El hombre nada puede ante Dios
9Jb1Entonces intervino Job diciendo:
2—En verdad sé que es así.
¿Cómo podrá el hombre ser justo ante Dios?
3Si alguien quiere disputar con Él,
no podrá responder ni una sola vez entre mil.
4Es sabio de corazón y robusto.
¿Quién le ha desafiado y ha salido impune?
5Desplaza los montes sin que se den cuenta
y los zarandea cuando se enfurece.
6Hace temblar la tierra de su sitio,
y que se tambaleen sus pilares.
7Manda al sol y no despunta,
y encierra las estrellas bajo sello.
8Él extiende los cielos por sí solo
y camina por las olas de los mares.
9Él ha hecho la Osa y el Orión,
las Pléyades y las Cámaras del Sur.
10Hace obras grandiosas e insondables,
maravillas que no se pueden contar.
11Si pasa junto a mí, no lo veo,
si me roza no me entero.
12Si se hace con una presa,
¿quién podrá impedirlo?
¿Quién podrá decirle: «Qué estás haciendo»?
13Dios no reprime su cólera,
ante Él se humillan los aliados de Rahab.
14¿Cuánto menos voy yo a replicarle,
ni a elegir argumentos contra Él?
15Pues aunque tuviera razón no replicaría,
pediría favor a quien me juzga.
16Aunque al invocarle me responda,
no creeré que ha escuchado mi voz,
17Él, que me aplasta en la tormenta
y multiplica sin motivo mis heridas.
18No me deja ni tomar aliento,
me llena de amargura.
19Si es por fuerzas, Él es el fuerte;
si por un juicio, ¿quién le hará comparecer?
20Si yo fuera justo, mi boca me condenaría;
si íntegro, ella me declararía culpable.
21Pero, ¿soy íntegro? Ni yo lo sé.
¡Desprecio mi vida!
22Todo es lo mismo. Por eso digo:
al íntegro y al malvado Él los aniquila.
23Si una catástrofe acarrea de repente la muerte,
Él se ríe de la desgracia de los inocentes.
24Ha dejado la tierra en manos de malvados
y tapa el rostro de sus jueces.
Si no es Él, ¿quién entonces?
25Mis días han ido más rápidos que un mensajero,
han huido sin ver la felicidad,
26se deslizan como una canoa de papiro,
como águila que se precipita a la presa.
27Si me digo: «Voy a olvidar mi dolor,
cambiaré mi semblante y lo pondré alegre»,
28veo venir otros dolores,
pues sé que no me declaras inocente.
29Si yo soy perverso,
¿para qué fatigarme en vano?
30Si me lavase con agua de nieve
y limpiara mis manos con lejía,
31me hundirías en el fango
y hasta mis vestiduras me horrorizarían.
32Dios no es un hombre como yo para responderle,
para ir juntos a un pleito.
33No hay un árbitro entre los dos
que pueda interponer su mano entre nosotros,
34que pueda alejar de mí su azote
para que no me espante su terror.
35Pero yo hablaré sin temerle,
pues no es así como yo me siento.
10Jb1Mi alma siente hastío de vivir,
daré rienda suelta a mis quejas,
hablaré entre las amarguras de mi alma.
2He de decir a Dios: «No me condenes,
dame a conocer por qué te querellas contra mí.
3¿Es que te agrada oprimirme,
despreciar la obra de tus manos,
y favorecer los planes de los impíos?
4¿Acaso son de carne tus ojos,
o ves como ven los hombres?
5¿Son tus días como los días de los mortales,
tus años como los de los hombres?
6¿Por qué buscas mi falta
y mi pecado investigas,
7aun sabiendo que no soy culpable
y que no hay quien me libre de tus manos?
8Tus manos me han moldeado, me han formado
con perfección, y luego ¿vas a destruirme?
9Recuerda que me has moldeado como arcilla
y que al polvo me harás volver.
10Me has vertido como leche
y como queso me has cuajado.
11Me has vestido de piel y carne,
de huesos y nervios me has tejido.
