RESPUESTA DE JOB

El aparente bienestar de los impíos

21Jb1Job intervino diciendo:

2—Escuchen con atención mis palabras,
será para mí su mejor consuelo.
3Tengan paciencia mientras hablo,
después podrán burlarse.
4¿Acaso yo me enfrento con un hombre?
¿Por qué, entonces, habría de ser impaciente?
5Mírenme: se asombrarán
y se llevarán la mano a la boca.
6Al pensar en ello yo mismo me horrorizo
y un escalofrío recorre mi carne.
7¿Por qué siguen viviendo los impíos?
Envejecen y crecen en fortuna.
8Su descendencia está segura junto a ellos,
su prole se desarrolla ante sus ojos.
9Sus casas se mantienen serenas, sin miedo,
pues la vara de Dios no les alcanza.
10Su toro fecunda sin marrar,
su vaca, sin abortar pare.
11Dejan sueltos a sus niños como ovejas,
sus hijos saltan jugueteando.
12Cantan con arpas y cítaras,
se alegran al son de la flauta.
13Disfrutan de la felicidad de su vida
y en paz descienden al sheol.
14Ellos decían a Dios: «Apártate de nosotros,
no queremos conocer tus caminos.
15¿Quién es el Omnipotente para que le sirvamos?
¿Qué nos aprovecha suplicarle?».
16Aunque están en su mano los bienes,
¡lejos de mí el consejo de los impíos!
17¡Cuántas veces se apaga la lámpara de los impíos
y las desgracias irrumpen sobre ellos!
Dios les distribuye dolores en su furor.
18Serán como paja al viento,
como polvo que se lleva el torbellino.
19¿Guardará Dios su rigor sólo para sus hijos?
Que le pague a él, para que aprenda.
20Que sus ojos sean su ruina
y beba de la furia del Omnipotente.
21¿Qué le importa la suerte de su casa,
después de haber desaparecido él,
cuando haya pasado la cuenta de sus meses?
22¿A Dios va a enseñarle sabiduría?
¡Él es quien juzga a los más excelsos!
23Unos mueren en pleno vigor,
colmados de riqueza y felicidad,
24con sus costados bien lustrosos
y jugosa la médula de sus huesos.
25Otros, en cambio, mueren con la amargura
en el alma,
sin haber probado la felicidad.
26Pero unos y otros yacen juntos en el polvo,
recubiertos de gusanos.
27Conozco bien sus pensamientos
y los planes que traman contra mí
28cuando dicen: «¿Dónde está la casa del noble?,
¿dónde, la tienda de los impíos?».
29¿No han preguntado a los que recorren
los caminos?
¿No conocen sus relatos?
30Que el malo queda a salvo en el desastre
y se libra el día del furor.
31¿Quién puede echarle en cara su conducta
o quién retribuye sus obras?
32Cuando al fin le llevan al sepulcro
hacen vela sobre su tumba;
33con dulzura le acogen los terrones del valle,
todo el mundo desfila tras él.
34¿Cómo siguen con sus consuelos vanos?
Falsas me resultan sus respuestas.

TERCER DISCURSO DE ELIFAZ

Acusación de abusos sociales y de impiedad

22Jb1Elifaz, el temanita, intervino diciendo:

2—¿Puede un hombre ser útil a Dios
cuando un sabio apenas es útil para sí?
3¿Busca algún interés el Omnipotente
en que seas justo,
o algún lucro en que tu conducta sea íntegra?
4¿Acaso por tu piedad te corrige
o entabla pleito por eso?
5¿No será más bien por tu mucha malicia
y por tus faltas sin límite?
6Exigías prendas sin motivo a tus hermanos,
arrancabas los vestidos al desnudo;
7no aliviabas al sediento con agua,
y negabas el pan al hambriento.
8Como hombre fuerte, dueño de la tierra,
y afortunado que se asienta en ella,
9a las viudas despedías vacías
y dejabas caídos los brazos de los huérfanos.
10Por eso hay lazos que te aprisionan
y te espanta un súbito terror.
11Entre tinieblas no consigues ver
y una masa de agua te anega.
12¿No está Dios por encima de los cielos?
Mira qué alta es la cumbre de los astros.
13Y tú llegaste a decir: «¿Qué sabe Dios?
¿Puede juzgar a través de los nubarrones?
14Las nubes le tapan y no ve
cuando camina por el contorno de los cielos».
15¿Quieres seguir los viejos caminos
que hallaron los hombres inicuos?
16Éstos fueron arrancados antes de tiempo,
cuando un río inundó sus cimientos.
17Decían a Dios: «Apártate de nosotros.
¿Qué puede hacernos el Omnipotente?».
18Él llena de felicidad sus casas,
pero el consejo de los impíos seguía lejos de mí.
19Los justos vieron esto y se alegraron,
los inocentes se burlaron de ellos.
20¡Cómo han desaparecido sus riquezas!
Lo que quedaba ha sido devorado por el fuego.
21Reconcíliate con Dios y vive en paz con Él;
y así conseguirás muchos bienes.
22Recibe de su boca la Ley
y pon sus palabras en tu corazón.
23Si te vuelves al Omnipotente,
serás restablecido,
y alejarás de tu tienda la iniquidad;
24estimarás el oro como el polvo,
el oro de Ofir como guijarros del torrente;
25será el Omnipotente tu metal precioso
y tu plata más valorada.
26En el Omnipotente tendrás tus delicias,
hacia Dios levantarás tu rostro.
27Le suplicarás y Él te escuchará,
y así podrás cumplir tus votos.
28Lo que decidas te saldrá bien,
en tu camino brillará la luz.
29Porque Él humilla al que habla con soberbia
y salva al que baja los ojos.
30Él libra al inocente;
por la pureza de tus manos te librará.

RESPUESTA DE JOB

El castigo de Dios a los malvados

23Jb1Job intervino diciendo:

2—Todavía hoy es amarga mi queja
pues su mano pesa sobre mi gemir.
3¡Quién me diera conocerle y encontrarle!,
me acercaría hasta su morada.
4Presentaría mi proceso ante Él,
llenando mi boca de argumentos.
5Sabría con qué palabras me responde
y comprendería lo que me dice.
6¿Pleiteará conmigo con todo su poder?
No. Bastará con prestarme atención.
7Entonces el justo disputaría con Él,
y yo me libraría de mi juez para siempre.
8Pero si voy al oriente, Él no está allí;
si al occidente, no lo percibo.
9Si me dirijo al norte, no lo diviso;
si me vuelvo al sur, no llego a verlo.
10Ya que sólo Él conoce mi conducta,
que me pruebe en el crisol, y saldré como el oro.
11A sus huellas se adhieren mis pies,
sigo su camino sin torcerme.
12Del precepto de sus labios no me aparto,
en mi seno guardo las palabras de su boca.
13Pero si Él ha decidido esto, ¿quién le hará cambiar?
Lo que ha proyectado lo hace.
14Así que ejecutará mi sentencia
y otras muchas cosas pensadas contra mí.
15Por tanto, me horrorizo en su presencia
y reflexionando me estremezco.
16Dios me encoge el corazón,
el Omnipotente me aterra,
17aunque aún no he sucumbido a la tiniebla,
ni la oscuridad ha ocultado mi rostro.
24Jb1¿Por qué a Dios no se le ocultan los plazos,
y los que le reconocen no ven su destino?
2Los malos remueven los linderos,
y roban los rebaños para pastorearlos ellos;
3se llevan el asno de los huérfanos,
toman en prenda el buey de la viuda.
4Apartan del camino a los indigentes,
y los pobres de la tierra tienen que ocultarse.
5Como onagros del desierto,
salen a su oficio de hacer presa,
arrancando de la estepa la comida de sus crías.
6Cosechan en campo ajeno,
vendimian en viñas del malvado.
7Pasan la noche desnudos, sin ropa,
sin nada que les proteja del frío;
8se empapan con el aguacero de los montes
y, faltos de cobijo, se pegan a la roca.
9Arrancan al huérfano del pecho de su madre,
y toman en prenda al hijo del pobre.
10Desnudos caminan, sin ropa;
hambrientos transportan gavillas.
11Entre sus muros exprimen aceite,
pisan los lagares, pero están sedientos.
12En la ciudad gimen los moribundos
y el alma de los heridos pide auxilio;
pero Dios no presta oído a su oración.
13Algunos son rebeldes a la luz,
no conocen sus caminos,
no frecuentan sus senderos.
14Al alba se levanta el asesino,
mata a pobres e indigentes,
y en la noche se torna ladrón.
15El ojo del adúltero observa el crepúsculo,
se dice: «Nadie me ve»,
y cubre su rostro con un velo.
16De noche perforan las casas,
de día se ocultan,
no quieren conocer la luz.
17La aurora sigue siendo sombra para ellos
pues están familiarizados con el terror de la sombra.
18Son como objeto liviano sobre el agua,
es maldita su heredad sobre la tierra,
nadie se dirige al lagar de su viña.
19Como la sequía y el calor
absorben el agua de nieve,
así el sheol engulle a los que pecan.
20Le olvida el seno que le formó,
los gusanos le devoran con gusto,
nunca más se le recuerda:
la impiedad queda talada como un árbol;
21pues ha maltratado a la estéril sin hijos,
y no ha favorecido a la viuda.
22Pero Dios con su fuerza atrapa a los poderosos,
se levanta y nadie está seguro de su vida.
23Les da seguridad para mantenerse,
pero sus ojos están en su conducta.
24Se encumbran un poco y dejan de existir,
sucumben como todo lo que se marchita,
como cabeza de espiga que se corta.
25Si esto no es así, ¿quién puede desmentirme
o puede anular mis palabras?

TERCER DISCURSO DE BILDAD

Grandeza de Dios, pequeñez de la criatura

25Jb1Bildad, el suajita, intervino diciendo:

2—Dominio y poder terrible tiene Aquel
que establece la paz en las alturas.
3¿Alguien puede contar sus huestes?
¿Sobre quién no brilla su luz?
4¿Cómo puede ser justo un hombre ante Dios?
¿Como puede ser puro un nacido de mujer?
5Si ni la luna tiene fulgor,
ni las estrellas son puras a sus ojos,
6¡cuánto menos el hombre, simple gusanera,
el hijo del hombre, vil gusano!

RESPUESTA DE JOB

Sinceridad de su alabanza a Dios

26Jb1Job intervino diciendo:

2—¡Cómo has ayudado al débil!,
¡cómo has socorrido al brazo sin fuerza!
3¡Cómo has aconsejado al ignorante
y le has mostrado talento en abundancia!
4¿A quién diriges tus palabras,
de quién es el espíritu que sale de Ti?
5Los fantasmas tiemblan
bajo el mar y todos sus habitantes.
6Desnudo está el sheol ante Dios,
el abismo está al descubierto.
7Él extiende el septentrión sobre el vacío,
suspende la tierra sobre la nada.
8Encierra las aguas en las nubes
sin que éstas revienten bajo su peso.
9Encubre la faz de su trono
desplegando su nube.
10Traza un círculo en torno a las aguas
en el límite de la luz y las tinieblas.
11Las columnas de los cielos se conmueven
llenas de temor por su amenaza.
12Con su poder hizo una brecha en el mar
y con su inteligencia quebró Rahab.
13A su brisa el cielo se serena
y su mano atraviesa la Serpiente Huidiza.
14Esto es sólo lo más externo de su obra.
¡Qué débil susurro escuchamos de Él!
Pero el trueno de su poder, ¿quién lo comprenderá?
27Jb1Job continuó pronunciando su discurso y dijo:
2—¡Por Dios, que me niega el derecho!
¡Por el Omnipotente, que amarga mi alma!
3Mientras haya en mí algo de aliento
y conserve en mis narices un hálito de Dios,
4no dirán mis labios falsedades
ni mi lengua dirá mentiras.
5Lejos de mí darles la razón;
hasta mi último suspiro no renunciaré
a mi inocencia.
6A mi justicia me aferro y no cederé,
mi corazón no me reprocha ninguno de mis días.
7Que mi enemigo tenga la suerte del impío,
y la del injusto el que se levanta contra mí.
8Pues, ¿cuál es la esperanza del malvado cuando muere,
cuando Dios le arranca la vida?
9¿Escuchará Dios su clamor
cuando le asalte la angustia?
10¿Pondrá sus delicias en el Omnipotente?
¿Invocará a Dios en todo momento?
11Les mostraré el poder de Dios,
no les ocultaré sus decisiones.
12Y si todos ustedes lo han visto,
¿por qué se pierden entre tanta vaciedad?
13Ésta es la suerte del malvado ante Dios,
la herencia que los violentos reciben
del Omnipotente.
14Si son muchos sus hijos, serán pasados a espada;
sus descendientes no se hartarán de pan.
15Los que le sobrevivan serán enterrados
por la peste
y sus viudas no podrán llorarles.
16Si acumula la plata como polvo
y reúne vestidos como lodo,
17lo hará, pero un justo los vestirá
y un inocente heredará la plata.
18Edificó su casa y fue como tela de araña,
como choza preparada por el guarda.
19Se acuesta rico, pero por última vez;
cuando abra sus ojos ya no habrá nada.
20Le asaltan como riada los terrores,
y de noche le arrastra el torbellino.
21El solano le empuja y se lo lleva,
le arranca del lugar donde estaba.
22Se abalanza sobre él sin compasión
mientras trata de escapar de la mano que le hiere.
23Baten palmas por su ruina,
le silban desde donde esté.

C. ELOGIO SOBRE LA SABIDURÍA

28Jb1Tiene la plata un venero
y el oro un lugar para acrisolarlo.
2De la tierra se extrae el hierro,
y de la piedra fundida, el cobre.
3El hombre ilumina la oscuridad
y excava hasta lo más hondo
las cuevas profundas y oscuras.
4Gentes extranjeras excavan galerías,
prescinden del apoyo de los pies
y trabajan suspendidos, lejos de los hombres.
5La tierra de la que brota el pan
está por dentro como transformada por el fuego.
6De sus piedras se sacan zafiros,
sus arenas contienen oro.
7Las rapaces no conocen tal sendero,
ni el ojo del buitre lo divisa.
8No lo pisotean las fieras altivas,
ni transita por él el leopardo.
9El hombre echa mano al pedernal,
remueve las raíces de los montes.
10En las rocas abre galerías
y con sus ojos descubre lo más precioso.
11Explora las fuentes de los ríos,
y saca a la luz lo más oculto.
12Pero la sabiduría ¿dónde podrá encontrarse?,
¿cuál es el lugar de la inteligencia?
13No conoce el hombre su valor,
no la encuentra en la tierra de los vivos.
14El abismo grita: «¡No está en mí!»;
y el mar replica: «¡No está conmigo!».
15No se da a cambio de oro puro,
ni se paga a peso de plata.
16No es comparable con el oro de Ofir,
ni con el ónice o el zafiro.
17No la iguala el oro o el cristal,
ni se cambia por vasijas de oro fino.
18Corales y cristales, ni se mencionen;
adquirir sabiduría vale más que las perlas.
19No la iguala el topacio de Etiopía,
ni se puede cambiar por el oro más puro.
20Pues la sabiduría ¿de dónde proviene?,
¿cuál es el lugar de la inteligencia?
21Está oculta a los ojos de todo viviente,
escondida a las aves del cielo.
22Abismo y muerte repiten:
«De oídas tenemos noticias».
23Pero Dios conoce su camino,
sólo Él sabe dónde está.
24Pues Él contempla hasta los confines de la tierra
y ve todo lo que existe bajo el cielo,
25cuando fijó la fuerza del viento
y marcó el volumen de las aguas;
26cuando puso límite a las lluvias
y trazó el camino a la centella y al trueno.
27Entonces la vio y la examinó,
la revisó y escudriño su origen.
28Después dijo al hombre:
«En el temor del Señor está la sabiduría,
y en apartarse del mal, la inteligencia».

