COMENTARIO
La entrada de los fieles en el Templo recuerda la del Señor que llega al Templo para encontrarse con el hombre (cfr Is 6,1-6). Se le aclama litúrgicamente recordando el traslado del Arca a Jerusalén (cfr 2 S 6) y al Templo (cfr 1 R 8). Ahora quien llega es el Señor que habita en los cielos (cfr Sal 2,4; 11,4). Las puertas son demasiado bajas y estrechas para su paso, y, poéticamente, se les invita a elevarse (vv. 7.9). Al pasar por ellas el Señor, adquieren el rasgo de eternas como eterno es Dios. Son símbolo de poder y de dominio. A coro se confiesa que el Señor que entra es el que ha otorgado las victorias a Israel, quizá haciendo referencia a la salida de Egipto y a la conquista de la tierra (cfr Ex 15,1-18; 2 S 5,6-10).