COMENTARIO
La documentación epistolar precedente servía ya al propósito del libro: mostrar cómo se desarrollaron los hechos que llevaron a la liberación del judaísmo y a la institución de la fiesta de la Dedicación del Templo. Ahora el autor de 2 M informa sobre la fuente de la que ha extraído los datos (vv. 19-23) y de su propia forma de proceder (vv. 24-32). De Jasón de Cirene no conocemos nada más de lo que aquí se dice. Hay que suponer que el redactor de 2 M hizo con fidelidad su resumen; pero no podemos saber hasta qué punto es obra suya la interpretación religiosa de los hechos y de los sentimientos de los personajes, constante a lo largo de todo el libro; tampoco sabemos si la obra de Jasón acababa con el reinado de Antíoco V Eupátor (v. 20), mientras que 2 M continúa narrando la historia de los tiempos de su sucesor, Demetrio I (cfr 2 M 14-15). En cualquier caso, el autor inspirado de 2 M no asume la responsabilidad de la exactitud histórica (v. 30). Su preocupación es hacer una obra de lectura agradable y útil para el lector (v. 25). Aunque parece que no era propósito inicial del hagiógrafo relatar los sucesos bajo el reinado de Demetrio I, rey de los seléucidas sirios, de hecho dedica los dos últimos capítulos (14 y 15) a la lucha de Judas Macabeo contra Nicanor, general de Demetrio I. Es posible que el autor de 2 M haya optado por tal ampliación para explicar el origen de la fiesta de la muerte de Nicanor, celebrada en la víspera del Día de Mardoqueo (15,36).
La confesión que hace el autor en este pasaje sobre sus vicisitudes en la composición del libro —y su renuncia a la exactitud a la hora de narrar los detalles de los acontecimientos (v. 28)— hicieron dudar a algunos Padres, y a algunos autores cristianos, de la veracidad del libro, y en consecuencia de su canonicidad. Sin embargo, esta confesión nos ayuda a comprender mejor cómo actúa la inspiración divina en el hagiógrafo: no facilitando milagrosamente los datos al escritor, sino precisamente, y de modo misterioso, a través de los propios intereses del autor del libro y de su esfuerzo literario: «En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería» (Conc. Vaticano II, Dei Verbum, n. 11).