81 M1Llegó a oídos de Judas la fama de los romanos: que eran hombres muy poderosos, benévolos con todos sus aliados y ofrecían su amistad a los que se les acercaban; pero sobre todo, que eran hombres muy poderosos. 2Le contaron también de sus guerras y de las hazañas que ellos habían realizado entre los galos y cómo les habían sometido y obligado a pagar impuestos. 3Se enteró de todo lo que habían hecho en la región de Hispania para apoderarse de las minas de oro y plata que allí había: 4cómo habían sometido toda aquella región con decisión y constancia —pues era un país que estaba muy lejos del suyo— y vencido a los reyes que habían ido contra ellos desde los confines de la tierra, hasta aplastarles e infligirles una gran derrota, mientras los demás pagaban tributo anual. 5Supo cómo habían aplastado en combate a Filipo y a Perseo, rey de los chipriotas, y a cuantos se les habían rebelado, y cómo los habían dominado; 6y cómo Antíoco el Grande, rey de Asia, que les había presentado batalla con ciento veinte elefantes, caballería, carros y un ejército muy grande, había sido aplastado por ellos. 7En efecto, le habían apresado vivo y habían establecido que él y los sucesores de su reino pagaran un enorme tributo, entregaran rehenes y cedieran 8algunas de sus mejores regiones: la de la India, la de Media y la de Lidia. Se las quitaron a Antíoco para dárselas al rey Eumeno.
9Le contaron también cómo los griegos habían planeado ir a exterminarlos, 10pero los romanos se enteraron de su plan y enviaron contra ellos a un general para que les combatiera. Cayeron heridos de muerte muchos de aquéllos y se llevaron cautivos a sus mujeres y a sus hijos, les despojaron de sus bienes, les quitaron las tierras, destruyeron sus fortificaciones y les sometieron a servidumbre hasta el día de hoy. 11A los demás reinos e islas, a cuantos alguna vez trataron de resistírseles, los destruyeron y convirtieron en sus siervos. En cambio, mantuvieron la amistad con sus amigos y con los que confiaban en ellos. 12Sometieron a reyes, estuvieran cerca o lejos, y todos los que oían su fama les temían. 13A quienes quisieron ayudar para que fueran reyes, reinaron, y depusieron a los que quisieron: habían llegado a lo más alto. 14A pesar de todo, ninguno de ellos porta corona alguna, ni se viste con púrpura para envanecerse de ella. 15Han establecido entre ellos un senado en el que cada día trescientos veinte senadores deliberan sobre los asuntos del pueblo para que éste se comporte decorosamente. 16Cada año encargan a un solo hombre que les gobierne y administre todas sus tierras. Todos le obedecen y no existen envidias ni celos entre ellos.
17Judas eligió a Eupólemo, hijo de Juan, hijo de Accos, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los envió a Roma para establecer un tratado de amistad y de alianza, 18y también para librarse del yugo, porque veían que el reino de los griegos estaba sometiendo a servidumbre a Israel. 19Cuando llegaron a Roma después de un largo viaje, entraron en el senado y tomando la palabra dijeron:
20—Judas, de sobrenombre Macabeo, sus hermanos y el pueblo judío nos envían para establecer con ustedes un tratado de alianza y de paz, y para inscribirnos entre sus aliados y amigos.
21La propuesta les pareció bien. 22Ésta es la copia de la carta que escribieron en tablas de bronce como respuesta y que enviaron a Jerusalén para que allí les sirviera como memorial de paz y de alianza:
23«Que los romanos y el pueblo judío sean siempre dichosos en el mar y en la tierra, y que la espada y el enemigo se alejen de ellos. 24Si se desencadena una guerra primero contra Roma o contra cualquiera de sus aliados en cualquiera de sus dominios, 25el pueblo judío combatirá con todo su corazón, conforme lo requieran las circunstancias. 26No entregarán ni suministrarán a los enemigos alimento, armas, dinero o barcos, según la decisión de Roma. Cumplirán con sus compromisos sin compensación alguna. 27Del mismo modo, si se declara primero una guerra contra el pueblo judío, los romanos también combatirán en su favor con todo ardor, según lo requieran las circunstancias. 28No entregarán alimento a sus adversarios, ni armas, dinero o barcos, según la decisión de Roma. Cumplirán estos compromisos sin faltar a la verdad. 29Con esta fórmula los romanos establecen un pacto con el pueblo judío. 30Si con posterioridad a estas disposiciones, unos u otros desearan añadir o quitar algo, se hará de común acuerdo, y lo añadido o quitado será válido. 31Respecto a los perjuicios que el rey Demetrio les ha causado, ya le hemos escrito diciendo: “¿Por qué impones tan pesado yugo sobre los judíos, nuestros amigos y aliados? 32La próxima vez que vengan con acusaciones contra ti, defenderemos sus derechos y te haremos la guerra por tierra y mar”».
