COMENTARIO
Esta afirmación frecuente en los oráculos proféticos de salvación (cfr Is 40,2; 48,10) es poco común en los libros sapienciales, que se limitan a ver el dolor como castigo por algún pecado. Aquí parece insinuarse el valor positivo del sufrimiento para quien lo sufre. En el Nuevo Testamento se afirmará con claridad: «En la Cruz de Cristo no sólo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido (…). Cada uno está llamado a participar en este sufrimiento [de Cristo] por medio del cual todo sufrimiento humano ha sido también redimido» (S. Juan Pablo II, Salvifici doloris, nn. 4 y 19).