COMENTARIO
El cuerpo de este discurso de Job es un canto al poder de Dios como réplica a la alabanza pronunciada por Bildad. Dado que hasta ahora no ha aparecido la alabanza en labios de Job, muchos comentaristas asignan esta sección a Bildad, como continuación de 25,1-6, o a Sofar, que no interviene en esta última serie de discursos. Sin embargo, también la alabanza cabe en un discurso de Job, puesto que también él es capaz de componer un himno sobre Dios creador. Job canta el poder de Dios manifestado en la creación visible, pero concluye que hay algo más en Él que no podemos comprender. El v. 5 está mal conservado en hebreo, y en griego falta la sección 5-11. El término hebreo que traducimos por «fantasmas» (refaim) refleja el carácter misterioso de la vida en el océano, que sin embargo está sometido a la soberanía de Dios. Podría traducirse también por «las sombras», «las ánimas» o «los difuntos»; es una expresión típica referida a los habitantes del reino de los muertos. En el discurso hay varios términos tomados de los mitos, pero que en el lenguaje sapiencial evocan seres o lugares desconocidos por el hombre. Además de esos fantasmas, que eran gigantes legendarios, encontramos el sheol y el abismo (abaddom) para designar la morada de los muertos (v. 6); Rahab (v. 12), que evoca la fiereza indómita del océano (cfr 9,13); y la Serpiente Huidiza (v. 13), que es un monstruo marino identificado o, al menos, asociado a Leviatán (cfr Is 27,1). Es como si el autor del libro quisiera poner en boca de Job una discusión de gran altura cultural y literaria.