COMENTARIO

 1 M 9,23-12,53 

La época de Jonatán se caracteriza no tanto por las victorias con las armas cuanto por las victorias diplomáticas. Jonatán lidera al pueblo judío del 160 al 142 a.C. Tras la muerte de Judas es él quien se enfrenta al general sirio Báquides hasta derrotarle (9,23-73). Pero la situación político–militar cambia el año 152 a.C. cuando comienza una guerra civil entre los dos pretendientes al trono de Siria: Alejandro Balas, sucesor de Antíoco V (cfr 6,17), por un lado, y los sucesores de Seleuco IV, uno de los cuales, Demetrio I, ocupaba el trono (cfr 7,1), por otro. Ambos quieren captar para su causa a los judíos y ofrecen a Jonatán notables ventajas. Alejandro llega incluso a nombrarle sumo sacerdote (10,1). Jonatán se inclina del lado de Alejandro, y es nombrado jefe militar (estratega) y gobernador de los judíos (10,48-66); pero tendrá que enfrentarse a Demetrio II, hijo de Demetrio I. Jonatán vence a Apolonio, general de Demetrio II, en las ciudades de la costa mediterránea (10,67-88). Pero Demetrio II logra hacerse con el trono merced a la ayuda de Tolomeo, rey de Egipto, el año 145 a.C. (11,1-19). El nuevo rey no quiere tener como enemigo a los judíos, y no sólo ratifica las concesiones hechas por Alejandro, sino que les exime de pagar tributos (11,20-37). Jonatán está ahora del lado de Demetrio II y le envía soldados que le ayuden a mantenerse en el trono (11,38-53).

Sin embargo, pronto, el año 144 a.C., el hijo de Alejandro, Antíoco VI, recupera el trono de su padre apoyado por Trifón, un personaje ambicioso que causará grandes males a los judíos. Jonatán se pone entonces al lado de Antíoco VI y lucha contra el ejército de Demetrio obteniendo importantes victorias en Galilea (11,54-74). Es el momento propicio para ratificar los tratados con Roma y Esparta, y así lo hace Jonatán (12,1-23), que sigue luchando contra las tropas de Demetrio. De esta forma él consigue imponerse en los territorios de norte, en la región de Amat, y su hermano Simón en el este. Tras asegurar la sumisión en aquellas regiones, reconstruyen Jerusalén (12,24-38). Pero en la corte de Antíoco VI las cosas no van bien: Trifón da muerte al rey y ocupa el trono; luego tiende una trampa a Jonatán y le hace prisionero en Tolemaida (12,39-53).

Con Jonatán los judíos adquieren no sólo la independencia y libertad religiosa, sino también la soberanía política, pero al mismo tiempo entran en el juego de la lucha por el poder dentro del imperio sirio. Los sorprendentes cambios de bando que realiza Jonatán muestran su talante práctico y su habilidad en el terreno político. De ello se sirve Dios para ir conduciendo a su pueblo.

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