COMENTARIO
cfr 1 M 2,42-48. El autor de 2 M sólo se fija en la acción de Judas, al que ve como modelo de oración, de confianza en Dios, de amor a su pueblo, de buen estratega militar, de valentía y de generosidad con los pobres. La batalla contra Nicanor y Gorgias (vv. 8-29) se encuentra narrada con más detalle en 1 M 3,38-4,25, por donde sabemos que tuvo lugar en Emaús el año 165 a.C. Los combates contra Timoteo y Báquides (vv. 30-33) se desarrollan, en cambio, el primero en Transjordania el año 163 a.C. (cfr 1 M 5,6-7), y el segundo en la región de Judá el año 161 a.C. (cfr 1 M 7,8-24). En 2 M estos episodios se encuentran reunidos y entremezclados, quizá porque el argumento es semejante y para resaltar las luchas que hubo de afrontar Judas antes de la purificación del Templo.
Desde el punto de vista del autor sagrado, las victorias de Judas se deben a que Dios ha escuchado «el grito de la sangre que clamaba hasta Él» (v. 3), es decir, ha aceptado el sacrificio de los mártires (cfr cap. 6-7), y a que la ira divina se ha cambiado en misericordia (v. 5). La lectura del libro de la Ley (v. 23) tiene ahora la función de las palabras de los profetas (cfr 1 M 3,48). La cruel venganza de los judíos con los prisioneros (vv. 32-33) se ha de comprender teniendo en cuenta la ley del talión y la relación que el autor de 2 M va mostrando entre el pecado cometido y el castigo del pecador.