D. LAMENTACIÓN DE JOB

Recuerdos del pasado feliz

29Jb1Entonces Job continuó su discurso y dijo:

2—¡Quién me diera volver a los meses pasados,
a los días en que Dios me protegía!,
3cuando el brillo de su luz estaba en mi frente,
y con su claridad iba seguro en las tinieblas.
4Como en los días de mi otoño
cuando Dios era protector de mi tienda;
5cuando el Omnipotente estaba aún conmigo
y mis hijos en torno a mí;
6cuando bañaba mis pies en leche
y las rocas me fluían arroyos de aceite.
7Cuando salía a la puerta alta de la ciudad
y tomaba asiento en la plaza.
8Los jóvenes, al verme, se apartaban con respeto;
los ancianos se ponían de pie
y así permanecían.
9Los nobles interrumpían sus palabras
y ponían la mano en su boca;
10los jefes bajaban la voz,
se les pegaba la lengua al paladar.
11Los que me oían me felicitaban,
los que me veían estaban de acuerdo conmigo.
12Porque yo salvaba al pobre que clamaba,
al huérfano sin amparo.
13La bendición del afligido llegaba hasta mí,
yo llevaba la alegría al corazón de la viuda.
14La justicia me vestía y me revestía,
el derecho era mi manto y mi diadema.
15Yo era ojos para el ciego
y pies para el cojo;
16era el padre de los pobres,
el pleito del desconocido examinaba;
17quebraba las muelas del inicuo
y arrancaba la presa de sus dientes.
18A mí mismo me decía: «En mi nido moriré,
numerosos como arena serán mis días.
19Mi raíz está regada por las aguas,
el rocío se posa en mi ramaje;
20mi fama será siempre renovada
y mi arco estará siempre tenso en mi mano».
21Todos me escuchaban con expectación
y esperaban en silencio mi consejo.
22Nadie replicaba a mis palabras,
y mi discurso les iba penetrando.
23Me esperaban como se espera la lluvia;
su boca se abría sedienta
como ante la lluvia de primavera.
24Si les sonreía les costaba creerlo,
no perdían ni un gesto iluminador de mi rostro.
25Yo les marcaba el camino y me ponía a la cabeza,
me colocaba como un rey entre la tropa,
como quien puede consolar al afligido.