12Me has agraciado con la vida
y tu providencia ha guardado mi aliento.
13Pero algo has mantenido oculto en tu corazón;
he sabido lo que había dentro de Ti.
14Si pecaba, me observabas
y no dejabas pasar mi falta.
15Si soy culpable, ¡ay de mí!;
si justo, no puedo alzar la cabeza,
estando saturado de ignominia y saciado de aflicción.
16Si me levanto me darás caza como a un león
y volverás a mostrar tus poderes contra mí;
17renovarás contra mí tus ataques,
multiplicarás tu indignación conmigo;
tropas de refresco vendrán contra mí.
18¿Por qué me sacaste del seno materno?
Habría muerto y nadie me habría visto.
19Sería como si no hubiera existido,
trasladado del vientre a la tumba.
20¿No me quedan pocos días de vida?
Apártate de mí para poder disfrutar un poco,
21antes de partir para no volver
al país de tinieblas y sombras,
22a la región tenebrosa de sombras y desorden,
donde hasta la claridad es oscura».
Acusación a Job de insolencia
11Jb1Sofar, el naamatita, intervino diciendo:
2—El que tanto habla ¿no recibirá respuesta?
¿Va a tener razón el más locuaz?
3¿Harán callar a los hombres tus palabrerías?
¿Te mofarás sin que nadie te conteste?
4Tú has dicho: «Mi doctrina es pura,
soy íntegro a tus ojos».
5Bueno sería que Dios hablara
y abriera sus labios para ti:
6te descubriría los secretos de la sabiduría,
fascinantes para el entendimiento,
y sabrías que Dios pasa por alto parte de tus culpas.
7¿Vas a sondear las profundidades de Dios,
vas a penetrar hasta la perfección del Omnipotente?
8Es más alta que los cielos, ¿qué podrás hacer?,
más profunda que el sheol, ¿qué podrás saber?
9Su dimensión es más larga que la tierra
y más ancha que los mares.
10Si Dios pasa, si encarcela,
si cita a juicio, ¿quién podrá impedirlo?
11Porque Él conoce a los hombres falaces
y viendo la maldad, ¿no la tendrá en cuenta?
12El hombre necio se hará sagaz
cuando el onagro se deje domesticar.
13Si tú enderezas el corazón
y diriges tus manos hacia Dios,
14si alejas la maldición de tus manos
y no admites en tu tienda la injusticia,
15entonces alzarás tu rostro limpio,
estarás seguro, no sentirás temor.
16Olvidarás todas tus penas,
como agua que pasó las recordarás.
17Como el mediodía brillará tu vida
y la oscuridad se tornará en mañana radiante.
18Vivirás seguro porque tendrás esperanza;
mirando alrededor, reposarás tranquilo;
19descansarás sin que nadie te inquiete,
y muchos querrán adularte.
20Pero los ojos de los impíos se irán consumiendo
no habrá para ellos refugio
y su esperanza será entregar el alma.
Apelación a Dios en medio del dolor
12Jb1Entonces intervino Job diciendo:
2—Realmente ustedes son la esencia del pueblo,
con ustedes se acaba la sabiduría.
3Pero también yo tengo inteligencia como ustedes,
no soy yo más simple que ustedes;
y ¿quién no conoce estos razonamientos?
4Soy la burla de los amigos,
yo que clamo a Dios para ser escuchado;
yo, el justo y honrado, soy la burla.
5¡Ante la desgracia, desprecio!
—opinan los satisfechos—,
y ¡un golpe a los pies vacilantes!
6En paz están las cuevas de los salteadores
y bien seguros los que irritan a Dios,
los que llevan a Dios en su mano.
7Pero pregunta a las bestias y te instruirán,
a las aves del cielo y te informarán,
8a los reptiles de la tierra y te enseñarán,
te lo explicarán los peces del mar.
9¿Quién no sabe de entre todos estos seres
que es la mano del Señor quien lo ha hecho?
