COMENTARIO

 Jb 42,12-17 

La bendición divina lleva consigo abundancia de hijos y de riqueza. Es relevante el realce que se da a las hijas: participarán en la misma herencia que sus hermanos, son las más bellas del país y reciben nombres que así lo subrayan: «Yamimá», según la etimología árabe (Jamama) significa Paloma; «Casia» es nombre de árbol, seguramente Acacia, muy apreciado en aquella región por su belleza; y «Queren-Hafuc» o «Cuerno de Antimonio» designaba un recipiente de perfumes de extraordinario valor.

Los Santos Padres que, como hemos venido indicando, muestran cómo Job prefigura a Jesús, aplican también a él la restauración final de Job: «Job recobró la salud y la fortuna. También el Señor, al resucitar, otorgó a los que creen en Él no sólo la salud, sino la inmortalidad, y recobró el dominio de toda la naturaleza, como Él mismo atestigua cuando dice: Todo me lo ha dado mi Padre. Job engendró nuevos hijos en sustitución de los anteriores. También el Señor engendró a los santos apóstoles como hijos suyos, después de los profetas. Job, lleno de felicidad, descansó por fin en paz. Y el Señor permanece bendito para siempre, antes del tiempo y en el tiempo, y por los siglos de los siglos» (S. Zenón de Verona, Tractatus 1,15).

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