COMENTARIO

 Jb 29,1-31,40 

Amplio discurso de Job que no pretende ser una respuesta a sus amigos, como lo indica la frase introductoria: «Continuó su discurso» (literalmente, su «poema» o «narración»), que es distinta del habitual «intervino» o «respondió». Es un monólogo que sirve de unión entre los diálogos que han resultado estériles y —tras la intervención de Elihú (32,1-37,24)— los discursos del Señor (38,1-41,26), que aportarán la solución definitiva. Como todas las palabras de Job, esta pieza está cargada de sentimiento y de pasión; prepara la teofanía, que será no tanto una respuesta teórica a las cuestiones que agitan el alma de Job, como un encuentro personal que apacigüe sus inquietudes más profundas. Por tanto, aunque algunas secciones sean una reflexión personal, contienen siempre una referencia a Dios, único interlocutor de este discurso.

Se puede dividir en tres partes que coinciden con los tres capítulos: en primer lugar, la memoria del pasado feliz, cargada de añoranza (cap. 29); luego, el lamento del presente, en el que vuelven a aparecer las quejas de soledad y sufrimiento (cap. 30); por último, la confesión de inocencia, también conocida pero expresada aquí con acentos de patetismo desconsolado (cap. 31). En esta confesión están recogidas las frases más tensas y los desafíos más ásperos dirigidos a Dios.

Volver a Jb 29,1-31,40