91 M1Cuando Demetrio se enteró de que Nicanor y su ejército habían caído en combate, decidió enviar de nuevo a Báquides y a Alcimo a la tierra de Judá con el ala derecha del ejército. 2Éstos se dirigieron por el camino de Galilea y acamparon frente a Mesalot, en Arbelas. La ocuparon y mataron a muchos hombres. 3El primer mes del año ciento cincuenta y dos, acamparon frente a Jerusalén. 4Desde allí realizaron una incursión hasta Berea con veinte mil hombres y dos mil jinetes. 5Judas había acampado en Elasá con tres mil hombres selectos. 6Éstos, cuando vieron el ejército tan numeroso, se llenaron de tanto miedo que muchos huyeron del campamento, no quedando entre ellos más que ochocientos hombres. 7Judas, que observaba cómo su ejército iba a la desbandada mientras la batalla apremiaba, sintió que el corazón se le rompía, porque no tenía tiempo para reunir a los suyos. 8Muy afligido, dijo a los que habían quedado:
—Levantémonos y vayamos contra nuestros enemigos. Quizá todavía podemos pelear contra ellos.
9Pero le trataban de disuadir con estas palabras:
—No podremos. Es mejor que nosotros mismos nos pongamos a salvo ahora. Más tarde volveremos con nuestros hermanos y les haremos frente. Nosotros somos muy pocos.
10Judas dijo:
—¡Jamás haremos semejante cosa como huir de ellos! Si ha llegado nuestra hora, moriremos valientemente por nuestros hermanos y no toleraremos que se cuestione nuestra gloria.
11El ejército enemigo salió del campamento y se preparó para hacerles frente: la caballería, dividida en dos alas, estaba precedida de los honderos y arqueros; los mejores hombres estaban en la primera línea y Báquides se encontraba en el ala derecha. 12Entonces la falange comenzó a avanzar por ambos lados al son de las trompetas. Los de Judas también comenzaron a hacer sonar las suyas. 13La tierra se estremeció por el fragor de los ejércitos. Se trabó combate desde la mañana hasta el atardecer.
14Como Judas observó que Báquides y la parte más fuerte del ejército estaban a la derecha, se llevó con él a todos los soldados más decididos 15y aplastaron el ala derecha persiguiéndola hasta los montes de Azoto. 16Los del ala izquierda, al ver que el ala derecha había sido aplastada, se volvieron y fueron tras los pasos de Judas y de los suyos. 17La batalla se hizo desesperada y cayeron heridos de muerte muchos hombres de los dos ejércitos. 18También cayó Judas, y entonces los suyos huyeron.
19Jonatán y Simón recogieron a su hermano Judas y le dieron sepultura en la tumba de sus padres en Modín. 20Todo Israel lloró y se lamentó por él con gran dolor. Hicieron duelo por él durante muchos días y decían:
21—¡Cómo ha caído el héroe que salvaba a Israel!
22El resto de las cosas que hizo Judas, sus batallas y las hazañas que realizó, y sus títulos de gloria no han sido puestos por escrito porque fueron demasiado numerosas.
23Después de la muerte de Judas resurgieron los inicuos por todo Israel y reaparecieron cuantos obraban la iniquidad. 24En aquellos días sobrevino una terrible carestía y todo el país se pasó a su bando. 25Báquides eligió a hombres inicuos y los puso al frente de la región. 26Éstos se dedicaron a hacer averiguaciones y a localizar a los amigos de Judas para conducirlos ante Báquides, que se vengaba y mofaba de ellos. 27Hubo una tribulación tan grande en Israel como no había tenido lugar desde el tiempo en que los profetas dejaron de aparecer entre ellos.
28Entonces todos los amigos de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:
29—Desde que ha muerto tu hermano Judas no hay un hombre como él que pueda enfrentarse a los enemigos, a Báquides y a los que odian a nuestro pueblo. 30Por eso te hemos elegido hoy a ti en su lugar como jefe y guía en nuestras batallas.
31Desde aquel momento Jonatán asumió el mando y ocupó el lugar de su hermano Judas.
32Báquides lo supo, y buscaba el modo de darle muerte. 33Cuando Jonatán, su hermano Simón y todos los que estaban con él se enteraron, huyeron al desierto de Tecoa y acamparon frente a las aguas de la cisterna de Asfar. 34Báquides tuvo noticia de ello un día de sábado y él en persona se dirigió con todo su ejército al otro lado del Jordán.
35Jonatán envió a su hermano para que condujera al pueblo adonde sus amigos los nabateos y pedirles que les guardasen su equipamiento que era mucho. 36Pero los hijos de Yambri, que vivían en Medabá, realizaron una incursión, echaron mano de Juan y de todo lo que tenía y se marcharon con ello.
37Después de estos sucesos comunicaron a Jonatán y a su hermano Simón que los hijos de Yambri celebraban una gran boda y que con un enorme cortejo iban a llevar a la novia, hija de uno de los grandes nobles de Canaán, desde Nabatá. 38Entonces se acordaron de la sangre de su hermano Juan, y subieron a esconderse en un recoveco del monte. 39Y al levantar la vista, contemplaron un bullicioso cortejo con un gran equipamiento, y cómo el esposo, sus amigos y sus familiares se dirigían a su encuentro con tímpanos e instrumentos musicales, y que estaban bien armados. 40Entonces salieron rápidamente de su escondrijo y empezaron la matanza: muchos cayeron heridos de muerte, y el resto huyó por el monte. Y se apoderaron de sus despojos. 41La boda se tornó en duelo y los sones de su música en lamentos. 42De esta forma vengaron la sangre de su hermano. Luego regresaron a la zona pantanosa del Jordán.