10En su mano está el alma de todo viviente
y el espíritu de toda carne.
11¿No distingue el oído las palabras
y el paladar los alimentos?
12En los ancianos está la sabiduría
y en los muchos años la inteligencia.
13De Dios es la sabiduría y la fuerza,
suyos son la inteligencia y el consejo.
14Lo que Él destruye, no se restaura;
a quien encierra, nadie puede librarlo.
15Si retiene las aguas, viene la sequía,
si las suelta, arruinan la tierra.
16Dios tiene fuerza e ingenio,
suyos son el seducido y el seductor.
17Él hace desvariar a los consejeros
y enloquecer a los jueces.
18Despoja las insignias de los reyes
y les ciñe la cintura con cadenas.
19Él hace desvariar a los sacerdotes
y derriba a los poderosos;
20quita el habla a los que están seguros,
y a los ancianos arranca el juicio.
21Vierte desprecio sobre los nobles
y suelta el cinturón de los más fuertes.
22Descubre las tinieblas desde su profundidad,
y convierte en luminosidad las sombras.
23Engrandece a las naciones y luego las destruye;
ensancha los pueblos y los dispersa.
24Quita el entendimiento a los jefes del país
y los hace vagar por el desierto sin rumbo;
25van palpando en las tinieblas, sin luz,
se tambalean como borrachos.
13Jb1Todo esto han visto mis ojos,
mis oídos lo han escuchado
y lo han entendido bien.
2Como ustedes, también yo lo sé;
que no soy más simple que ustedes.
3Pero es al Omnipotente a quien me dirijo,
con Dios mismo quiero disputar.
4Que ustedes todo lo maquillan con mentiras,
son médicos sin fundamento.
5Quien se enmudeciera del todo
se haría sabio.
6Escuchen, por favor, mi defensa,
atiendan a las razones de mi boca.
7¿Van a hablar a favor de Dios con mentiras,
en su defensa dirán falsedades?
8¿Así piensan defender su causa,
disputar así en su favor?
9Sería bueno que se examinara Él.
¿O piensan que se le puede engañar
como se engaña a un hombre?
10Se los demandará severamente
si en secreto se muestran parciales.
11¿Acaso no se sobrecoge su majestad,
no pesa sobre ustedes su terror?
12Sus máximas son proverbios de ceniza,
respuestas de barro, sus réplicas.
13Callen un momento, que pueda hablar yo,
me pase lo que me pase;
14voy a poner mi carne entre los dientes,
voy a mostrar mi alma entre las manos.
15Aunque Él pueda matarme,
seguiré esperando en Él,
sólo quiero defender mi causa en su presencia.
16Esto sería ya mi salvación,
porque ante Él no comparece el impío.
17Escuchen atentamente mis palabras,
presten oído a mi exposición.
18Miren, he preparado bien mi defensa
pues sé que soy inocente.
19¿Quién quiere pleitear conmigo?
Estoy dispuesto a enmudecer y morir.
20Sólo pido que no me hagas dos cosas,
y no me esconderé de tu rostro:
21que alejes de mí tu mano,
y que no me espante tu terror.
22Después llámame y yo responderé,
o hablo yo y Tú me contestarás.
23¿Cuántas son mis culpas y pecados?
Mi delito y mi pecado házmelos saber.
24¿Por qué me escondes tu rostro
y me tratas como a tu enemigo?
25¿A una hoja que el viento se lleva vas a amedrentar,
a una paja seca vas a perseguir?
26Apuntas en mi contra reproches amargos,
me imputas pecados de juventud,
27pones en cepos mis pies,
vigilas todos mis pasos,
examinas las huellas de mis pies.
28Pero el hombre se deshace como leño podrido,
como vestido carcomido de polilla.
14Jb1El hombre nacido de mujer,
corto de días, harto de tormentos,
2brota como flor y se marchita,
y huye como sombra sin pararse.
3¿En un ser así pones tus ojos
y lo conduces a juicio frente a Ti?
4¿Quién podrá encontrar pureza
en lo impuro? Nadie.
