ester compareció ante el rey le solicitó que revirtiera sobre su cabeza el documento en el que se habían plasmado sus malvados planes contra los judíos, les colgaron a él y a sus hijos en la horca. 26Por eso se llama a estos días Purim, del nombre pur. Así pues, debido a todo lo que se contiene en esta carta, y gracias a todo lo que vieron ellos mismos y a lo que se les dio a conocer, 27los judíos establecieron y aceptaron para sí, para su descendencia y para todos sus adeptos, que nunca se deberá cambiar el modo de celebrar estos dos días de como está escrito de ellos y de su tiempo. 28Estos días serán recordados y festejados por todas las generaciones, familias, provincias y ciudades; y estos días de Purim no desaparecerán de entre los judíos, y su recuerdo no tendrá fin en sus generaciones.
29La reina Ester, hija de Abijail, y Mardoqueo, el judío, escribieron con toda su autoridad para que esta copia de la carta de Purim tuviera la fuerza de una ley. 30Después enviaron ejemplares, con palabras de paz y de verdad, a todos los judíos de las ciento veintisiete provincias del reino de Asuero 31para que las fechas de estos días de Purim se fijaran de acuerdo con lo que el judío Mardoqueo y la reina Ester habían establecido para ellos y para sus descendientes, incluyendo lo relativo a los ayunos y clamores. 32La autoridad de Ester ratificó estas normas de Purim, y se consignó en este libro.
10Est1El rey Asuero impuso un tributo a todo el país y a las islas del mar. 2Todas las muestras de su autoridad y valor, así como la magnitud de la grandeza con la que el rey ensalzó a Mardoqueo ¿no están escritas en el libro de las crónicas de los reyes de Media y Persia? 3Pues el judío Mardoqueo fue el segundo del rey Asuero, y grande entre los judíos; estimado por la multitud de sus hermanos, buscaba el bien de su pueblo y consiguió la paz para toda su raza.
3aMardoqueo dijo a todos:
—¡Estas cosas han sucedido por obra de Dios!
3bMardoqueo se acordó del sueño que había tenido en el que pudo ver estos acontecimientos; no habían quedado sin cumplimiento: 3cla pequeña fuente convertida en río, la luz que despuntaba, el sol y el agua abundante. El río es Ester con la que el rey se ha casado y la ha convertido en reina; 3dlos dos dragones somos Amán y yo; 3elas naciones son los pueblos que se coaligaron para destruir el nombre de los judíos; 3fmis gentes son Israel, que clamaron a Dios y fueron salvadas. Sí, el Señor ha salvado a su pueblo; nos ha librado de todos esos males y Dios ha obrado grandes señales y prodigios como jamás han tenido lugar entre las naciones. 3gPor eso ha establecido Dios dos destinos: uno para su pueblo y otro para las demás naciones. 3hEstas dos suertes se han cumplido en el momento, hora y día establecidos por Dios en medio de todas las naciones. 3iDios se acordó de su pueblo y ha hecho justicia a su heredad. 3kEstos días del mes de Adar, los días catorce y quince de dicho mes, serán celebrados con asamblea, alegría y gozo ante Dios, de generación en generación por siempre en su pueblo Israel.
3lDurante el año cuarto del reinado de Tolomeo y Cleopatra, Dositeo, que afirmaba ser sacerdote y levita, y su hijo Tolomeo llevaron la presente carta relativa a los Purim, afirmando que se trataba de la carta auténtica traducida por Lisímaco, hijo de Tolomeo, originarios de Jerusalén.