43Cuando llegó a oídos de Báquides, éste se dirigió con un ejército numeroso hacia la ribera del Jordán en día de sábado. 44Jonatán dijo a los suyos:
—¡Levantémonos y luchemos por nuestras vidas, pues hoy no es como en los días pasados! 45Miren, tenemos la batalla frente a nosotros y a nuestras espaldas; por un lado el río Jordán, y por otro el pantano y el bosque; no hay posibilidad de escapar. 46Alcen ahora su grito al cielo, para que puedan librarse de la mano de nuestros enemigos.
47Y entablaron combate. Jonatán extendió su mano para golpear a Báquides, pero éste le esquivó echándose para atrás. 48Entonces Jonatán y sus hombres se lanzaron al Jordán y alcanzaron a nado la otra orilla; pero los enemigos no cruzaron el río tras ellos.
49Aquel día cayeron cerca de mil hombres de Báquides, 50que regresó a Jerusalén. Luego construyeron en Judea ciudades fortificadas con murallas altas, con portones y con cerrojos: las fortalezas de Jericó, Emaús, Bet–Jorón, Betel, Tamnatá, Faratón y Tefón, 51en las que dejó una guarnición para hostigar a Israel. 52Fortificó también la ciudad de Bet–Sur y la de Gazara así como la Ciudadela, y dejó en ellas tropas y depósitos de víveres. 53Tomó como rehenes a los hijos de los jefes de la región y los dejó bajo custodia en la Ciudadela de Jerusalén.
54El mes segundo del año ciento cincuenta y tres, Alcimo mandó derribar el muro del atrio interior del Santuario, destruyendo así la obra de los profetas. Justo cuando comenzó la demolición, 55en ese momento, Alcimo cayó enfermo y sus obras se tuvieron que detener. Se le inmovilizó la boca, se le paralizó y nunca más pudo pronunciar palabra alguna ni dar órdenes en su casa. 56Y por aquel entonces murió Alcimo en medio de grandes sufrimientos. 57Cuando Báquides se enteró de la muerte de Alcimo regresó donde estaba el rey. La tierra de Judá gozó de tranquilidad durante dos años.
58Entonces todos los inicuos tramaron lo siguiente:
—Miren, ahora que Jonatán y sus hombres viven tranquilos y confiados, hagamos venir a Báquides para que los capture a todos en una sola noche.
59Y fueron a consultarlo con él. 60Entonces Báquides se puso en marcha con un numeroso ejército y envió furtivamente mensajes a todos sus aliados de Judea para que se apoderasen de Jonatán y de los suyos. Pero no pudieron conseguirlo porque su plan fue descubierto. 61En cambio, los judíos capturaron a unos cincuenta hombres de la región responsables de la conjura y les dieron muerte. 62A continuación, Jonatán, Simón y los que estaban con ellos, se retiraron a Bet–Basí, en el desierto; la reconstruyeron y la fortificaron. 63En cuanto Báquides se enteró, reunió a toda su gente y mandó aviso a los de Judea. 64Se puso en marcha y acampó frente a Bet–Basí, a la que hostigó durante muchos días sirviéndose de máquinas de asalto. 65Jonatán dejó a su hermano Simón a cargo de la ciudad y salió con un reducido número de soldados a recorrer la región. 66Derrotó a Odomerá, a sus hermanos y a los hijos de Fasirón en su propio campamento. Entonces comenzaron el ataque subiendo con las tropas. 67Simón y los suyos salieron de la ciudad e incendiaron las máquinas de asalto. 68Se enfrentaron a Báquides y le aplastaron. Le dejaron tremendamente abatido porque sus planes y su ofensiva habían sido un fracaso. 69Entonces Báquides se enfureció contra los inicuos que le habían aconsejado venir al país. Mandó matar a muchos y decidió regresar al suyo propio. 70Cuando Jonatán se enteró, envió embajadores para negociar con él la paz y la devolución de prisioneros. 71Éste aceptó: accedió a las propuestas y juró no causarle ningún mal por el resto de sus días. 72Le devolvió los prisioneros que había capturado antes en tierra de Judá, se marchó de vuelta a su tierra y no quiso regresar más a aquel territorio. 73De esta manera descansó la espada de Israel. Jonatán se estableció en Micmás, comenzó a gobernar al pueblo e hizo desaparecer de Israel a los impíos.
101 M1El año ciento sesenta, Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, desembarcó en Tolemaida y la conquistó. Fue bien acogido y comenzó a reinar allí. 2Cuando el rey Demetrio se enteró, reclutó un ejército muy numeroso y salió a presentarle batalla. 3Demetrio también envió cartas amistosas a Jonatán con la intención de engrandecerle, 4porque decía:
—Adelantémonos a hacer la paz con ellos antes de que él la haga con Alejandro contra nosotros, 5pues sin duda recordará ahora todos los males que hemos hecho contra él, sus hermanos y su pueblo.
