COMENTARIO
Este discurso es uno de los más comentados entre los cristianos, en especial los vv. 25-27, que han sido entendidos como confesión de fe en la resurrección. Dentro del libro supone un momento álgido de lirismo y de intensidad en las súplicas. Comienza Job, una vez más, quejándose de sus amigos que le ultrajan y le calumnian: no comprenden que con esto desprecian a Dios, el único causante de sus desgracias (vv. 2-7). A continuación, utilizando expresiones en tercera persona, se queja de cómo actúa Dios con él (vv. 8-20): Dios se ha ensañado con Job como con un enemigo (vv. 8-12) y ha extendido su acción devastadora a los familiares y amigos, a todos los que están cerca de él (vv. 13-20). De modo inesperado formula una súplica angustiosa a los amigos (vv. 21-22), implorando comprensión y pidiendo que se pongan a su favor frente al Dios perseguidor. Y llegamos a la parte más solemne (vv. 23-27) que Job desearía esculpir en bronce o en piedra. A pesar de los pesares su esperanza se dirige a Dios, el único que vive antes de los hombres y el único que permanece cuando éstos han desaparecido. En la conclusión (vv. 28-29) se dirige de nuevo a los amigos para hacerles ver que por encima de su condena hay uno, Dios, que les juzgará también a ellos: «Es necesario temer ahora al Juez, cuando aún no ejercita el juicio, cuando todavía soporta nuestros males y tolera nuestras obras perversas; porque cuando extienda su mano, tanto más severo será el castigo en el juicio cuanto más largo fue el tiempo que nos esperó» (S. Gregorio Magno, Moralia in Iob 3,14,59).