COMENTARIO
Alejandro Epífanes, también llamado Alejandro Balas, era un desconocido que, habiéndose ganado el favor de los romanos, se presentó como hijo de Antíoco IV (según Flavio Josefo, Antiquitates Iudaicae 13,35). Jonatán sabe sacar partido de las ofertas que se le hacen desde los dos bandos. Acepta la oferta de Demetrio y se traslada a Jerusalén exigiendo la liberación de los rehenes retenidos en la Ciudadela (vv. 3-14); y por otro lado, acepta también la oferta del sumo sacerdocio hecha por Alejandro (vv. 15-21). Al final se inclina por el bando de Alejandro (vv. 46-47). Jonatán actuó con buen sentido, pues este último resultó vencedor. Sin embargo, seguramente no todos los judíos estuvieron de acuerdo con esa decisión tan valorada en 1 M —y quizá por eso la carta de Demetrio va dirigida al pueblo judío, no a Jonatán (v. 25)—, ya que, de hecho, suponía arrebatar el sumo sacerdocio a la familia de los Oníadas que lo ostentaban tradicionalmente (cfr 12,7-8.19-20; 2 M 3,1-5; 4,7). Sabemos que Onías IV, hijo de Onías III, al que en realidad pertenecía tal cargo, partió a Egipto y levantó allí un templo réplica del de Jerusalén (cfr Flavio Josefo, Antiquitates Iudaicae 12,387; 13,62-73). Se piensa que es a Jonatán a quien designan con el nombre de «sacerdote impío» los que se retiraron a Qumrán con el «Maestro de Justicia».