6Y le concedió la facultad de reclutar tropas, de equiparlas con armas y de considerarse su aliado. También ordenó que le fueran entregados los rehenes de la Ciudadela.
7Así que Jonatán fue a Jerusalén y leyó las cartas en presencia de todo el pueblo y de los que estaban en la Ciudadela. 8Éstos se llenaron de temor al escuchar que el rey le había concedido la facultad de reclutar tropas. 9Los hombres de la Ciudadela entregaron los rehenes a Jonatán y él se los devolvió a sus padres. 10Jonatán estableció su residencia en Jerusalén y comenzó a reconstruir y a restaurar la ciudad. 11Ordenó a los que realizaban las obras que construyeran la muralla y rodearan el monte Sión con piedras talladas para fortificarlo. Y así lo hicieron. 12Los extranjeros que estaban en las fortalezas levantadas por Báquides huyeron. 13Todos abandonaron sus puestos y volvieron a sus tierras. 14Sólo permanecieron en Bet–Sur algunos de los que habían abandonando la Ley y sus preceptos, convirtiéndola en lugar de refugio.
15El rey Alejandro se enteró de las promesas hechas por Demetrio a Jonatán. Y cuando le contaron las batallas y las hazañas que Jonatán y sus hermanos habían realizado, así como las penalidades que habían tenido que soportar, 16dijo:
—¿Encontraremos otro hombre como él? Hagámosle ahora mismo nuestro amigo y aliado.
17Y le envió una carta escrita en estos términos:
18«El rey Alejandro al hermano Jonatán: saludos. 19Hemos oído de ti que eres un hombre muy poderoso y que estás dispuesto a ser nuestro amigo. 20Por ello, te nombramos hoy sumo sacerdote de tu pueblo y te damos el título de amigo del rey —le enviaba la púrpura y la corona de oro— para que estés de nuestra parte y mantengas la amistad con nosotros».
21El mes séptimo del año ciento sesenta, durante la fiesta de los Tabernáculos, Jonatán se impuso las vestiduras sagradas, reclutó un ejército y lo equipó con gran cantidad de armas.
22Cuando Demetrio se enteró de estos sucesos, se entristeció y dijo:
23—¿Qué hemos hecho para que Alejandro se nos haya adelantado a ganarse como refuerzo la amistad de los judíos? 24También yo les voy a escribir para persuadirlos con honores y regalos a que me sean de ayuda.
25Y les envió este mensaje:
«El rey Demetrio al pueblo judío: saludos. 26Nos alegramos al saber que han guardado nuestro pacto, han mantenido nuestra amistad y no se han aliado con nuestros enemigos. 27Si ahora nos continúan manteniendo la fidelidad, les recompensaremos los favores que hacen por nosotros. 28Los eximiremos de cargas fiscales y les concederemos privilegios. 29Desde ahora los libero a ustedes y eximo a todos los judíos de los tributos y del impuesto de la sal y de las coronas. 30Y a partir de hoy renuncio a la tercera parte del grano y a la mitad de los frutos de los árboles que me corresponde percibir. De hoy en adelante renuncio a recolectar de la tierra de Judá y de los tres distritos de Samaría y de Galilea que le han sido anexionados. 31Que Jerusalén y todo su territorio, sus diezmos y tributos, sean santos y estén exentos de impuestos. 32Renuncio al control de la Ciudadela en Jerusalén y se la entrego al sumo sacerdote para que ponga en ella a los hombres que él elija para custodiarla. 33También pongo en libertad, sin compensación alguna, a todo judío que haya sido llevado cautivo del territorio de Judá a cualquiera de mis dominios. Que todos estén exentos de los tributos, incluso de los del ganado. 34Que todas las fiestas, sábados, novilunios y días señalados y los tres días anteriores y posteriores a cada fiesta sean días de inmunidad y de exención para todos los judíos que residan en mi reino: 35nadie tendrá autoridad para exigir ni para molestar a ninguno de ellos por causa alguna. 36Que se alisten en el ejército del rey hasta treinta mil judíos, a quienes se les pagará la soldada como corresponde a todas las tropas del rey. 37Algunos de ellos estarán destinados en las principales fortalezas reales; otros se encargarán de los asuntos de más confianza del reino. Sus superiores y jefes saldrán de sus filas y podrán vivir según sus leyes, conforme a lo que el rey ha prescrito para la tierra de Judá.
38»Que los tres distritos de la región de Samaría que habían sido anexionados a Judea, queden definitivamente anexionados a Judea de forma que sean considerados como sujetos a un solo mando, no obedeciendo más autoridad que la del sumo sacerdote. 39Dono Tolemaida y sus territorios al Santuario de Jerusalén para los oportunos gastos que van anejos a él. 40Además, yo mismo en persona regalaré cada año quince mil siclos de plata del erario real, que se tomarán de los lugares que más convenga. 41Todo el excedente que no pagaban en años precedentes los que tenían cargos, se entregarán de ahora en adelante para las obras del Templo. 42Y además suprimo los cinco mil siclos que se sustraían de los ingresos anuales del Templo, por cuanto les corresponden a los sacerdotes que prestan allí su servicio. 43Todo el que por deudas al tesoro real o por otro asunto se refugie en el Templo de Jerusalén o en cualquiera de sus recintos, quedará libre con todos los bienes que le pertenecían en mi reino. 44Los gastos de las obras de reconstrucción y restauración del Santuario correrán a cargo del erario real. 45Los gastos de reconstrucción de la muralla de Jerusalén y de su fortificación alrededor de ella, así como los de reconstrucción de murallas en Judea, también correrán a cargo del erario real».
