Juicios presuntuosos sobre Job

33Jb1Ahora, pues, escucha, Job, mis palabras,

presta oído a mi discurso.
2Voy a abrir mi boca,
que en mi paladar habla mi lengua.
3De un corazón recto brotan mis palabras,
mis labios prorrumpen la verdad.
4El espíritu de Dios me ha creado,
el aliento del Omnipotente me ha dado la vida.
5Si puedes, respóndeme.
Prepárate ante mí, ocupa tu sitio.
6He aquí que yo soy ante Dios como tú,
también yo he sido formado de arcilla;
7así que mi ataque no te aterrará,
ni mi carga te resultará pesada.
8Tú lo has dicho a mis oídos,
te he escuchado estas palabras:
9«Yo soy puro, sin pecado;
estoy limpio, sin faltas.
10Pero Dios ha encontrado quejas contra mí
y me considera su enemigo;
11pone trampas a mis pies
y espía todas mis sendas».
12Pues debo contestarte que en esto no tienes razón,
que Dios es mucho más que los hombres.
13¿Por qué quieres acusarle
por no responderte a todas tus palabras?
14A Dios le basta con hablar una sola vez,
no lo repite dos veces.
15En sueños y visión nocturna,
cuando el sopor invade a los hombres
y duermen en su lecho,
16abre los oídos de los hombres,
los estremece con sus apariciones,
17para alejar al hombre de su mal obrar
y librarlo de la soberbia,
18para preservar su alma de la fosa
y su vida de cruzar la frontera de la muerte.
19También le amonesta con dolor en el lecho
y continuos temblores de huesos;
20le hace aborrecer en ese estado el alimento
y la comida le resulta insoportable;
21su carne se consume a la vista
y sus huesos, antes revestidos, quedan
al descubierto.
22Su alma está próxima a la fosa
y su vida a la morada de los muertos.
23Si hay junto a él un ángel,
protector suyo entre mil,
mostrando al hombre el camino recto,
24y que, compadecido de él, diga:
«Líbralo de bajar a la fosa,
que he encontrado su rescate»,
25entonces su carne recobrará el vigor primero,
volverá a los días de su juventud.
26Suplicará a Dios y Él le dará su favor,
mirará su rostro con regocijo
devolviendo al hombre su justicia.
27Entonces cantará ante los hombres diciendo:
«Había pecado, había violado el derecho,
pero Dios no me ha dado lo merecido,
28ha librado a mi alma de caer en la fosa,
y ahora con vida sigue viendo la luz».
29Todo esto lo hace Dios
una y otra vez a favor de los hombres,
30para sacar a sus almas de la fosa
y que con vida sigan viendo la luz.
31Atiéndeme, Job, escúchame
y calla, que voy a hablar yo.
32Si tienes algo que decir, respóndeme;
habla, que querría darte la razón;
33y si no, escúchame;
calla, y te enseñaré sabiduría.

Desprecio de la sabiduría de Job

34Jb1Elihú continuó su discurso diciendo:

2—Escuchen, sabios, mis palabras,
préstenme atención, hombres doctos,
3pues el oído distingue las palabras
como el paladar saborea los manjares.
4Examinemos nosotros mismos lo que es justo,
sepamos entre nosotros lo que es bueno.
5Porque Job ha dicho: «Yo soy justo,
pero Dios me niega el derecho.
6Si invoco mi derecho, paso por mentiroso;
mi herida es muy grave sin haber pecado».
7¿Qué hombre hay como Job
que bebe las burlas como agua,
8que acude en compañía de los que obran mal
y camina con los impíos?
9Pues dice: «Nada gana el hombre
con buscar la complacencia de Dios».
10Así pues, escúchenme, hombres sensatos.
Lejos de Dios la maldad,
lejos del Omnipotente la injusticia.
11Pues Dios paga a cada uno según sus obras
y lo trata según su conducta.
12En verdad, Dios no obra el mal,
el Omnipotente no viola el derecho.
13¿Quién le ha encomendado su tierra,
quién ha fundado el mundo entero?
14Si Dios pensara sólo en Él
y orientara hacia Sí su espíritu y su aliento,
15expiraría toda carne mortal
y el hombre volvería al polvo.
16Si tienes inteligencia, escucha esto,
presta oído a la voz de mis palabras:
17¿Puede gobernar el que odia el derecho?,
o ¿vas a condenar tú al más justo,
18al que puede decir «malvado» al rey
e «impíos» a los nobles,
19al que no tiene preferencias por los príncipes,
ni distingue al rico sobre el pobre
porque todos son obra de sus manos?
20En un instante mueren;
en medio de la noche el pueblo se amotina
y desaparecen,
eliminando a los tiranos sin esfuerzo.
21Pues los ojos de Dios están
en los caminos de los hombres,
y observa todos sus pasos.
22No hay tinieblas ni sombras
donde los que obran el mal puedan esconderse.
23No le asigna un plazo al hombre
para que comparezca en juicio ante Dios.
24Destroza a los poderosos sin previo examen,
y pone a otros en su lugar.
25Porque conoce sus obras,
en una noche los remueve y los destroza.
26Como a impíos los azota
a la vista de todos,
27pues dejaron de ir tras Él,
no quisieron entender sus caminos.
28Han hecho que llegara a Dios el clamor del débil,
y que escuchara el grito de los pobres.
29Si Dios no interviene, ¿quién podrá condenarlo?;
si esconde su rostro, ¿quién podrá percibirlo?
Él está sobre las naciones y sobre los individuos,
30evitando que reine un impío
de los que engañan a los pueblos.
31Si uno dice a Dios:
«He soportado el castigo,
ya no obraré mal;
32hasta que consiga ver, instrúyeme;
si he obrado mal, no lo haré más».
33¿Debe Dios retribuir según tu parecer,
porque tú no estés de acuerdo?
Puesto que tú puedes elegir, no yo,
di, al menos, lo que sabes.
34Los hombres más sensatos me dirán,
y también el sabio que me escuche:
35«Job habla sin conocimiento,
sus palabras no son razonables».
36En verdad Job ha de ser examinado a fondo
por sus respuestas, propias de un malvado,
37porque añade a sus pecados un delito:
que ante nosotros bate palmas
y multiplica sus palabras contra Dios.

Condiciones de la oración

35Jb1Elihú continuó diciendo:

2—¿Te parece juicioso todo esto,
y que digas: «Mi justificación está ante Dios»?,
3y que añadas: «¿Qué te importa a Ti?,
y ¿qué ganas Tú con mi pecado?».
4Pues te voy a dar respuesta cumplida
a ti y a tus amigos contigo.
5Mira al cielo y observa,
contempla las nubes, mucho más altas que tú.
6Si pecas, ¿qué mal causas a Dios?
Si multiplicas tus delitos, ¿qué daño le haces?
7Y, si eres justo, ¿que le aportas?,
¿qué puede recibir de tus manos?
8A un hombre, como tú, le afecta tu maldad,
al ser humano, tu justicia.
9Los hombres gritan bajo la opresión
y piden auxilio bajo el peso de los poderosos;
10pero no dicen: «¿Dónde está Dios, mi Hacedor,
el que nos llena de cantares en la noche,
11el que nos enseña más que las bestias de la tierra,
nos hace más sabios que las aves del cielo?».
12La gente grita, pero Dios no responde
por culpa del orgullo de los malos.
13Es inútil decir que Dios no escucha,
que el Omnipotente no lo percibe.
14Y más, decir que no lo percibe,
que una causa está ante Él,
pero sigues esperando;
15que su ira ya no castiga,
que no conoce bien el delito.
16Así pues, Job abre su boca en vano,
multiplica palabras sin sentido.

Incomprensión de las decisiones divinas

36Jb1Elihú continuó diciendo:

2Espera un poco y te instruiré,
que tengo mucho que decir en favor de Dios.
3Tomaré mi saber desde lejos
para dar razón a mi Hacedor.
4En verdad, mis palabras no son falsas,
tienes ante ti a un sabio perfecto.
5Dios es grande, no se retracta,
es poderoso por la firmeza del corazón.
6No deja vivir al impío
y defiende el derecho de los pobres;
7no aparta sus ojos de los justos,
los sienta sobre el trono con los reyes
y quedan enaltecidos.
8Si son atados con cadenas
y aprisionados con lazos de angustia,
9es para descubrirles sus obras
y los delitos de su soberbia,
10para abrirles el oído a la advertencia,
diciéndoles que se conviertan de la iniquidad.
11Si escuchan y son dóciles
terminarán sus días con felicidad,
sus años con bienestar.
12Si no escuchan, pasarán la frontera de la muerte
y expirarán sin darse cuenta.
13Los de corazón perverso acumulan rencor
y no suplican a Dios cuando se sienten encadenados;
14mueren en plena juventud,
su vida termina en la adolescencia.
15Dios libra al pobre con su misma pobreza,
y le abre el oído con la tribulación.
16También a ti te arrancará de la angustia,
tendrás un lugar desahogado, sin aprietos,
y serán pingües los alimentos de tu mesa.
17Pero tú has colmado el juicio de los malvados;
juicio y justicia caerán sobre ti.
18Cuida de que no te seduzca la abundancia
y de que no te desvíe el soborno.
19¿Brota tu súplica al menos en la angustia?
¿O hay sólo un despliegue de fuerza?
20No suspires por la noche
para que las gentes cambien de sitio.
21Procura no inclinarte a la maldad,
que por eso has experimentado la aflicción.
22Sólo Dios es sublime por su fuerza,
¿qué maestro existe como Él?
23¿Quién puede marcarle el camino?,
o ¿quién puede decirle: «Has obrado mal»?
24Acuérdate de engrandecer sus obras
que han cantado los hombres.
25Todos las pueden contemplar,
los hombres las ven desde lejos.
26Dios es grande, no podemos abarcarlo,
son incontables sus años.
27Absorbe las gotas de agua
y esparce las lluvias en vapor.
28Las nubes las destilan
y caen en abundancia sobre los humanos.
29¿Quién comprenderá la extensión de las nubes,
el estrépito de sus pabellones?
30Él extiende su luz en torno a Sí,
y cubre las profundidades de los mares.
31Con todo esto Dios gobierna a los pueblos
y les da alimento abundante.
32En sus manos levanta el rayo
y le ordena alcanzar certero el blanco.
33El sonido del trueno lo anuncia:
Él arde en cólera contra la iniquidad.
37Jb1Por esto se me estremece el corazón a punto de salirse de su sitio.
2Escuchen bien el estrépito de su voz
y el ruido que sale de su boca.
3Por todo el cielo lanza su fulgor
y su brillo alcanza el extremo de la tierra.
4Tras Él ruge su voz,
Dios hace tronar con voz de majestad
y no retiene sus rayos
cuando se ha escuchado su voz.
5Dios hace tronar con voz maravillosa,
hace cosas grandes que no conocemos.
6Manda a la nieve: «¡Cae sobre la tierra!»,
y a la lluvia del aguacero: «¡Arrecia!».
7Recluye a todo hombre bajo sello
para que todos reconozcan sus obras.
8El animal entra en su guarida
y se cobija en sus cubiles.
9De los recintos del sur viene el huracán
y de los vientos del norte el frío.
10Al soplo de Dios se forma el hielo
y la superficie del agua se congela.
11Él lanza desde el nublado los rayos
y las nubes esparcen su fulgor.
12Éstas giran y giran
siguiendo sus mandatos
para ejecutar en la faz de la tierra
todo lo que Él les impone:
13o como castigo severo a su tierra,
o como signo de favor,
consigue sus objetivos.
14Escucha esto, Job,
detente y medita las maravillas de Dios.
15¿Sabes acaso cómo gobierna Dios
para que la nube muestre su fulgor?
16¿Conoces algo del equilibrio de las nubes,
maravilla de inteligencia perfecta?
17¿Cómo se calientan tus vestiduras
cuando por el solano se aletarga la tierra?
18¿Puedes extender con Él la bóveda del cielo,
sólida como espejo de metal fundido?
19Enséñanos qué podemos decirle;
no podemos discutir a oscuras.
20¿Acaso es informado cuando digo algo?,
o, si uno habla, ¿se lo hacen saber?
21Ahora no se ve la luz,
oscurecida por las nubes;
pero las despejará al pasar el viento.
22Del norte viene un áureo resplandor,
en torno a Dios una majestad temible.
23Al Omnipotente no podemos igualar,
sublime en fortaleza y decisión;
rico en justicia, que a nadie oprime.
24Por eso le temen los hombres,
pues Él no tiene en cuenta a los que se creen sabios.

IV. LOS DISCURSOS DEL SEÑOR

PRIMER DISCURSO DEL SEÑOR

38Jb1Entonces el Señor respondió a Job desde el seno del torbellino diciendo:

2—¿Quién es éste que enturbia mis designios
con palabras sin sentido?
3Cíñete la cintura como un hombre,
Yo te preguntaré y tú me instruirás.