La desgracia presente

30Jb1Pero ahora se ríen de mí
los que son más jóvenes que yo;
ni a sus padres habría yo encomendado
cuidar los perros de mi rebaño;
2la fuerza de sus manos,
¿de qué me habría servido
si había desaparecido su vigor?
3Consumidos de penuria y hambre
iban royendo en la estepa,
de noche, en tierra desierta y desolada.
4Recogían hierbas entre matorrales,
raíces de retama era su comida.
5Eran excluidos de la gente,
se les gritaba como a ladrones.
6Vivían en barrancos escarpados,
en cuevas del suelo y de las rocas.
7Rebuznaban entre matorrales,
se aglomeraban bajo los espinos.
8Gente desgraciada y sin nombre,
expulsados a golpes de su tierra.
9Y ahora he venido a ser el tema de sus coplillas
y el objeto de sus sátiras;
10me rechazan, se alejan de mí,
no les importa escupirme a la cara.
11Dios ha soltado mi cuerda,
me ha humillado,
mientras ellos me acosan sin freno.
12A mi derecha se levanta la chusma,
me sujetan los pies,
preparan sus caminos perniciosos contra mí.
13Han destruido mi sendero, buscan mi ruina
y nadie se opone a ellos.
14Irrumpen como por portillo abierto
y entre escombros se abalanzan.
15El terror se ha vuelto contra mí,
mi dignidad se evapora como el viento,
como nube se disipa mi salud.
16Ahora mi alma se deshace en mi interior,
se apoderan de mí los días de aflicción.
17De noche el dolor taladra mis huesos,
no descansa lo que va royéndome.
18Con gran violencia Él me sujeta las vestiduras,
me oprime como el cuello de la túnica.
19Me ha arrojado al fango
y me he convertido en polvo y ceniza.
20Clamo a ti y no me respondes,
permanezco ante ti y no me miras.
21Te has vuelto cruel conmigo,
me persigues con la fuerza de tus manos.
22Me levantas a lomos del viento,
me haces estremecer en la tormenta.
23Ya sé que me conduces a la muerte,
donde todo viviente tiene reservado su lugar.
24Nadie extiende su mano a la ruina,
ni ve en el infortunio su salud.
25¿No he llorado con el que lleva una vida dura,
no se ha entristecido mi alma con el pobre?
26Esperaba felicidad y me sobrevinieron males,
anhelaba la luz y me llegó la oscuridad.
27Mis entrañas se estremecen sin descanso,
me han llegado los días de aflicción.
28Entristecido, camino sin calor,
en la asamblea me levanto pidiendo ayuda.
29He llegado a ser hermano de chacales
y compañero de avestruces.
30Mi piel se me ha vuelto negra,
mis huesos arden por la fiebre.
31Mi cítara está de luto,
mi flauta, con la voz de los que lloran.

Confesión de inocencia

31Jb1Había hecho yo un pacto con mis ojos
de no prestar atención a las doncellas.
2¿Cuál es el lote que Dios envía desde arriba,
o la porción que da el Omnipotente desde el cielo?
3¿No envía la desgracia al malvado
y la adversidad a los malhechores?
4¿No ve Él mis caminos
y lleva la cuenta de mis pasos?
5¿He caminado acaso en la mentira,
han corrido mis pies hacia el engaño?
6¡Que me pese Dios en balanza justa
y reconozca mi integridad!
7Si mis pasos se han desviado del camino
y mi corazón fue tras mis ojos,
o alguna mancha se pegó a mis manos,
8que otro consuma lo que yo siembre
y mis cultivos sean arrasados.
9Si mi corazón fue seducido por mujer,
o he acechado a la puerta de un vecino,
10que mi mujer muela para otro
y que otros se encorven sobre ella.
11Pues eso sería una iniquidad,
un delito digno de castigo,
12un fuego que devora hasta la perdición
y arrasa todas mis cosechas.
13Si he menospreciado el derecho de mi esclavo
o de mi esclava
cuando entablaban pleito conmigo,
14¿qué podré hacer cuando Dios venga a juzgarme?,
¿qué le responderé cuando me pida cuentas?
15¿No le ha formado en el vientre
el que me formó a mí?
¿No nos ha plasmado el mismo en el seno materno?
16Si he rehuido el deseo de los pobres
o he dejado que se consumieran los ojos de la viuda;
17si he comido yo solo un bocado
sin dejar que el huérfano participara.
18Ya que Dios me ha criado desde niño como un padre
y desde el seno de mi madre me ha guiado.
19Si he visto a un indigente sin vestido
o a un pobre sin cobertor,
20¿no me han bendecido sus espaldas
al entrar en calor con la lana de mis corderos?
21Si he levantado mi mano contra un huérfano
cuando me sabía apoyado en la plaza,
22que mi hombro se desprenda de la espalda
y mi brazo se desgaje del hombro.
23Porque me horroriza la desgracia que viene de Dios
y ante su majestad nada puedo.
24Si he puesto mi confianza en el oro,
o he dicho al oro fino: «Tú eres mi seguridad»;
25si me he alegrado por ser copiosa mi hacienda
o porque mi mano ha conseguido muchos bienes.
26Si viendo el sol que resplandece
o la luna que avanza radiante,
27se ha dejado seducir por ellos mi corazón
y les he lanzado besos con mi mano.
28También esto sería delito digno de castigo,
pues habría negado al Dios de las alturas.
29¿Es que me alegré del infortunio de quien me odiaba
o me regocijé de que le alcanzase el mal?
30Nunca he consentido que mi boca pecara
deseándole la muerte en maldiciones.
31¿Acaso no decían las gentes de mi casa:
«Quién hay que no se haya saciado de la carne
que les da»?
32Nunca ha pasado la noche fuera un forastero,
siempre he abierto mi puerta al caminante.
33¿Acaso he ocultado, como hombre, mi delito,
escondiendo en mi seno la culpa,
34por temor a la muchedumbre,
o porque me espantara el desprecio de los míos,
quedándome callado sin atreverme a salir?
35¡Quién me diera que Dios me escuchara!
Ésta es mi rúbrica. ¡Que el Omnipotente responda!
El libelo que pudiera escribir mi adversario
36¡lo cargaré a mis espaldas,
o me lo ceñiré como diadema!
37Le daré cuentas del número de mis pasos,
me acercaré a Él como un príncipe.
38Si mis tierras gritan contra mí
y lloran con ellas los surcos;
39si he comido sus frutos de balde
causando la muerte a sus dueños,
40que broten espinos en vez de trigo;
y en vez de cebada, malas hierbas.
Aquí terminan las palabras de Job.