46Cuando Jonatán y el pueblo escucharon estas cosas, ni las creyeron ni las aceptaron, porque se acordaban de los grandes males que Demetrio había causado a Israel y cuánto les había hecho sufrir. 47Así que prefirieron a Alejandro porque éste había sido el primero en ofrecerles las propuestas de paz. Y siempre fueron sus aliados.
48El rey Alejandro reunió un gran ejército y tomó posiciones frente a Demetrio. 49Los dos reyes entablaron combate. El ejército de Demetrio se dio a la fuga, pero Alejandro lo persiguió y consiguió detenerlos. 50La batalla se endureció hasta la puesta del sol, y aquel día Demetrio cayó herido.
51Entonces Alejandro envió embajadores a Tolomeo, rey de Egipto, con este mensaje:
52«Puesto que he vuelto a mi reino y estoy sentado en el trono de mis padres, y me he hecho con el poder tras aplastar a Demetrio y mantener el control de nuestro territorio 53—trabé combate contra él, y tanto él como su ejército fueron aplastados por nosotros, y he ocupado el trono de su reino—, 54establezcamos entre nosotros vínculos de amistad. Dame a tu hija por esposa y me convertiré en tu yerno, y les haré a ti y a ella regalos dignos de tu persona».
55El rey Tolomeo respondió:
«Dichoso el día en que has vuelto a la tierra de tus padres y te has sentado en el trono de su reino. 56Te concederé lo que me has escrito. Ven a mi encuentro a Tolemaida para que nos veamos los dos. Te haré mi yerno tal como has pedido».
57El año ciento sesenta y dos, Tolomeo salió de Egipto con su hija Cleopatra y llegó a Tolemaida. 58El rey Alejandro fue a su encuentro. Tolomeo le entregó a su hija Cleopatra y la boda se celebró en Tolemaida con gran esplendor, según las costumbres de los reyes.
59El rey Alejandro escribió a Jonatán para que se reuniera con él. 60Jonatán se dirigió suntuosamente a Tolemaida y allí se encontró con los dos reyes. A ellos y a sus amigos les entregó oro, plata y otros muchos regalos, y se ganó su confianza. 61Entonces algunos hombres depravados de Israel, hombres malvados, se confabularon para querellarse contra él, pero el rey no les prestó atención. 62En cambio, mandó que despojaran a Jonatán de sus ropas y le vistieran de púrpura. Y así se hizo. 63El rey le sentó a su lado y dijo a sus oficiales:
—Salgan con él hasta el centro de la ciudad y proclamen que nadie se querelle contra él por ningún asunto ni que nadie le moleste por ninguna causa.
64Cuando los que se querellaban vieron el honor que se le dispensaba conforme a lo que se proclamó y que había sido vestido de púrpura, todos se dieron a la fuga. 65El rey le confirió el honor de contarlo entre sus mejores amigos y le nombró estratega y gobernador. 66Y Jonatán regresó a Jerusalén en paz y contento.
67El año ciento sesenta y cinco, Demetrio, hijo de Demetrio, vino desde Creta a la tierra de sus padres. 68Cuando lo supo el rey Alejandro, se llenó de congoja y decidió regresar a Antioquía. 69Demetrio confió el gobierno de Celesiria a Apolonio. Éste reunió un gran ejército, acampó frente a Yamnia y le envió al sumo sacerdote Jonatán este mensaje:
70«Tú eres el único que se ha sublevado contra nosotros. Por culpa tuya yo he sido objeto de burla y oprobio. ¿Por qué impones tu poder sobre nosotros en los montes? 71Si tan seguro estás de tus fuerzas, desciende ahora a la llanura hasta nosotros y vamos a medirnos allí, pues tengo conmigo el ejército de las ciudades. 72Pregunta y averigua quién soy yo y quiénes son los otros que nos ayudan. Éstos te dirán que no podrán mantenerse en pie ante nosotros, pues por dos veces hemos hecho huir a tus padres en su propia tierra. 73No podrás resistir a la caballería y a semejante ejército en la llanura, donde no existe roca ni escollo, ni lugar donde refugiarse».
74Cuando Jonatán escuchó las palabras de Apolonio se enardeció. Seleccionó diez mil hombres y salió de Jerusalén. Su hermano Simón vino en su ayuda. 75Acampó frente a Jope, pues sus habitantes la habían cerrado porque estaba allí una guarnición de Apolonio. Entonces la asaltaron, 76y sus habitantes, llenos de miedo, abrieron las puertas. Y Jonatán se adueñó de Jope.