5Si sus días están fijados
y el número de sus meses depende de Ti,
si Tú marcas el límite que no puede traspasar,
6aparta de él tus ojos y déjale,
hasta que cumpla, como jornalero, su jornada.
7Porque al árbol le queda la esperanza
de retoñar, en caso de ser cortado,
y no faltan sus renuevos.
8Aunque sus raíces se hagan viejas en la tierra
y su tronco se muera en el polvo,
9en cuanto siente el agua, rebrota
y echa ramas como planta joven.
10En cambio el hombre muere y pasa,
expira el mortal, ¿y dónde va?
11Podrían desaparecer las aguas del mar,
o los ríos disiparse y secarse,
12pero el hombre que se acuesta no se levantará;
se acabarán los cielos pero no despertará
ni saldrá de su sueño.
13¡Quién me diera que me guardaras en el sheol
y me ocultases hasta que cesara tu cólera!
Me fijarías un plazo y te acordarías de mí.
14Cuando un hombre muere, ¿puede revivir?
Todos los días de mi milicia esperaría
hasta que me llegase el relevo.
15Llamarías y yo respondería,
esperando con afán la obra de tus manos.
16Más que contar como ahora mis pasos,
perdonarías mi pecado,
17esconderías en un saco mi delito,
blanquearías mi iniquidad.
18El monte acabará por caer
y la roca cambiará de sitio,
19las aguas desgastarán las piedras,
los aluviones arrastrarán el polvo de la tierra,
pero Tú sigues destruyendo la esperanza
del hombre;
20lo comprimes para siempre y desaparece,
le desfiguras el rostro y lo echas fuera.
21Si sus hijos son alabados no lo sabrá,
si son humillados no lo percibirá.
22Sólo él soporta la angustia de su cuerpo,
sólo sobre él recae el lamento de su alma.
Condena de la actitud de Job
15Jb1Entonces Elifaz, el temanita, intervino diciendo:
2—¿Responde un sabio con ciencia de viento,
o llena su vientre de aire solano?
3¿Replica con palabras inútiles,
con expresiones sin sentido?
4Tú destruyes la piedad
y echas por tierra la petición a Dios,
5pues tu culpa inspira las palabras de tu boca
y adoptas el lenguaje de la astucia.
6Tu boca te condena, no yo;
tus labios dan testimonio contra ti.
7¿Eres el primer hombre que ha nacido?,
¿has sido engendrado antes que los collados?
8¿Has escuchado las confidencias de Dios?
¿Acaparas la sabiduría?
9¿Qué sabes que no sepamos nosotros?
¿Qué conoces que nosotros ignoremos?
10También entre nosotros hay hombres
con canas y con años,
más ancianos que tu padre.
11¿Te parecen poco los consuelos de Dios,
las palabras que te dirigimos con dulzura?
12¿Cómo se te apodera el corazón
y se te encienden tus ojos,
13cuando te revuelves contra Dios
y salen tales palabras de tu boca?
14¿Cómo puede ser puro un hombre?,
¿cómo puede ser justo un nacido de mujer?
15Si Dios no confía en sus santos
ni los cielos son puros a sus ojos,
16mucho menos un ser rebelde y corrompido,
el hombre que bebe como agua la maldad.
17Voy a explicarte, escúchame.
Voy a contarte lo que he visto,
18lo que los sabios enseñan
sin guardar nada de lo recibido de sus padres,
19pues sólo a ellos se les entregó esta tierra
sin que ningún extranjero penetrara entre ellos.
20Todos los días se atormenta el malvado,
contados están los años del tirano.
21Gritos de espanto resuenan siempre en sus oídos;
en momentos de mayor tranquilidad
le asaltan los bandidos.
22No está seguro de escapar de las tinieblas,
se ve destinado a la espada.
23Se agita en busca de pan: «¿Dónde está?».
Sabe que el día tenebroso acecha siempre en su mano.
24Le espanta la angustia y la ansiedad,
le acorralan como un rey que prepara el asalto.