Las maravillas de la creación

4¿Dónde estabas cuando Yo cimentaba la tierra?
Explícamelo, si tanto sabes.
5¿Quién fijó sus dimensiones, si lo sabes,
o quien extendió sobre ella el cordel?
6¿Sobre qué se apoyan sus pilares?
¿Quién asentó su piedra angular,
7cuando cantaban a una las estrellas matutinas
y aclamaban todos los ángeles de Dios?
8¿Quién encerró el mar con doble puerta,
cuando salía a borbotones del seno materno,
9cuando le puse las nubes por vestido
y por pañales la niebla,
10cuando le fijé un límite
y le puse cerrojos y puertas,
11y le dije: «Hasta aquí llegarás y no más,
aquí se romperá la soberbia de tus olas»?
12Desde que existes, ¿has mandado a la mañana,
has asignado a la aurora su lugar,
13para que agarrando los bordes de la tierra
sacuda de ella a los malvados?
14Ella se transforma como la arcilla de un sello
y se colorea como un vestido;
15niega la luz a los malvados
y se quiebra el brazo altanero.
16¿Has llegado hasta las fuentes del mar,
has caminado por el fondo del abismo?
17¿Se te han abierto las puertas de la muerte?
¿Has descubierto las entrañas de las sombras?
18¿Has conocido la extensión de la tierra?
Explícamelo, si lo sabes todo.
19¿Por qué camino se llega a la luz?,
o ¿dónde está la mansión de las tinieblas?
20Para que las dirijas hasta sus confines
y les enseñes el camino de su morada.
21Deberías saberlo. ¡Ya habías nacido
y es tan grande el número de tus años!
22¿Has llegado a los depósitos de la nieve?
¿Has descubierto los graneros del granizo,
23que tengo reservado para el tiempo de la angustia,
para el día de la lucha y la batalla?
24¿Por qué camino se expande la luz,
o se extiende por la tierra el solano?
25¿Quién ha abierto un canal al aguacero,
y un camino a la centella y al trueno,
26para que llueva en zonas sin habitantes,
en desiertos donde no hay nadie,
27para saturar de agua el yermo desolado
y hacer brotar la hierba en la estepa?
28¿Quién es el padre de la lluvia,
o quién engendra las gotas del rocío?
29¿De qué vientre nace el hielo?
¿Quién engendra la escarcha del cielo,
30cuando el agua se endurece como roca
y la superficie del abismo se congela?
31¿Puedes anudar los lazos de las Pléyades
o soltar las cuerdas del Orión?
32¿Haces salir las constelaciones a su tiempo,
o guías a la Osa con sus hijos?
33¿Acaso conoces las leyes del cielo,
o estableces sus prescripciones en la tierra?
34¿Puedes levantar tu voz hasta las nubes,
para que caiga una masa de agua sobre ti?
35¿Mandas los relámpagos
y vienen a decirte: «Aquí estamos»?
36¿Quién da al ibis sabiduría,
quién concede al gallo inteligencia?
37¿Quien tiene ciencia para contar las nubes
y quién vuelca los odres del cielo,
38cuando el polvo forma una masa
y los terrones se aglomeran entre sí?

Maravillas del mundo animal

39¿Cazas tú las presas para la leona
o sacias el hambre de los leoncillos,
40cuando en sus cubiles se acurrucan
o están al acecho en los matorrales?
41¿Quién prepara al cuervo su ración,
cuando sus crías gritan hacia Dios,
y se inquietan faltos de comida?

39Jb1¿Conoces cuándo paren los rebecos?

