COMENTARIO

 Salmo 24 

Al final del salmo anterior venía expresado el deseo de «habitar en la casa del Señor» (cfr Sal 23,6); ahora se establece quién puede entrar en ella (cfr Sal 24,3). Enlaza estrechamente con el salmo 15 cerrando un ciclo en el que van apareciendo las figuras del levita (Sal 16), del rey (Sal 18; 20; 21) y del hombre injustamente perseguido (Sal 22). La proclamación del reinado de Dios sobre las naciones (cfr Sal 22,29) se amplía en Sal 24 a toda la tierra, exponiendo los motivos. La contemplación de Dios como pastor —rey— del individuo personal (cfr Sal 23,1) se complementa con la de Dios, «Rey de la Gloria» (Sal 24).

El poema proclama al comienzo quién es el Señor: el creador y dueño de toda la tierra (vv. 1-2); continúa con la instrucción acerca de las condiciones requeridas para acercarse a Él en el Templo (vv. 3-6), y termina con una doble profesión de fe en la presencia de Dios, Rey de la gloria, en el Templo (vv. 7-8; 9-10).

Al recitar este salmo, el cristiano no puede dejar de pensar en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (cfr Mc 11,1-11). La Iglesia en la liturgia lo ha aplicado a los fieles que han entrado en la Jerusalén celestial y lo proclama en la fiesta de Todos los Santos.

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