25Porque levantó la mano contra Dios,
contra el Omnipotente se hizo fuerte.
26Corrió contra Él con el cuello erguido,
protegido tras su escudo macizo;
27porque su rostro estaba repleto de grasa
y sus costados rollizos de gordura;
28habitaba en ciudades destruidas,
en casas deshabitadas
que amenazan ruina.
29No llegará a enriquecerse,
ni su fortuna será estable,
ni echará raíces en su tierra.
30No podrá escapar de la tiniebla;
el calor agostará sus renuevos
y el viento arrebatará su flor.
31No se fíe en su vanidad engañosa,
que vanidad será su recompensa;
32antes de tiempo se consumirá
y no reverdecerá su ramaje.
33Será como cepa que pierde su agraz,
como olivo que se queda sin flor.
34La especie del impío es estéril,
el fuego devora las tiendas de corrupción.
35El que concibe malicia y da a luz iniquidad
en su vientre lleva el desencanto.
Súplica a Dios ante el consuelo ficticio de los amigos
16Jb1Job intervino diciendo:
2—He oído muchas cosas como éstas.
¡Consoladores funestos son ustedes!
3¿Habrá fin para estas palabras huecas?
¿Qué te incita a contestarme?
4También yo podría hablar como ustedes
si estuvieran ustedes en mi lugar;
escogería palabras contra ustedes,
meneando la cabeza por ustedes;
5los confortaría con mi boca
y no pararía el movimiento de mis labios.
6En cambio yo, si hablo, no se calma mi dolor;
y si callo, ¿se apartará de mí?
7Ahora me agota el tedio.
Tú has destrozado todo lo que me rodea
8y me has aprisionado. Como testigo de cargo
se levanta mi postración contra mí,
y me replica a la cara.
9Su furor me desgarra y me persigue
rechinando sus dientes contra mí.
Mi enemigo ha clavado en mí sus ojos.
10Todos abren su boca contra mí,
me afrentan y golpean mis mejillas,
juntos forman un bloque contra mí.
11Dios me ha entregado a los perversos,
me ha arrojado en manos de malvados.
12Estaba yo tranquilo y de repente me zarandeó,
me agarró por la nuca y me magulló.
Hizo de mí un blanco para Él;
13me cerca con sus arqueros,
atraviesa mis entrañas sin piedad,
derrama por tierra mi hiel,
14me abre brecha a brecha,
me embiste como un guerrero gigante.
15He cosido a mi piel un saco,
he hundido mi frente en el polvo.
16Mi rostro ha enrojecido por el llanto,
una sombra recubre mis párpados,
17aunque no hay maldad en mis manos
y es pura mi plegaria.
18No ocultes, tierra, mi sangre,
ni haya lugar para esconder mi clamor.
19Todavía está en los cielos mi testigo,
mi defensor habita en las alturas.
20Mis pensamientos son mis intérpretes
y el llanto de mis ojos se dirige a Dios.
21Que Él sea árbitro entre el hombre y Dios,
como lo hay entre un hombre y su prójimo.
22Pues los años que me quedan tienen un número fijo
y voy a emprender el camino sin retorno.
17Jb1Mi espíritu se agota, mis días se me escapan,
sólo me queda el sepulcro.
2¿No estoy rodeado de burlas
y entre amarguras descansan mis ojos?
3Deposita mi fianza junto a Ti,
porque ¿quién, si no, me estrechará la mano?
4Tú has cerrado su corazón al entendimiento,
por eso no les dejas triunfar.
5Como el que anuncia a sus amigos un reparto
mientras los ojos de sus hijos se consumen,
6me ha hecho hablilla de la gente;
he llegado a ser como un salivazo en el rostro.
7Se han apagado mis ojos de tristeza
y mis miembros se diluyen como sombra.
8Los rectos se asombran al verlo,
el inocente se indigna contra el impío,
9pero el justo se aferra a su camino
y el de manos puras aumenta su coraje.
