COMENTARIO
En estrecha relación con el anterior, en el que se suplicaba a Dios que escuchase la petición del rey (cfr Sal 20,2-5.10), en este salmo se le dan gracias porque le ha escuchado y le ha dado la victoria y la gloria. El contexto originario de ambas composiciones está en las liturgias reales celebradas en el Templo antes del destierro.
Consta de dos secciones. En la primera, dirigida a Dios, se confiesa que la fuerza y el bienestar del rey le vienen de Él (vv. 2-7); en la segunda, dirigida al rey, se le anima a la destrucción de sus enemigos en nombre del Señor (vv. 9-13). Ambas secciones vienen separadas por la proclamación de la confianza del rey en el Señor (v. 8) y concluyen con una breve súplica y promesa de alabanza a Dios (v. 14).
El tenor de las expresiones de este salmo sobrepasa la realidad de los antiguos reyes de Israel y apunta a un rey ideal. Por eso fue considerado un salmo sobre el Mesías tanto en el judaísmo como en la Iglesia.