COMENTARIO
Esta parte del discurso es un himno en el que se exalta cómo gobierna Dios los fenómenos atmosféricos. En los primeros versículos (vv. 26-31) se contempla el prodigio de la lluvia, que unas veces cae mansamente y otras en chaparrones torrenciales. «Con todo esto Dios gobierna a los pueblos» (v. 31). Fray Luis de León, en sintonía con este espíritu contemplativo, comenta: «Porque vemos cómo Dios suspende unas veces la lluvia y otras en gran copia las envía, y no sabemos la razón que le mueve ni a lo uno ni a lo otro; y cómo cubre a tiempos con nubes el cielo y a tiempos lo descubre puro y sereno, y no sabemos la causa de la serenidad ni del nublado; y cómo truena unas veces y lanza rayos, y no sabemos por qué; ansí los días y la vida del hombre los gobierna Dios con diferentes sucesos, unos prósperos, otros adversos, unos claros, otros turbios y tristes, y algunos mortales y de postrera calamidad. Y no hay que pedirle cuenta ni alcançar lo que hace, como en lo demás no se alcança» (Expositio libri Iob 36,36).