COMENTARIO
Como anticipo del resto del discurso, Job subraya que ha evitado los delitos: en concreto, ha prevenido los malos deseos carnales (v. 1) y ha rechazado el engaño y la mentira (vv. 5-6). A la vez dirige las primeras imprecaciones a Dios que parece ajeno a los buenos deseos del inocente (vv. 2-4) y desentendido de la integridad del justo (v. 6).
La referencia a la guarda de los sentidos (cfr Si 9,5-8) y a la sinceridad, como exponentes de virtud (cfr Sal 12,2-3), aparece únicamente en los libros sapienciales. Esto supone un gran avance en la moral personal, que alcanzará su culminación en el Nuevo Testamento (cfr Mt 5,28.37). Son dos virtudes tan relacionadas que de ordinario no se da la una sin la otra. San Josemaría hablando de la santa pureza, decía con fuerza: «Perdonad mi machaconería, pero juzgo imprescindible que se grabe a fuego en vuestras inteligencias que la humildad y —su consecuencia inmediata— la sinceridad enlazan los otros medios, y se muestran como algo que fundamenta la victoria (…). ¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad, que es fidelidad al camino cristiano, si sois sinceros. Claridad, sencillez: son disposiciones absolutamente necesarias; hemos de abrir el alma, de par en par, de modo que entre el sol de Dios y la claridad del Amor» (Amigos de Dios, nn. 188-189).