10En cambio, ustedes, todos, vuelvan y acérquense
que no encontraré un solo sabio entre ustedes.
11Mis días pasan, se desvanecen mis proyectos,
todos los deseos de mi corazón
12pretenden hacer de la noche día,
y luz inminente de la tiniebla.
13¿He de seguir esperando? El sheol es mi morada
y en las tinieblas he extendido mi lecho.
14A la fosa grito: «¡Tú eres mi padre!»,
y a los gusanos: «¡Son mi madre y mis hermanos!».
15¿Dónde está, pues, mi esperanza?
Y mi felicidad ¿quién podrá vislumbrarla?
16Descenderán conmigo hasta el sheol,
nos hundiremos juntos en el polvo.
Condena de la presunción de Job
18Jb1Intervino Bildad, el suajita, y dijo:
2—¿Cuándo pondrás fin a las palabras?
Reflexiona y luego hablaremos.
3¿Por qué hemos de ser tenidos como bestias
o como animales impuros ante tus ojos?
4Tú, que te destrozas en tu cólera,
¿va a ser abandonada la tierra por tu causa?,
¿van a cambiar de sitio las rocas?
5La luz del impío se apaga
y ya no brilla la llama del fogón.
6La luz se oscurece en su tienda,
la lámpara que hay en ella se apaga.
7Se acortan sus pasos firmes,
sus propios planes le hacen tropezar,
8pues sus pies le llevan a la red
y camina entre mallas;
9un lazo lo sujeta por el talón,
y un cepo lo agarra con fuerza.
10Oculto en tierra hay un nudo para él,
una trampa le espera en el sendero.
11Le rodean terrores que le turban
y le persiguen paso a paso.
12Su vigor decae por el hambre,
la desgracia se adhiere a su costado.
13El mal devora su piel,
consume sus miembros el hijo de la muerte.
14Se le arranca de su tienda, su seguro,
se le conduce al rey de los terrores.
15Se ocupa la tienda, ya no suya,
sobre su morada se esparce azufre.
16Por abajo se secan sus raíces,
por arriba se marchita su ramaje.
17Su recuerdo desaparece de la tierra,
no tiene nombre en toda la región.
18Se le arroja de la luz a las tinieblas,
de todo el mundo se le expulsa.
19No tiene prole ni descendencia entre su pueblo,
ni hay quien le sobreviva en su morada.
20De su destino se asombran los de occidente,
los de oriente se llenan de horror.
21Éstas son, por tanto, las moradas del impío;
éste, el lugar del que no reconoce a Dios.
Confianza en Dios por encima de todo
19Jb1Job intervino y dijo:
2—¿Hasta cuándo van a afligir mi alma
y me van a humillar con palabras?
3Más de diez veces me han ultrajado,
¿no se avergüenzan de maltratarme?
4Aunque de verdad yo hubiese faltado,
mi error quedaría sólo para mí.
5Si quieren alzarse contra mí
y reprocharme mi oprobio,
6sepan que es Dios quien me ha oprimido,
quien me ha envuelto con su red.
7Si grito: «¡Violencia!», no hallo respuesta;
demando ayuda, pero no hay justicia.
8Él ha cerrado con un muro mi camino
para impedirme pasar,
y ha puesto tinieblas sobre mi sendero.
9Me ha desnudado de mi gloria,
ha arrancado la corona de mi cabeza.
10Ha socavado alrededor mis cimientos
hasta hacerme desaparecer,
ha arrancado como un árbol mi esperanza.
11Se ha encendido su ira contra mí,
me ha tratado como a su enemigo.
12A una han llegado sus huestes,
se han abierto camino contra mí,
han puesto cerco a mi tienda.
13Ha alejado de mí a mis hermanos,
mis conocidos me tratan como a extranjero.
14Han desaparecido mis amigos
y mis íntimos me han olvidado.
15Mis huéspedes y criados me tienen por un extraño,
soy un desconocido a sus ojos.
16Llamo a mi esclavo y no responde,
aunque le implore con mi propia boca.