III. INTERVENCIÓN DE ELIHÚ

32Jb1Aquellos tres hombres cesaron de replicar a Job, porque se tenía por justo. 2Entonces Elihú, hijo de Baraquel, el buzita, de la familia de Ram, se enfureció. Su enfado era contra Job porque pretendía justificarse frente a Dios, 3y también contra los tres amigos porque no habían encontrado respuesta adecuada a pesar de considerar a Job culpable. 4Elihú había estado esperando mientras hablaban con Job, porque eran mayores que él. 5Pero al ver que ninguno de los tres tenía nada que decir, se enfureció. 6Entonces Elihú, hijo de Baraquel, el buzita, intervino diciendo:

Justificación del discurso

—Yo soy joven y ustedes viejos;
por eso estaba acobardado
y temía exponerles mi opinión.
7Me decía: «Que hable la edad,
que los muchos años muestren la sabiduría».
8Pero en verdad hay en el hombre un hálito,
el espíritu del Poderoso que le hace inteligente.
9No son los años los que dan sabiduría,
ni los ancianos los que conocen la justicia.
10Por eso digo: «Escúchenme,
también yo expondré mi opinión».
11He estado atento a sus palabras,
he oído sus argumentos
cuando indagaban las razones.
12He puesto mi atención en ustedes,
pero ninguno han refutado a Job,
ni han replicado a sus palabras.
13No digan: «Hemos encontrado la sabiduría:
sólo Dios puede refutar, no un hombre».
14No se ha dirigido él contra mí,
no le voy a responder con sus palabras.
15Éstos están agotados, ya no responden;
les faltan palabras.
16He esperado, pero ya no hablan,
se han quedado mudos, no contestan.
17Así que tomaré parte respondiendo,
expondré también yo mi opinión,
18que me siento lleno de palabras
y el espíritu me constriñe en mi interior.
19Hay dentro de mí como mosto fermentado
en odres nuevos a punto de reventar.
20Hablaré para desahogarme,
abriré mis labios para contestarte.
21No seré parcial para ninguno,
a nadie adularé;
22que no soy capaz de adular,
y me suprimiría de inmediato mi Hacedor.