COMENTARIO
Job continúa su discurso con este impresionante alegato dirigido a Dios, en el que se mezclan el desafío y la actitud confiada, la acusación y la esperanza. La solicitud de un pleito con Dios enmarca la nueva búsqueda de solución al problema del hombre que sufre.
En primer lugar, Job interroga a Dios sobre su pecado. Quiere conocerlo para que quede manifiesto que Dios se está excediendo contra él, que no es sino una criatura débil, tan endeble como una hoja llevada por el viento o un vestido carcomido por la polilla (13,20-28). En segundo lugar, Job plantea a Dios qué sentido tiene que Él llame al hombre a juicio y se ensañe con él haciéndole sufrir cuando, en realidad, éste tiene una existencia tan breve y mísera, y está abocado a la muerte sin retorno posible (14,1-12). En comparación con otras criaturas el hombre parece más limitado y caduco (14,7-15). Si Dios tuviera eso en cuenta —continúa Job—, perdonaría en vez de ensañarse (14,16-17); pero no, quita toda esperanza (14,18-20). La reflexión final (14,21-22) viene a ser una cierta añoranza de vida permanente, un inconformismo ante el destino del hombre a morir, un atisbo de esperanza de que no puede terminar todo con la muerte. San Gregorio Magno explica la vida futura a partir de esta sección: «A la vida breve sucede la eternidad. El hombre fue fortalecido un poco al recibir aquí las fuerzas del vivir por breve tiempo para pasar a lo perdurable, donde su vida no estará sujeta a ningún fin» (Moralia in Iob 3,12,19).