¿Has observado el parto de las ciervas?
2¿Has contado sus meses de gestación?
¿Conoces el momento de su parto?
3Se encorvan, hacen salir a sus crías,
depositan sus camadas;
4sus cachorros se hacen fuertes y crecen en el campo,
se van y ya no vuelven a ellas.
5¿Quién puso en libertad al onagro,
y quién desató al asno salvaje?
6Le he dado la estepa por casa,
y la tierra salitrosa por morada;
7se ríe del bullicio de la ciudad,
no oye los gritos del arriero;
8explora las montañas donde está su pasto
y anda buscando cualquier mata verde.
9¿Querrá servirte el toro salvaje?,
¿le harás dormir junto al pesebre?
10¿Podrás uncirlo junto a los surcos
para que labre los valles tras de ti?
11¿Te fiarás de él por ser muy fuerte?,
¿le confiarás tus tareas?
12¿Estás seguro de que volverá
para amontonar el grano en la era?
13El ala del avestruz gozosamente se agita
con plumas firmes como de cigüeña;
14pero abandona sus huevos en el suelo
y deja que se incuben en la arena.
15Olvida que unos pies pueden pisarlos
o una bestia salvaje aplastarlos;
16es dura con sus crías como si no fuesen suyas,
sin importarle sus vanos esfuerzos.
17Porque Dios le ha negado sabiduría,
no le ha dado inteligencia;
18pero cuando se yergue batiendo las alas,
se ríe del caballo y su jinete.
19¿Has dotado tú de fortaleza al caballo,
revistes su cuello de crines?
20¿Le haces brincar como langosta?
¡Su fiero relincho espanta!
21Piafa en el valle, exulta con brío,
sale al encuentro de las armas;
22se ríe del miedo, no se asusta,
ni se echa atrás ante la espada.
23Sobre él resuena la aljaba,
la lanza fulgurante y los dardos;
24con furia y estrépito devora la distancia,
y apenas se contiene al sonar de la trompeta;
25a cada toque de trompeta responde: «¡Ah…!»,
desde lejos olfatea la batalla,
el grito de los jefes, el alarido de guerra.
26¿Consigue tu pericia que vuele el gavilán
extendiendo sus alas hacia el sur?
27¿Se remonta el águila por orden tuya
para poner su nido en lo más alto?
28En la roca fija su morada y reposa
en el picacho de la roca más inaccesible;
29desde allí acecha su presa,
sus ojos otean desde lejos;
30sus polluelos sorben la sangre,
donde hay cadáveres, allí se posa.

DIÁLOGO ENTRE EL SEÑOR Y JOB

Imposibilidad de replicar a Dios

40Jb1El Señor interpeló a Job diciendo:

2—¿Querrá disputar todavía el censor con el Omnipotente?
El que critica a Dios, ¿querrá replicar?

Aceptación por parte de Job

3Entonces Job respondió al Señor diciendo:
4—He hablado con ligereza, ¿qué podría replicar?
Me taparé la boca con la mano.
5He hablado una vez y no responderé de nuevo,
dos veces y no añadiré más.

SEGUNDO DISCURSO DEL SEÑOR

6Pero el Señor respondió a Job desde el torbellino diciendo:
7—Cíñete la cintura como un hombre,
Yo te preguntaré y tú me instruirás.
8¿Es que vas a anular mi derecho?
¿Vas a condenarme para quedar tú justificado?
9¿Tienes tú un brazo como el de Dios?
¿Puedes tronar con una voz como la suya?
10Rodéate de esplendor y de grandeza,
vístete de gloria y majestad.
11Derrama la explosión de tu cólera,
mira al arrogante y humíllalo;
12mira al soberbio y derríbalo,
y aplasta a los malvados en su sitio;
13húndelos juntos en el polvo,
enciérralos en la caverna.
14Entonces Yo también te alabaré
porque tu diestra te ha dado la victoria.

La fuerza de Behemot

15Mira a Behemot, al que he creado como a ti.
Se alimenta de hierba como un buey.
16Mira, su fuerza está en sus lomos,
el vigor, en los músculos de su vientre;
17alza la cola como un cedro,
con los nervios de sus músculos bien entrelazados;
18sus huesos son como tubos de bronce,
sus costillas como barras de hierro.
19Es la primera de las obras de Dios;
su Hacedor le proporcionó la espada,
20y los montes le ofrecen su tributo
con los animales salvajes que ahí retozan.
21Bajo lotos silvestres se recuesta,
en escondrijos de cañas y marismas;
22los lotos le recubren con su sombra,
le rodean los sauces del torrente;
23si le embiste una riada, no se inquieta,
está impasible aunque las olas le lleguen a la boca.
24¿Quién podrá sujetarlo por los ojos,
o taladrar su nariz con un arpón?