77En cuanto se enteró Apolonio, movilizó un ejército de tres mil jinetes y una numerosa tropa y se dirigió hacia Azoto aparentando pasar de largo. Pero inmediatamente se adentró en la llanura porque tenía una caballería muy numerosa y estaba muy seguro de ella. 78Jonatán salió en su persecución hacia Azoto, y los ejércitos entablaron batalla. 79Apolonio había dejado mil jinetes escondidos tras ellos. 80Jonatán se dio cuenta de que les habían tendido una emboscada a sus espaldas y de que tenían rodeado a su ejército. Estuvieron lanzando flechas contra el pueblo desde la mañana hasta el atardecer, 81pero el pueblo consiguió mantenerse firme tal como le había ordenado Jonatán, mientras que la caballería enemiga se iba debilitando. 82Entonces Simón mandó salir a su ejército y atacó a la falange porque la caballería estaba ya agotada. Fueron aplastados por él y les hizo huir. 83La caballería se dispersó por la llanura y huyeron a Azoto. Entraron en Bet–Dagón, el templo de su ídolo, para poderse salvar. 84Pero Jonatán incendió Azoto y las aldeas vecinas. Se apoderó de sus despojos e incendió el templo de Dagón con todos los que se habían refugiado dentro. 85El número de los que cayeron a espada y de los que perecieron entre las llamas fue de cerca de ocho mil hombres.
86Jonatán se marchó de allí y acampó frente a Ascalón cuyos habitantes le salieron al encuentro con grandes honores. 87Jonatán y los suyos regresaron a Jerusalén llevando un enorme botín. 88Cuando el rey Alejandro se enteró de estos sucesos añadió todavía más gloria a Jonatán. 89Le envió la hebilla de oro que era costumbre enviar a los parientes de los reyes y le dio en propiedad Acarón con todos sus territorios.
111 M1El rey de Egipto reunió unas fuerzas tan numerosas como la arena de la orilla del mar y muchos barcos. Trataba de apoderarse con engaño del reino de Alejandro para anexionarlo al suyo propio. 2Partió hacia Siria en son de paz. Los habitantes de las ciudades le abrían sus puertas y salían a recibirle porque el rey Alejandro les había ordenado que salieran a su encuentro por ser él su suegro. 3Sin embargo, cuando Tolomeo entraba en las ciudades dejaba en cada una de ellas algunas tropas como guarnición.
4Cuando Tolomeo se aproximó a Azoto le mostraron el templo incendiado de Dagón, las aldeas destruidas de los alrededores, los cadáveres por el suelo y los restos de los que habían sido quemados en la guerra, porque los habían amontonado a lo largo del camino del rey. 5Le contaron también todo lo que había hecho Jonatán con la intención de ponerlo en evidencia, pero el rey calló. 6En Jope Jonatán salió al encuentro del rey suntuosamente. Se saludaron mutuamente e hicieron noche allí. 7Jonatán acompañó al rey hasta el río que se llamaba Eléuteros y regresó a Jerusalén. 8Pero el rey Tolomeo se fue apoderando de todas las ciudades situadas en la costa hasta Seleucia del Mar y tramó planes perversos contra Alejandro. 9Mandó embajadores al rey Demetrio para decirle:
—Ven. Hagamos un pacto entre nosotros: yo te entregaré a mi hija, la que tiene Alejandro, y reinarás en el trono de tu padre, 10pues me he arrepentido de haberle entregado mi hija porque él ha intentado matarme.
11Y le difamaba porque ambicionaba su reino. 12Le quitó a su hija y se la entregó a Demetrio. Se enemistó con Alejandro y su hostilidad se hizo patente. 13Tolomeo entró en Antioquía y se impuso la corona de Asia. De ese modo puso sobre su cabeza las dos coronas: la de Egipto y la de Asia. 14Por ese tiempo, el rey Alejandro se encontraba en Cilicia porque los habitantes de aquella provincia se habían sublevado, 15y cuando esto llegó a oídos de Alejandro, marchó a combatir contra él. Pero Tolomeo le salió a su encuentro con poderosas fuerzas y le obligó a replegarse. 16Alejandro entonces huyó a Arabia para protegerse allí, y el rey Tolomeo llegó a lo más alto de su poder. 17El árabe Zabdiel le cortó la cabeza a Alejandro y se la mandó a Tolomeo. 18Pero el rey Tolomeo murió tres días después, y los que se hallaban en las fortalezas fueron ejecutados por sus habitantes. 19De esta manera Demetrio comenzó a reinar el año ciento sesenta y siete.
