COMENTARIO
En el último acontecimiento contado en el libro, el autor de 2 M despliega todo su arte de narrador melodramático. El suspense está creado desde el principio al exponer la terrible blasfemia de Nicanor que se cree más poderoso en la tierra que el mismo Dios (v. 5), y, en contraposición, la actitud de Judas que pone su confianza en Dios, apoyándose en las Sagradas Escrituras y en las experiencias de la misericordia divina tenidas anteriormente (v. 9). Con este planteamiento se pone en juego el mismo honor divino y la veracidad de su historia de salvación. El enfrentamiento no es tanto entre Nicanor y Judas, sino entre Nicanor y Dios. El desenlace deberá ser tremendo. Los mismos sucesos están narrados con tonos más sobrios en 1 M 7,33-50.
El recurso a la Sagrada Escritura como fuente de confianza en Dios y de «sabiduría que lleva a la salvación» será más tarde recomendado en 2 Tm 3,15-16, pero en cuanto que las Escrituras llevan «a la fe en Cristo Jesús». Por ello, el Magisterio de la Iglesia anima a vivir de ellas: «Toda la predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritura. En los libros sagrados, el Padre, que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos. Y es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual» (Conc. Vaticano II, Dei Verbum, n. 21).