COMENTARIO
Esta carta, escrita en el año 124 a.C., refleja, ante todo, la comunión entre los judíos de Jerusalén y los de Egipto, fundada en que todos participan igualmente de la Alianza de Dios con los patriarcas, y que se debe manifestar en la celebración común de la fiesta de la Dedicación del Templo de Jerusalén llamada aquí fiesta «de las Tiendas del mes de Kisleu» (v. 9) por su semejanza con la de los Tabernáculos (cfr 10,1-8). Incluye el resumen de otra carta escrita el año 143 a.C., en la que los judíos de Jerusalén habían notificado a los de Egipto la reanudación del culto. Aspecto fundamental de esa comunión es la oración de unos por otros (v. 6). A este respecto comenta San Ambrosio: «Si oras solamente por ti, serás, como ya hemos dicho, el único intercesor en favor tuyo. En cambio, si tú oras por todos, también la oración de todos te aprovechará a ti, pues tú formas también parte del todo. De esta manera, obtendrás una gran recompensa, pues la oración de cada miembro del pueblo se enriquecerá con la oración de todos los demás miembros. (De Cain et Abel 1,9,39).