COMENTARIO
«Me ha hecho hablilla de la gente» (cfr Sal 44,15). Se trata de una expresión que refleja la alta consideración que tenían los israelitas de sí mismos. Llegar a ser burla de otros pueblos era una de las mayores desgracias (cfr Sal 79,4; 80,7; Jb 30,9) porque equivalía a sentirse abandonado por Dios. San Agustín, que presenta a Job como prefiguración de la Iglesia, aplica este versículo a las persecuciones: «Me has hecho hablilla de la gente, a mí, al hombre que redimiste, es decir, a la Iglesia de la que hablarán las naciones o que los judíos hablarán de ella a las naciones» (Adnotationes in Iob, 17,6).