COMENTARIO
Frente a la doctrina simplista de que Dios premia a los buenos y castiga a los malos ya en esta vida, Job aduce el dato más contundente de la experiencia: a todos, buenos y malos, Dios envía la muerte sin consideración de la edad (v. 22), y además, deja que los malvados triunfen (v. 24). Esto muestra que el hombre no puede comprender la forma en que Dios actúa. Por eso es imposible un pleito con Él (v. 19), como es imposible cualquier exigencia por parte del hombre: ni puede exigir de Dios ser escuchado (cfr 9,16) ni ser valorado por su buena conducta (v. 21), ni menos ser tratado con favores especiales (cfr 9,14-15). El hombre, como criatura que es, debe someterse y aceptar los designios divinos, aunque con frecuencia no los comprenda; de lo contrario, corre el peligro de interpretar lo que le acontece como una incongruencia insolente de Dios (vv. 23-24).