COMENTARIO
La mención de estas constelaciones refleja que el poder creador de Dios abarca todos los seres que percibimos con los sentidos, como los montes, los astros, los cielos y los mares, incluidos los que tenían carácter mitológico y eran tenidos como divinidades entre los pueblos vecinos de Israel.
Con frecuencia los Santos Padres han subrayado que este v. 9, junto con 38,31-32, muestra cómo todas las cosas, aun las que algunos consideran con poderes sobre el hombre, han sido creadas por Dios y están sometidas a Él. Así, San Gregorio de Nisa, en su polémica contra los arrianos, enseña que los nombres de las constelaciones no suponen ningún poder sobre las personas: «Dios no sólo ha contado el número de las estrellas sino que las llama por su nombre. Esto significa que su conocimiento preciso alcanza a las cosas más pequeñas, y que las conoce una a una como al hombre». (Contra Eunomium 2,435-436). La enseñanza en definitiva es clara: Dios está por encima de todo.
Los nombres de las estrellas «Osa», «Orión», y «Pléyades», que tienen su origen en la mitología griega, son los que utiliza la versión griega y la Vulgata como traducción de los Ais, Quesil, Quimah del texto hebreo, que provienen de la mitología babilónica. Las «Cámaras del Sur» forman otra constelación desconocida en la mitología griega.