COMENTARIO
También este discurso está construido según las reglas retóricas como corresponde a quien está versado en lides sapienciales. Ahora se dirige y solicita la atención de los sabios (vv. 2-4), aunque el tema siga siendo como en el discurso anterior el juicio que merece el comportamiento de Job. Las fórmulas de interpelación (vv. 2.10.16.34) marcan las secciones del discurso. En la primera (vv. 5-9), Elihú recoge las objeciones de Job, que se siente injustamente tratado por Dios, y le acusa de afirmar que con la inocencia no se obtienen beneficios. En la siguiente (vv. 10-15) proclama la justicia divina en la retribución. En la parte central y más amplia (vv. 16-33), Elihú expone con cierto desorden el dominio soberano de Dios: como buen gobernante se cuida de todos con imparcialidad, sin acepción de personas, y administra justicia con equidad, sin favorecer a los poderosos contra los más débiles. En la sección conclusiva (vv. 34-37), solicita un veredicto de condena contra Job. Elihú, que se había presentado como sabio entre sabios (cfr 32,8-9), va poco a poco asumiendo funciones de juez y dictando sentencias que no le corresponden.
El autor sagrado deja traslucir irónicamente la vanidad de Elihú, dispuesto a dar lecciones y a someter a juicio a Job sin tener en cuenta su penosa situación; pero pone en labios de este joven israelita palabras correctas sobre Dios y su actuar en el mundo (vv. 16-33). El autor sagrado utiliza de este modo un sutil recurso literario para dejar bien sentada la doctrina sobre Dios como único y soberano Señor del universo y de los hombres; viene a decirse que hasta los que yerran en el modo de hablar, aciertan en la verdad sobre Dios.