20En aquellos días Jonatán reunió a los hombres de Judea para atacar la Ciudadela de Jerusalén, y dispuso contra ella muchas máquinas de asalto. 21Entonces algunos hombres malvados que odiaban a su pueblo corrieron al rey para anunciarle que Jonatán estaba asediando la Ciudadela. 22Éste, al oírles, se enfureció. Nada más escuchar la noticia se movilizó y marchó a Tolemaida. Escribió a Jonatán para que dejara el asedio y fuera a su encuentro lo antes posible a Tolemaida para hablar con él. 23Pero cuando Jonatán recibió el mensaje, ordenó continuar el asedio, eligió a algunos de los ancianos de Israel y a algunos sacerdotes y decidió exponerse él mismo al peligro. 24Tomó oro, plata, vestidos y otros muchos regalos y salió adonde estaba el rey en Tolemaida ganándose su confianza. 25Y aunque había algunos inicuos que le acusaban, 26el rey lo trató como lo habían hecho sus predecesores y lo ensalzó delante de todos sus amigos. 27Le confirmó en la dignidad de sumo sacerdote y en todas las prerrogativas de las que había gozado antes, y determinó que fuera considerado uno de sus principales amigos. 28Jonatán solicitó al rey que eximiera de los tributos a Judea, a los tres distritos y a Samaría, prometiéndole a cambio trescientos talentos. 29El rey accedió y escribió a Jonatán cartas en relación a todos estos asuntos con el siguiente contenido:
30«El rey Demetrio al hermano Jonatán y al pueblo judío: saludos. 31Les remitimos esta copia de la carta que sobre ustedes hemos escrito a nuestro pariente Lástenes para que tengan conocimiento de ella:
32“El rey Demetrio a su padre Lástenes: saludos. 33Hemos decidido favorecer al pueblo judío, que son amigos nuestros y respetuosos con nuestros derechos, por su buena disposición hacia nosotros. 34Les hemos asignado el territorio de Judea y los tres distritos de Aferema, Lida y Ramataim. Éstos, junto con todas sus regiones colindantes, han sido anexionados de Samaría a Judea en beneficio de cuantos ofrecen sacrificios en Jerusalén, en sustitución de los impuestos reales sobre los frutos de la tierra y los árboles que anteriormente el rey percibía de ellos todos los años. 35Y de ahora en adelante les cedemos también todo lo demás que nos corresponde de los diezmos y de los impuestos a los que tenemos derecho, y también las salinas y las coronas que nos corresponden. 36De hoy en adelante ninguna de estas disposiciones será revocada. 37Ahora procuren hacer una copia de esta carta y remítanla a Jonatán para que sea expuesta en un lugar visible sobre el monte santo”».
38Al ver el rey Demetrio que el país estaba en calma bajo su dominio y que no se le oponía nadie, licenció a todas sus tropas para que cada uno fuera a su lugar de origen, menos a las fuerzas de los extranjeros reclutadas de las islas de los gentiles. Entonces se enemistaron con él las tropas de sus padres. 39Cuando Trifón, que antes había apoyado a Alejandro, notó que todas las tropas murmuraban contra Demetrio, se dirigió al árabe Imalcué que estaba educando a Antíoco, el hijo de Alejandro, 40y le instó a que se lo entregara para que reinara en lugar de su padre. Le refirió todo lo que había hecho Demetrio, así como la enemistad que le tenían sus soldados, y permaneció allí varios días.
41Jonatán mandó pedir al rey Demetrio que retirara las tropas de la Ciudadela de Jerusalén y las de las demás fortalezas, porque continuaban los ataques contra Israel. 42Demetrio respondió a Jonatán diciendo:
—En cuanto tenga la oportunidad no sólo haré eso por ti y por tu pueblo, sino que te colmaré de honores a ti y a tu pueblo. 43Así que ahora harías bien en enviarme hombres que luchen a mi lado porque todas mis tropas se han rebelado.
44Jonatán le envió a Antioquía tres mil hombres muy valientes. Cuando se presentaron ante el rey, se alegró mucho de su llegada, 45porque los habitantes de la ciudad, casi ciento veinte mil, se habían congregado en el centro de la ciudad y querían eliminar al rey. 46Él se tuvo que refugiar en palacio y los habitantes ocuparon las calles de la ciudad y comenzaron a luchar. 47Entonces el rey llamó en su ayuda a los judíos. Todos ellos se congregaron a su lado y luego se repartieron por la ciudad. Aquel día mataron a casi cien mil hombres, 48incendiaron la ciudad, consiguieron un enorme botín y salvaron al rey. 49Los ciudadanos, viendo que los judíos dominaban la ciudad a su antojo, se acobardaron y suplicaron al rey gritando:
50—¡Danos tu mano derecha y haz que los judíos dejen de atacarnos a nosotros y a la ciudad!
51Después depusieron las armas e hicieron la paz. Entonces los judíos alcanzaron gran prestigio ante el rey y ante cuantos residían en su reino, y regresaron a Jerusalén llevándose consigo un enorme botín.
52El rey Demetrio se sentó en el trono de su reino y con él el país gozó de tranquilidad. 53Pero no mantuvo su palabra de todo cuanto había afirmado y se enemistó con Jonatán; no correspondió a los favores que le había hecho y le hizo sufrir mucho.
54Después de estos acontecimientos, Trifón volvió y con él Antíoco, todavía un muchacho joven, que se proclamó rey y se impuso la corona. 55Se le unieron todas las tropas que Demetrio había licenciado y combatieron contra éste, que tuvo que huir y replegarse. 56Trifón se apoderó de los elefantes y se hizo con el control de Antioquía. 57Entonces el joven Antíoco escribió a Jonatán:
«Te confirmo en el sumo sacerdocio, te pongo al frente de los cuatro distritos para que seas uno de los amigos del rey».
58También le envió una vajilla de oro con la autorización de beber en copas de oro, vestir la púrpura y llevar la hebilla de oro. 59Y nombró a su hermano Simón estratega desde la Escala de Tiro hasta la frontera de Egipto.
