COMENTARIO
En Sal 2 los reyes de la tierra se alzaban contra el Señor y su Ungido (cfr Sal 2,2s.); en éste son los enemigos del salmista los que se alzan contra él. Aunque Dios habita en los cielos (cfr Sal 2,4), escucha desde el Templo la plegaria que se le dirige.
Sal 3 es una súplica personal al Señor estructurada en cuatro estrofas: el salmista, perseguido, presenta primero su situación a Dios (vv. 2-3), y después expresa su confianza en Él (v. 4); continúa con la confesión de la seguridad y paz que produce tal confianza (vv. 5-7) y, finalmente, pide la intervención divina y proclama su salvación (vv. 8-9).
El momento histórico que aparece en el título introductorio al salmo (cfr 2 S 15-19) no refleja su contenido. Se trata de una acomodación para resaltar una situación de peligro. Para el cristiano que reza este salmo, los enemigos no son otra cosa que la tentación y el pecado. Frente a ellos pide el auxilio divino.