COMENTARIO
El texto original es complejo porque admite varias interpretaciones, en especial la segunda parte «desde mi carne veré a Dios». Nosotros hemos pretendido ceñirnos al hebreo entendiendo que Job espera entablar una contienda directa con Dios (ver a Dios) a pesar de encontrarse en extrema debilidad. La Neovulgata ha acomodado también al original hebreo la versión de la antigua Vulgata que en este punto interpretaba cómo habría de ser la resurrección de la carne: «Y de nuevo, seré rodeado de mi piel, y en mi carne veré a Dios». A tenor de estas palabras el texto ha sido frecuentemente empleado en la tradición de la Iglesia para enseñar la doctrina sobre la resurrección de los muertos. Por ejemplo, San Clemente Romano lo emplea para reafirmar a los fieles de Corinto la promesa en la futura resurrección; y comenta: «Así pues, con esta esperanza unamos nuestras almas a Aquél que es fiel a las promesas y justo en sus juicios. El que mandó no mentir, mucho menos mentirá Él mismo, pues nada hay imposible para Dios a no ser el mentir» (Ad Corinthios 26).
Ahora bien, aun en el supuesto de que aquí no se hable abiertamente de la resurrección al final de los tiempos, no cabe duda de que Job ansía intensamente entablar una relación vital con Dios: Él es el defensor y el autor de la vida, y Él permanece eternamente. Job espera conservar un hilo de vida para «contemplarlo con sus ojos» (cfr v. 27), para dialogar personalmente con Él y no como ajeno o extraño («y no otro»). Se trata, por tanto, de un magnífico canto de esperanza de vida perdurable, que brota desde la más profunda miseria.