COMENTARIO

 Est 6,1-14 

Cuando se acercó el momento culminante de la narración, simbolizado en el sueño de Mardoqueo por la lucha entre los dos grandes dragones, «despuntaron la luz y el sol» (1,1i). Los justos habían puesto su confianza en el Señor, de acuerdo con la recomendación del Salmo: «Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará, y hará despuntar tu justicia como la aurora, y tu derecho como la luz del mediodía» (Sal 37,5-6). Sus plegarias y su penitencia han sido atendidas.

La intervención de Dios en favor de su pueblo, siempre de modo muy discreto, comienza a manifestarse. El insomnio del rey y la lectura del libro en el que se recordaban las gestas de su reinado fueron la ocasión para que se le iluminara la idea de ensalzar a Mardoqueo por el favor que éste le había prestado. De este modo comienza a ceder el poder de Amán mientras Mardoqueo aumenta en consideración ante el monarca.

El relato ridiculiza la soberbia de Amán, que piensa que es el único digno de ser apreciado por el rey, y que se ve humillado al tener que proclamar la grandeza de aquel a quien aborrecía. El pasaje es un buen ejemplo de lo que enseñó nuestro Señor: «El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado» (Mt 23,12).

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