COMENTARIO
En contraste con la prosperidad pasada, Job llora la desgracia presente, los males que le aquejan «ahora» (vv. 1.9.16). Fray Luis de León lo describe con precisión: «Y agora, como diciendo, esto fue entonces: dábanme el primer lugar a doquier que llegaba, cercábanme como a rey, estaban de mi boca colgados; mas agora hacen mofa de mí los mozos y viles, no sólo los ancianos y graves. Y para encarecer más el desprecio, encarece con particulares señales la bajeza y vileza de los que le menosprecian» (Expositio libri Iob 30,1).
Con tono pesimista Job se queja del desprecio de los jóvenes, los miserables y los delincuentes (vv. 1-10), y más aún de la humillación a la que Dios le ha sometido con tanta abundancia de males (11-19). Job grita suplicante a Dios, pero como respuesta sólo percibe el silencio (vv. 20-23); está a punto de perder toda ilusión y se siente totalmente deprimido (vv. 24-31). El centro del capítulo es la oración dolorida sin respuesta aparente (v. 20), en cuanto que refleja la fe del que ama en medio de desgracias y de dudas, y persevera en su esperanza de obtener algo de Dios: «Mucho aprovecha para acrecentar la sabiduría de los santos recibir tarde las cosas que demandan, para que en la dilación crezca el deseo y con el deseo se acreciente el entendimiento. Y cuando el entendimiento se esfuerza, se le manifiesta en Dios el amor más encendido» (Moralia in Iob 4,20,31).