COMENTARIO

 Jb 40,25-41,26 

Leviatán designa, según los antiguos, a un monstruo marino, una especie de serpiente o dragón (cfr nota a 3,8): «Después de que el Señor ha descrito al diablo en la figura del elefante, que es el mayor de los animales terrestres, ahora lo describe bajo la figura del Leviatán, es decir, del cetáceo, que es el mayor de los animales del mar (…). San Isidoro explica que este animal es una ballena porque lanza el agua a mayor altura que cualquier otro animal» (S. Tomás de Aquino, Expositio super Iob 40,25). Los comentaristas modernos suelen ver en esta descripción al cocodrilo, sin olvidar que en otros lugares de la Biblia el Leviatán personifica al monstruo primordial que se opone a los planes de Dios (3,8; Sal 74,14; 104,26; Is 27,1).

La primera sección (40,25-32) pone de manifiesto mediante preguntas retóricas que es una criatura indómita que escapa al saber y al poder humano; la segunda (41,1-26) es una descripción pormenorizada del animal. Ambas consideraciones están orientadas a señalar que existen criaturas fuertes, poderosas y hasta dañinas para el hombre, pero que no por eso van a ser aniquiladas puesto que cumplen su función en la armonía de la creación.

Volver a Jb 40,25-41,26