La ferocidad del Leviatán

25¿Puedes pescar al Leviatán con el anzuelo
y sujetar su lengua con cordel?
26¿Puedes pasar por su nariz un junco,
y taladrar sus fauces con un gancho?
27¿Se dirigirá a ti con insistentes súplicas,
o te hablará palabras tiernas?
28¿Entablará un pacto contigo?
¿Lo tomarás como esclavo para siempre?
29¿Jugarás con él como con un pájaro,
y lo atarás para dárselo a tus niñas?
30¿Lo subastarán los compañeros de pesca,
se lo repartirán los mercaderes?
31¿Acribillarás con dardos su piel,
o su cabeza con un arpón?
32Pon tu mano sobre él,
y, al recordar la pelea, no lo repetirás.
41Jb1Su esperanza es engañosa,
con sólo verlo, queda uno destrozado.
2Nadie es tan audaz que vaya a despertarlo.
¿Quién puede resistirse ante él?
3¿Quién le atacó y quedó a salvo?
¿Quién bajo los cielos?
4No ocultaré cómo son sus miembros,
hablaré de su vigor inigualable.
5¿Quién ha abierto la piel que reviste su vientre?
¿Quién ha perforado su doble coraza?
6Las puertas de su boca, ¿quién ha podido abrirlas?
En torno a sus dientes reina el terror.
7Su dorso es como hileras de escudos
trabados y sellados;
8tan unidos uno con otro,
que ni el aire pasa entre ellos;
9están pegados entre sí,
tan compactos, que no se pueden separar.
10Su estornudo irradia luz,
sus ojos, como los párpados de la aurora.
11De su boca brotan llamaradas,
chispas de fuego se escapan;
12de sus fauces salen humaredas
como de un caldero atizado que hierve;
13su aliento enciende carbones,
su boca lanza centellas.
14En su cuello reside su fuerza,
ante él aumenta el terror.
15Lo más blando de su carne es compacto,
firmemente endurecido e inmóvil.
16Su corazón es duro como piedra,
duro como piedra de molino.
17Cuando se yergue, se amedrentan los valientes,
retroceden por terror a ser heridos.
18Si alcanza a uno, de nada le sirve la espada
ni la lanza, ni el dardo ni la flecha;
19para él el hierro es como paja,
y el bronce como madera carcomida.
20No le hace huir el disparo del arco,
pajas le resultan las piedras de la honda;
21como estopa le parece la maza que le arrojan
y se burla del silbido de los dardos.
22Las escamas afiladas de su vientre
son un trillo que deja su marca en el lodo.
23Hace hervir el abismo como una caldera,
pone el mar como olla de perfumes.
24Tras de sí produce una estela luminosa,
y el abismo aparece encanecido.
25No hay otro igual sobre la tierra,
creado para no tener a nadie miedo.
26A los más arrogantes planta cara,
es el rey de los animales más feroces.

RESPUESTA ÚLTIMA DE JOB

Aceptación del designio divino

42Jb1Job respondió al Señor diciendo:

2—Comprendo que lo puedes todo,
que ningún proyecto te resulta inalcanzable.
3«¿Quién es éste que sin sentido empaña
mis designios?».
Cierto, he querido explicar sin comprender
las maravillas que me superan y que ignoro.
4«Escúchame, pues, que voy a hablarte,
Yo te preguntaré y tú me instruirás».
5Sólo de oídas sabía de ti,
pero ahora te han visto mis ojos.
6Por eso me arrepiento,
y hago penitencia sobre el polvo y la ceniza.

Dios reprende a Elifaz y sus amigos

7Después de haber dirigido el Señor estas palabras a Job, dijo a Elifaz, el temanita:

—Mi cólera se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no han hablado con rectitud como mi siervo Job. 8Ahora, pues, tomen siete becerros y siete carneros, acérquense a mi siervo Job y ofrézcanlos en holocausto por ustedes. Mi siervo Job intercederá por ustedes, y en atención a él no castigaré su necedad, porque no han hablado con rectitud, como mi siervo Job.

9Fueron, pues, Elifaz, el temanita, Bildad, el suajita, y Sofar, el naamatita, e hicieron lo que el Señor les había ordenado. Y el Señor atendió a Job.

Dios bendice a Job

10El Señor cambió la suerte de Job por haber intercedido por sus amigos, y le duplicó todos los bienes que antes poseía. 11Vinieron todos sus hermanos y hermanas, y todos sus conocidos de antes, comieron con él en su casa, le tuvieron compasión y le consolaron por el mal que el Señor había descargado sobre él. Cada uno le entregó una moneda de plata y un anillo de oro.

12El Señor bendijo la nueva condición de Job más que la primera, y llegó a poseer catorce mil ovejas y seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. 13Tuvo siete hijos y tres hijas. 14A la primera le puso el nombre de Yamimá, a la segunda el de Casiá, y a la tercera Queren–Hafuc. 15No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les dio parte en la herencia, como a sus hermanos.

16Después de todo esto, Job vivió ciento cuarenta años y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación. 17Y Job murió anciano y colmado de días.