COMENTARIO

 Jb 38,4-15 

La descripción de la tierra (vv. 4-7), del mar (vv. 8-11) y de la luz (vv. 12-15) contiene rasgos simbólicos de gran expresividad. La tierra, por ejemplo, es pintada como un grandioso edificio que causa asombro a los seres celestiales. Con razón San Gregorio Magno aplica esta descripción a la Iglesia, querida por Dios, edificada sobre el fundamento de los Apóstoles y apoyada en la piedra angular que es Cristo; la tierra y la Iglesia son el asombro de los ángeles (cfr Moralia in Iob 6,28,5-7,14-35).

El océano, que se muestra bravío en alta mar, se amansa en la orilla (vv. 8-11), como un bebé inquieto que se calma al sentirse vestido y arropado. «Las puertas de la Santa Iglesia, explica San Gregorio Magno en sentido místico, podrán ser combatidas por las olas de la persecución, pero nunca podrán ser quebrantadas; la ola de la persecución podrá moverlas por fuera, pero nunca puede penetrar lo de dentro de su corazón» (Moralia in Iob 6,28,18,38).

La luz del amanecer disipa las tinieblas (vv. 12-13), que son las aliadas de los delincuentes, como había confesado antes Job (cfr 24,13-17): «Los malhechores aman la noche, y encógense y desaparecen luego que el día amanece. Y por eso añade: Y sacudiste della los malvados, esto es, hiciste que se escondiesen huyendo, quitándoles con la luz del día el manto que los cubre de noche» (Fray Luis de León, Expositio libri Iob 38,13).

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