COMENTARIO

 2 M 14,26-36 

Frente a la noble actitud de Judas, Alcimo emplea la mentira acusando a Judas y a Nicanor de deslealtad al rey, y temiendo quizás que Judas llegara a ser nombrado sumo sacerdote o «amigo del rey». Nicanor reacciona con servilismo hacia el rey y con deslealtad hacia Judas, pero éste se muestra más inteligente. La actitud de Nicanor ante el Templo es incluso peor que la de Antíoco IV, pues amenaza no sólo con profanarlo sino con destruirlo.

El comportamiento de Nicanor que, aun reconociendo la rectitud de Judas (v. 28), busca por todos los medios darle muerte, recuerda el de Pilato ante nuestro Señor Jesucristo y el de aquellos que llegan a conocer la verdad, pero después no saben comportarse con coherencia: «Si existe el derecho de ser respetados en el propio camino de búsqueda de la verdad, existe aún antes la obligación moral, grave para cada uno, de buscar la verdad y de seguirla una vez conocida. En este sentido el Cardenal J.H. Newman, gran defensor de los derechos de la conciencia, afirmaba con decisión: “La conciencia tiene unos derechos porque tiene unos deberes”» (S. Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 34).

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