COMENTARIO

 Jb 40,6-14 

Con ironía que raya en el absurdo, el Señor invita a Job a ponerse en su lugar (vv. 10-13) y a aplicar la justicia vindicativa que propugna: humillaría, derribaría y aplastaría a los que considera malvados. Al final, el mismo Señor le alabaría reconociendo su victoria (v. 14), pero habrían desaparecido todos los seres de la creación. La enseñanza es grandiosa: a Dios no le alabamos porque su forma de hacer justicia se acomode a la nuestra, sino por su sabiduría, por su magnanimidad. Así, en el Evangelio se dice que hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores (cfr Mt 5,45). Dios es el hacedor, y no se dedica a destruir sino a conservar incluso a los seres como Behemot y Leviatán, que pueden parecer dañinos y terribles a los ojos de los humanos, pero que embellecen la creación y reflejan la fuerza del poder de Dios. Así, el sufrimiento del hombre entra también en los planes divinos sobre el hombre en la creación, aunque éste no entienda cómo. Ha de aceptarlo porque en último término también viene de Dios.

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