COMENTARIO

 Sal 24,1-2 

Esta primera estrofa —recogiendo quizás palabras de un levita o empleado del Templo al ver acercarse a los peregrinos— se hace eco de Gn 1,1-10: Dios es el dueño de cuanto existe por ser Él el creador de todas las cosas (cfr Ex 9,29; Dt 10,14) y el que asentó la tierra sobre las aguas —según la antigua cosmogonía oriental (cfr Jb 38,4-6; Sal 104,5)—; pero, al mismo tiempo, Dios se hace accesible en el Templo. San Pablo apela a las primeras palabras de este salmo: «Del Señor es la tierra y cuanto hay en ella», para mostrar que no existen alimentos impuros como pensaban algunos cristianos influidos por la mentalidad judía (cfr 1 Co 10,25-26). Son palabras que expresan, en efecto, la bondad de todo lo creado.

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