COMENTARIO
Behemot, como Leviatán, descrito más adelante, es imagen de un animal monstruoso que causa pavor al hombre por su tamaño, su fuerza y su voracidad. Etimológicamente es el plural de una palabra que designa al ganado de casa, pero es evidente que el parecido con los animales domésticos es nulo. Santo Tomás, siguiendo la interpretación de los antiguos, lo identificó con un elefante y explicó, al hilo del texto bíblico, sus cualidades. Los comentaristas más modernos prefieren ver en la base de la descripción al hipopótamo, pero descrito con trazos hiperbólicos hasta presentarlo como un ser fantástico. En todo caso el autor sagrado esta pensando en una fiera que habita en tierra, frente al Leviatán que habita en el mar.
Los rasgos intencionalmente exagerados ponen de manifiesto la grandeza extraordinaria del Señor, porque Behemot es también una criatura (v. 15) y todas sus perfecciones se deben a su Hacedor (v. 19). En sentido alegórico Behemot ha sido visto como figura del demonio: «Ahora, comenta Santo Tomás, se dedica a describir la malicia del diablo (…) y lo hace bajo la figura de animales extraordinarios y monstruosos. Entre los animales terrestres sobresale el elefante por su tamaño y por su fuerza, y por eso el Señor describe al diablo bajo la figura del elefante» (Expositio super Iob 40,15).