COMENTARIO
El rey Demetrio no se da por vencido con la muerte de Nicanor y ordena un nuevo ataque contra Jerusalén; esta vez por el norte. Berea está a unos 15 km al norte de Jerusalén. Es la primavera del año 160 a.C., pues el primer mes del calendario babilónico correspondía a la segunda mitad de marzo y primera de abril del nuestro. El autor sagrado parece querer dejar clara la excesiva temeridad de Judas en esta ocasión y al mismo tiempo su arrojo. No sólo porque se empeña en atacar tras haber sido abandonado por los suyos, sino también porque lo que busca en primer lugar es su gloria. Curiosamente no se dice que en esta batalla Judas pidiese la ayuda de Dios (vv. 6-10).
El lamento por la muerte de Judas está inspirado en la elegía de David por Saúl y Jonatán (cfr 2 S 1,19-27); todas sus hazañas se condensan en la expresión «el héroe que salvaba a Israel» (v. 21). Judas fue el instrumento elegido por la providencia divina para salvar en aquel momento al judaísmo frente al sincretismo de las religiones helenísticas, y para mantener la identidad de Israel de tal modo que de él como pueblo pudiese surgir Cristo, el Mesías.