COMENTARIO
El epílogo en prosa supone una rehabilitación extraordinaria de Job, como sabio por haber hablado certeramente y como persona por haber dialogado con sus oponentes y estar dispuesto a interceder por ellos. Es casi seguro que el pasaje pertenecía al relato originario junto al prólogo, puesto que ambos están muy relacionados y contienen rasgos literarios similares. Algunos comentaristas han pensado que este final feliz no encaja bien con la doctrina del libro porque parece confirmar que a los buenos les va bien, y a los malos mal. Pero no es del todo así. En este epílogo resplandece la misericordia de Dios que, como juez supremo, tiene en proyecto la salvación de todos; la de algunos por medio de su dolor, como en el caso de Job.
Hay detalles que ayudan a comprender el objetivo de este final del relato: Satán ya no es mencionado, quizá porque su presencia era irrelevante en la cuestión que el libro plantea. Elifaz y sus amigos, que pensaban haber hablado en favor del Señor, han de reconocer su error, ya que no «hablaron con rectitud» (vv. 7-8) y han de convertirse al Señor, pues sólo en el encuentro con Dios está la verdad. Job, finalmente, es compadecido y reconocido por parte de sus familiares y amigos (vv. 10-11), y bendecido por Dios con abundancia de hijos, de riquezas y de días de vida (vv. 12-17). En consecuencia Dios no se supedita al pensamiento y a la lógica de los hombres, sino son éstos quienes han de admirar a Dios y ponerse en sus manos.