COMENTARIO

 Est 3,15b-15i 

Cuando la noticia del decreto urdido por Amán iba difundiéndose «hubo una enorme agitación entre los habitantes de la tierra; y temiendo su propia ruina clamaron a Dios» (1,1f-1g). El sueño de Mardoqueo se sigue desvelando, y ahora se da noticia de ese clamor de oraciones que se dirige hacia Dios: por parte de los judíos (vv. 15b-15i), por parte de Mardoqueo que avisa a Ester (4,1-17) y ora al Señor (4,17a-17m), y por parte de Ester (4,17n-17kk).

La oración de los judíos, atestiguada sólo por algunas versiones antiguas, está llena de sencillez y confianza en Dios. Reconocen la soberanía divina sobre todas las cosas y confiesan sus propias infidelidades, admitiendo que Dios no sería injusto si los abandonara, pero se acogen confiadamente a su misericordia. «La humildad es la base de la oración» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559), y «la petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición (cfr el publicano: “Oh Dios, ten compasión de este pecador”: Lc 18,13). Es el comienzo de una oración justa y pura. La humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo, y de los unos con los otros (cfr 1 Jn 1,7-2,2): entonces “cuanto pidamos lo recibimos de él” (1 Jn 3,22)» (ibidem, n. 2631).

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