COMENTARIO

 Jb 37,14-24 

Job había terminado sus discursos pidiendo la intervención de Dios y su veredicto favorable (cfr 31,35), pero Elihú considera inaceptable esa actitud y vuelve a hacerle dos recomendaciones: contemplar y admirar las maravillas de Dios (v. 14), y orientar toda su vida en el temor de Dios (v. 24). Muchas de las consideraciones que aquí se hacen coinciden con las del discurso del Señor (cfr 38,5-11), pero el tono agrio y recriminatorio las vacía de eficacia. Santo Tomás señala con acierto que Elihú habló correctamente en sus discursos, pero estaba equivocado «en la persona de Job, porque pensaba que su desgracia era castigo por algún pecado oculto, y que la inocencia que parecía tener era simulada» (Expositio super Iob 37,24).

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