COMENTARIO

 Jb 22,29-30 

El final del discurso es sorprendente por la doctrina que encierra, que parece demasiado elevada para estar en labios de Elifaz. El v. 29 en el original es una máxima sin sujeto que admite muchas interpretaciones; así, la Vulgata traducía: «El que sea humillado, alcanzará la gloria», con una expresión próxima al Nuevo Testamento (cfr Mt 23,12; Lc 14,11; 18,14). Nosotros pensamos que el sujeto de la frase es Dios que en la retribución emite un juicio severo sobre los soberbios. El v. 30 es más oscuro aún, y las versiones antiguas difieren del texto hebreo, que dice al pie de la letra: «Él (Dios) librará al no inocente, y será librado por la pureza de tus manos», es decir, Dios librará incluso al culpable gracias a tu inocencia (la de Job). La doctrina de la salvación de los pecadores gracias a la inocencia de un justo no se compagina con la enseñanza de los amigos de Job y resulta extraña en boca de Elifaz. Quizá por eso, tanto la versión griega como la Vulgata leen «hombre inocente» en vez de «no inocente»: «El inocente se salvará; se salvará por la inocencia de sus manos», reflejando la enseñanza tradicional de la retribución. Nuestra traducción recoge el fondo doctrinal de la versión griega y latina, pero mantiene el pronombre original de segunda persona («tus manos»). Elifaz dirá a Job que él, por tanto, recibirá premio o castigo por sus obras. Tal afirmación, siendo cierta, no dice todo acerca de Dios. Así, para que nadie interprete que el cielo es pago necesario y no don gratuito de Dios, San Gregorio Magno explica a propósito de este versículo: «Dios da a cada uno según sus obras (…), pero si se piensa que alguno se salva por la inocencia de sus manos de tal manera que él por sus propias fuerzas llegó a ser inocente, sin duda es error. Porque si la gracia divina no va por delante, nunca llega nadie a ser inocente y a merecer la remuneración» (Moralia in Iob 3,16,25).

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