COMENTARIO

 Jb 15,1-35 

El segundo discurso de Elifaz es más áspero que el primero (caps. 4-5). En la primera parte (vv. 1-16) interpela con dureza a Job echándole en cara su carencia de sabiduría (vv. 2-3), su escasa piedad (vv. 4-5) y, sobre todo, su falta de pureza y sencillez al quererse enfrentar directamente con Dios (vv. 6-16). Más que una conversación amistosa es una condena despiadada acusándole de no aceptar el contenido de la reflexión sapiencial que él había expuesto (vv. 7-9), ni los consuelos que le han brindado los amigos (vv. 11-13). El final de esta primera parte (vv. 14-16) es repetición casi exacta de parte del discurso anterior (cfr 4,17-19), pero concretando mucho más: en el primer discurso se describe la condición humana en general, aquí se acentúa la impureza y corrupción de Job: ¿cómo un hombre así se atreve a entablar una discusión con el mismo Dios? A pesar de la crudeza de la interpelación, este discurso no contiene ideas o argumentos nuevos, sino que repite el convencimiento de que hay dolor porque previamente ha habido delito.

La segunda parte (vv. 17-35) es una reflexión teórica y, por tanto, fría y desapasionada, pero carente también de novedad en el planteamiento, o de interés en el razonamiento. Con insistencia se reincide en que el impío, incluso cuando parece triunfar, está abocado al fracaso (vv. 20-24); así lo muestran las imágenes de los bandidos (v. 21), de las casas ruinosas (v. 28), o de los árboles que no llegan a dar frutos sazonados a pesar de las apariencias (vv. 31-32).

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