COMENTARIO
El Catecismo de la Iglesia Católica cita este versículo como resumen de su enseñanza sobre el quinto mandamiento (n. 2318). En efecto, la Iglesia enseña que «la vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Donum vitae, n. 22; cfr ibidem, n. 2258).