COMENTARIO
Cuando la tensión, los diálogos y la lamentación de Job han llegado a su punto álgido y parece que habría de venir la intervención de Dios, irrumpe Elihú, un personaje desconocido hasta ahora, con un parlamento mucho más largo que el de los amigos anteriores. Su nombre, a diferencia de los mencionados antes, es israelita y bastante común en la Biblia (cfr 1 S 1,1; 1 Cro 12,21; 26,7; 27,18); y sus discursos también son diferentes tanto en el fondo como en la forma. Todos estos datos han dado pie a que algunos comentaristas hayan considerado que esta sección fue añadida cuando el libro estaba terminado y que podría tratarse de un primer comentario a los discursos de Job (cfr 33,9-11; 34,5-6; 35,2-3), de los amigos y del mismo Dios (cfr 37,14-18). Sin embargo, a pesar de las diferencias, los discursos de Elihú también tienen muchos puntos de contacto literarios y doctrinales con el resto de los discursos, y bien podrían deberse al mismo autor del libro que decidiera intercalarlos cuando había compuesto ya la intervención de Dios.
Dejando a un lado las cuestiones sobre la redacción del libro, que necesariamente se mueven en el ámbito de las hipótesis, es evidente que desde muy antiguo se consideró que la intervención de Elihú formaba parte de la trama como tal, pues así ha llegado hasta nosotros en todos los testimonios, tanto hebreos como griegos y latinos. En cualquier caso, los discursos de Elihú no son elementos sin conexión con lo precedente, pues tienen como base los diálogos anteriores, aluden a las palabras de Job y mencionan las argumentaciones de los amigos. En sí mismos constituyen una pieza unitaria con una estructura sencilla: el primer discurso (32,6-22) sirve de exordio; los tres siguientes (33,1-33; 34,1-37 y 35,1-16) desarrollan la temática ya vista, a saber, la culpabilidad del que sufre y la retribución inmediata; el último discurso, el más largo (36,1-37,24), es un himno a la soberanía de Dios manifestada en la historia y en la creación.