17Mi aliento es repugnante para mi mujer
y resulto maloliente a los hijos de mis entrañas.
18Hasta los chiquillos me desprecian;
cuando me levanto, murmuran de mí.
19Mis más allegados sienten horror,
los que yo más amaba se han vuelto contra mí.
20A mi piel sin carne se pegan mis huesos,
voy escapando con la piel entre los dientes.
21Tengan piedad, tengan piedad de mí,
ustedes mis amigos,
que la mano de Dios me ha herido.
22¿Por qué me persiguen como me persigue Dios,
y no se sienten ya hartos de mi carne?
23¡Quién me diera poder escribir mis palabras!
¡Quien me diera poderlas grabar sobre bronce!
24¡Y con punzón de hierro y plomo
esculpirlas en la roca para siempre!
25Bien sé yo que mi defensor vive
y que Él, el último, se alzará sobre el polvo.
26Y después de que mi piel se haya destruido,
desde mi carne veré a Dios.
27Yo lo veré por mí mismo,
mis ojos lo contemplarán y no otro.
Dentro de mí desfallecen mis entrañas.
28Si dicen: «¿Cómo podremos perseguirle,
o qué acusación encontraremos contra él?»,
29teman ustedes mismos la espada,
pues las faltas se pagan con espada,
y sabrán que hay uno que juzga.
El destino de los malvados
20Jb1Entonces intervino Sofar, el naamatita, diciendo:
2—Mis reflexiones me mueven a replicarte
por la inquietud que hay dentro de mí.
3Escucho doctrinas que me molestan,
y un soplo de mi inteligencia me impulsa
a responder.
4Sabes esto desde siempre,
desde que el hombre fue puesto sobre la tierra:
5que la alegría de los malvados es breve
y el gozo de los impíos dura un instante.
6Aunque su talla se eleve hasta el cielo
o hasta las nubes levante su cabeza,
7perecerá para siempre como estiércol,
y los que le vieron preguntarán dónde está.
8Como un sueño vuela y no aparece,
se desvanece como visión nocturna.
9Los ojos que lo veían no volverán a mirarlo,
ni contemplarán de nuevo el lugar donde estaba.
10Sus hijos tendrán que indemnizar a los pobres,
y sus manos tendrán que devolver sus bienes.
11Sus huesos, llenos aún de vigor juvenil,
yacen con él en el polvo.
12Si el mal resultaba dulce en su boca
y lo escondía bajo la lengua,
13manteniéndolo sin soltarlo,
sujetándolo bajo el paladar,
14ese alimento se altera en sus entrañas
y se hace en su interior veneno de áspid.
15Las riquezas que tragó tendrá que vomitarlas,
Dios se las arranca de sus entrañas.
16Veneno de áspid chupará
y lo matará la lengua de una víbora.
17No verá ya ríos de aceite,
ni torrentes de miel y de cuajada;
18tendrá que devolver su ganancia sin probarla
y no disfrutará los bienes de su negocio,
19porque reprimió y abandonó a los pobres,
robó casas y no las edificó;
20porque no conoció satisfacción en su interior,
ni pudo resistir a su ansiedad.
21Nada escapa a su ambición,
por tanto su gozo no perdurará.
22En plena abundancia le llega la penuria,
toda la desgracia viene sobre él.
23Cuando su vientre está a punto de llenarse,
Dios envía sobre él el ardor de su cólera
y lanza una lluvia de dolor en su carne.
24Si escapa del arma de hierro
lo alcanza el arco de bronce;
25una flecha sale por su espalda,
y de su hígado una punta brillante.
Todos los terrores vienen sobre él,
26todas las tinieblas lo acechan desde su escondite,
lo devora un fuego que nadie atiza,
y consume lo que aún queda de su tienda.
27Los cielos desvelan su culpa,
la tierra se levanta contra él.
28Una inundación arrastra su casa,
queda derruida el día de la cólera.
29Tal es la suerte que Dios otorga al malvado,
la herencia que le adjudica.