60Jonatán salió a recorrer la provincia de la otra parte del río y sus ciudades. Todo el ejército de Siria se le unió como aliado. Llegó hasta Ascalón y sus habitantes le salieron al encuentro con honores. 61Desde allí se fue a Gaza, pero sus habitantes le cerraron las puertas. Entonces Jonatán la sitió, incendió las aldeas de los alrededores y las saqueó. 62Los habitantes de Gaza le suplicaron y él les tendió la mano derecha, pero se llevó como rehenes a los hijos de los jefes y los envió a Jerusalén. Y recorrió toda la región hasta Damasco. 63Al conocer Jonatán que los jefes de Demetrio se habían presentado en Quedes de Galilea con un numeroso ejército para deponerle del cargo, 64marchó a enfrentarse a ellos dejando a su hermano Simón en el país. 65Simón acampó frente a Bet–Sur, combatió contra ella durante muchos días y la sitió. 66Entonces le pidieron que les tendiese la mano derecha y él se lo concedió. Los expulsó de allí, ocupó la ciudad y colocó en ella una guarnición.
67Jonatán y su ejército acamparon junto al lago de Genesaret y se dirigieron muy de mañana hacia la llanura de Asor. 68Y resultó que el ejército de los extranjeros se puso a avanzar por la llanura, después de haber preparado emboscadas en los montes, mientras ellos avanzaban de frente. 69Los emboscados salieron de sus posiciones y trabaron combate. 70Todos los hombres de Jonatán menos Matatías, hijo de Absalón, y Judas, hijo de Calfi, comandantes de sus ejércitos, huyeron. 71Entonces Jonatán, rasgándose las vestiduras y cubriéndose la cabeza de polvo, comenzó a rezar. 72Volvió a combatir contra ellos, los obligó a replegarse y tuvieron que huir. 73Cuando los hombres que habían huido de su propio ejército lo vieron, volvieron con Jonatán y se le unieron en la persecución hasta Quedes, el lugar donde habían colocado el campamento. Y también ellos acamparon allí. 74Aquel día cayeron cerca de tres mil extranjeros. Después Jonatán regresó a Jerusalén.
121 M1Al ver que la ocasión le era propicia, Jonatán eligió a unos hombres y los envió a Roma para restablecer y renovar la amistad con los romanos. 2También envió cartas en el mismo sentido a los espartanos y a otras ciudades. 3Partieron, pues, para Roma, entraron en el Senado y dijeron:
—El sumo sacerdote Jonatán y el pueblo judío nos han enviado para renovar la amistad y el pacto que teníamos antes.
4Los romanos les dieron cartas destinadas a las autoridades de distintos lugares para que les ayudaran a llegar en paz a la tierra de Judá.
5Ésta es la copia de la carta que Jonatán escribió a los espartanos:
6«Jonatán, sumo sacerdote, el consejo de ancianos del pueblo, los sacerdotes y todo el resto del pueblo judío a los hermanos espartanos: saludos. 7Ya hace tiempo que su rey Areio envió una carta a Onías, sumo sacerdote, en la que se decía que ustedes eran nuestros hermanos, tal como consta en la copia adjunta. 8Onías recibió con honores al enviado y aceptó la carta en la que figuraban las declaraciones de alianza y de amistad. 9Aunque no las necesitamos, porque tenemos el consuelo de las escrituras santas que están en nuestras manos, 10les enviamos esta embajada con la intención de renovar la fraternidad y la amistad con ustedes para no distanciarnos, pues ha pasado mucho tiempo desde que nos enviaron su embajada. 11Por lo que a nosotros se refiere, nos acordamos continuamente de ustedes siempre que ofrecemos sacrificios en las fiestas y en los restantes días prescritos, así como en nuestras plegarias, porque es necesario y muy conveniente acordarse de los hermanos. 12Nos alegramos de su gloria. 13Pues aunque nos han sobrevenido innumerables tribulaciones y numerosas guerras y los reyes de los países vecinos nos han atacado, 14no hemos querido involucrarlos ni a ustedes ni a otros aliados y amigos nuestros en esas guerras. 15Contamos con la ayuda que viene del cielo para socorrernos: hemos sido librados de nuestros enemigos y ellos han sido humillados. 16Así que hemos elegido a Numenio, hijo de Antíoco, y a Antípatro, hijo de Jasón, y los hemos enviado a los romanos con el fin de renovar nuestra amistad y alianza anterior. 17También les hemos dado orden de dirigirse donde ustedes para saludarlos y entregarles nuestra carta concerniente a la renovación de nuestra fraternidad. 18Así pues, les agradeceríamos que nos diesen contestación al respecto».
19Y ésta es la copia de la carta que ellos habían enviado a Onías:
20«Areio, rey de los espartanos, a Onías, sumo sacerdote: saludos. 21Se ha encontrado un documento en el que se afirma que espartanos y judíos son hermanos y descienden de la estirpe de Abrahán. 22Ahora que hemos tenido conocimiento de ello, les agradeceríamos que nos escribieran sobre su bienestar. 23Por nuestra parte les escribimos que su ganado y sus bienes nos pertenecen, y que los nuestros son suyos. Así lo hemos dispuesto para que se les comunique de acuerdo con ello».