COMENTARIO
La plegaria de Mardoqueo recuerda varios Salmos y otras oraciones del Antiguo Testamento. Proclama el poder del Señor y su dominio sobre todas las cosas (cfr 2 Cro 20,6-7), que tiene como fundamento el hecho de la creación (cfr Is 40,21-26), y que ha manifestado en todos los momentos de la historia de la salvación. Lo invoca con la confianza de que seguirá cuidando de su pueblo como ya lo hizo con Abrahán, Isaac y Jacob, y con aquellos a los que libró de Egipto.
Sin embargo, a diferencia de otras plegarias del Antiguo Testamento, habla de sus sentimientos personales. Expone ante el Señor que su negativa a adorar a Amán fue hecha con rectitud de intención, buscando solamente la gloria del Señor y no la notoriedad personal.
En la oración de Mardoqueo, lo mismo que en la de Ester que sigue a continuación, se advierte un tono de familiaridad y confianza en el trato con Dios mayor de lo que es habitual en las oraciones más antiguas del Antiguo Testamento. No sólo se recuerdan sus gestas en favor del pueblo, o se hacen peticiones en favor propio o de toda la comunidad (vv. 17d-e.k-m), sino que también se comentan, ponderándolas en su presencia, las propias acciones personales abriendo la intimidad del alma (vv. 17f-h). Esta actitud llegaría a su plenitud con Jesucristo y su invitación a tratar a Dios como Padre.