COMENTARIO
Con especial crudeza proclama Job su inocencia ante los hombres y, en particular, ante Dios: una y otra vez le interpela y le solicita su sentencia favorable. En este largo parlamento se pueden distinguir las secciones siguientes: a modo de introducción (vv. 1-6) Job reclama a Dios que manifieste su justicia para que todos puedan verla. El cuerpo del discurso (vv. 7-34) está formado por una serie de juramentos de disculpa; en ellos se usa una fórmula conocida ya en algunos textos egipcios, que incluye la descripción del delito o la culpa con una condicional: «Si mis pasos se han desviado…, y mi corazón fue tras mis ojos…» (v. 7), y luego una automaldición en la que se menciona la pena a la que se somete en caso de haber cometido el delito: «que otro consuma lo que yo siembre…, que mi mujer muela para otro…» (vv. 8.10); la automaldición a veces falta porque se sobreentiende. La parte final (vv. 35-40) contiene un fuerte alegato a Dios, conminándole a que responda a la confesión de inocencia. Aunque es casi un ultimátum, está basado en una firme esperanza en Dios, el único que puede escucharle.